Los correos del público

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Las golosinas del alma

“Golosinas” es el nombre del poema que escribió el brasileño Mario Andrade, en el que expresa que al contar sus años descubre que tiene menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que ha vivido hasta ahora. Las primeras las comió con avidez, pero cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas despacio, profundamente. Al reflexionar sobre el tiempo de vida que se ha hecho menos, Andrade busca la esencia de la vida porque su alma tiene prisa. Sin muchas golosinas ya en el paquete, quiere vivir al lado de gente humana, que sepa reír de sus errores, que no se envanezca con sus triunfos, que no huya de sus responsabilidades, y que defienda la dignidad humana. Gente que desee andar del lado de la verdad y la honradez. Para Mario Andrade lo esencial es aquello que hace que la vida valga la pena. Andrade tiene prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar. No tiene tiempo para reuniones interminables. Quiere la esencia, su alma tiene prisa, el tiempo es escaso, no desperdiciará parte alguna de las golosinas que le quedan. Está seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora ha comido. Termina diciendo: “Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás…” Agrega: “Vivamos intensamente hoy, mañana es un tiempo que existe en nuestros sueños”. ¿Cómo cuidar del alma cuando cada día afrontamos o presenciamos situaciones o desgracias que atentan contra nuestra paz interior? Cada vez hay más señales en el planeta sobre la importancia y la responsabilidad de estar despiertos y cultivar nuestro espíritu. Es cierto, en los últimos tiempos el desprecio por la vida se ha acentuado. Los humanos hemos olvidado cuidar del alma y perdido la cabeza.

El cuidado del espíritu requiere una dedicación periódica de tiempo; es necesario trabajar para renovarnos y revisar nuestro compromiso con las verdades que nos inspiran. Robar ese tiempo al ajetreo de la vida es importante. Recordar que las más grandes batallas de nuestro ser se libran cada día en el silencio del alma, y sólo si ganamos esas batallas, si resolvemos bien esos conflictos, obtendremos la paz. Caminaremos plácidamente entre el ruido y la prisa pensando en la paz que se puede encontrar en el silencio. Cuentan que un discípulo confió a su maestro el no poder encontrar la paz interior. El maestro le dice: “Ve al cementerio, siéntate en medio de las tumbas y pasa la mañana elevando toda suerte de elogios a los muertos”. El discípulo sigue las instrucciones y al regresar el maestro le dice: “Ahora pasarás la tarde pronunciando insultos e injurias a los muertos”. Cumpliendo la orden del maestro, regresa y comenta: “Maestro, durante la mañana he ensalzado las virtudes de los muertos con toda clase de elogios, pero por la tarde he ofendido gravemente a esos mismos muertos con grandes insultos. ¿Puedes decirme ahora el objetivo de tus mandatos?” El maestro respondió: “¿Qué te contestaron los muertos? ¿Se mostraron satisfechos y se vanagloriaron con tus alabanzas? ¿Se volvieron indignados y coléricos con tus insultos?” El discípulo contesta: “Pero maestro, eso no es posible. ¿Cómo van a reaccionar si están muertos?” El maestro responde: “Pues eso es exactamente lo que has de esperar de ti mismo: la ausencia de reacciones, tanto ante las ofensas como ante las alabanzas. Tu paz interior la tienes ahora en manos de los demás o en poder de los acontecimientos que te rodean. Ve y rompe esas cadenas, recupera tu libertad y entonces encontrarás la paz”.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui