Los correos del público

Los correos del público

Negligencia

El 18 de abril, un bull terrier me mordió la pierna, la hemorragia no se hizo esperar. Me llevaron a la Cruz Verde de Santa Lucía, en Zapopan, y allí una muchacha me suturó, el médico, moreno y robusto, ni siquiera se asomó. Me enviaron a la casa sin receta y aún con hemorragia, disminuida pero presente. Me dormí, al siguiente día me sorprendió una gran mancha en la cama, el vendaje empapado y escurrimiento continuo de sangre. De nuevo voy a la Cruz Verde. El recepcionista pregunta que para considerarla urgencia que le informe cuántos litros de sangre había perdido. Al ver el escurrimiento de sangre que manchaba el piso, me pasan. Me quitan las puntadas, pierdo más sangre, el traumatólogo se asomó, pero no intervino, dejó que jóvenes se entrenaran. Con la herida abierta, me ponen vendaje apretado y me envían a urgencias del Hospital Zoquipan, dicen que me tienen que operar porque la vena rota está muy profunda. Llego a Zoquipan y me dicen que es un error que me mandaran con la herida abierta, no fue necesaria una operación. Después de más de 12 horas, me pararon la hemorragia. Hace un año sufrí un caso similar en Santa Lucía, me dieron de alta con una herida infectada, que después requirió tratamiento cada tercer día. Cuántos casos como el mío y nadie dice nada. No existe monitoreo sobre la calidad en el servicio. ¿Es este el derecho a la salud que tenemos las personas de escasos recursos?

Isidro Macías Franco

 

Democracia

Sin argumentación no hay democracia, o mejor dicho, sin un adecuado nivel de razonabilidad, el ámbito deliberativo de nuestras formas de gobierno es inexistente. La razón por la cual es tan difícil consolidar nuestra democracia constitucional es porque depende del nivel de discurso para poder llegar a consensos en las esferas públicas. En tanto éste sea bajo o mediocre, la población se desespera y deja de creer en la democracia. El mayor reto consiste en que necesitamos subir el nivel de calidad discursiva en el quehacer público cotidiano. Nos hemos contentado con un nivel de exigencia bastante bajo. Nuestra Constitución y sobre todo, nuestra jurisprudencia, se han encargado que la labor legislativa se reduzca a cartas de buenas intenciones y del supuesto “sentir popular” para que se pueda proponer casi cualquier cosa.

Sin embargo, esto nos hace bastante daño, ya que el deber constitucional de fundamentar y motivar van más allá de enunciar los artículos jurídicos y algunos datos. Implica abrir un debate público adecuado en donde se puedan responder de manera pertinente a las necesidades y problemas de la sociedad. En esta misma sintonía se puede hablar de políticas públicas, en donde no vemos que exista una labor de investigación, o un debate en donde se abra a la ciudadanía a participar de manera adecuada.

Necesitamos dar el paso de contar con una política fragmentada, para buscar en la razonabilidad la herramienta para consolidar una democracia de resultados. Requerimos ver nuevamente en el sentido común, y por ende en nuestro filosofar las maneras para pensar creativamente para poder lograr los consensos que la irracionalidad, en gran parte producto del sensacionalismo y la modernidad líquida, nos ha privado. Pero sobre todo, si existe una razón moral para apelar a una razón fuerte, es para mantener una forma de gobierno que nos permite anhelar una vida digna en libertad, que de perderla, se traduciría en negarnos como seres racionales.

Germán Cardona Müller