Los correos del público

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Cultura del descarte

¿Cómo reciclar lo que sobra a los países ricos? “No nos podemos dar el lujo de despreciar lo que sobra. Con el alimento que se tira se puede dar de comer a toda la gente hambrienta del mundo”, dijo el Papa Francisco a la Federación de Cartoneros y Recicladores. Las fotografías muestran a niños y a mujeres famélicas en diversas partes del mundo. “Creo que estamos en un sistema mundial económico que no es bueno. En el centro de todo sistema debe estar el hombre y la mujer, y todo lo demás debe estar al servicio de ellos. Pero hemos puesto el dinero en el centro, al dios dinero. Hemos caído en un pecado de idolatría, la idolatría del dinero.” Esta práctica descarta la vida misma: los pobres, los inmigrantes, las personas vulnerables, los que no tienen voz. Está probado que con la comida que sobra podríamos alimentar a toda la gente que tiene hambre. ¿Qué significa la cultura del descarte? Cientos, o tal vez miles de botellas de plástico dejadas en las playas, los parques, las calles, basureros repletos de toneladas de comida contaminan el medioambiente. El Papa Francisco critica este proceder. “Nuestra sociedad es extremadamente consumista y tiene como prioridad la maximización de las ganancias. Nuestra madre tierra, que nos nutre y sostiene, está siendo objeto de la lógica del desecho: la Tierra, nuestro hogar, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería. La preocupación es que el aire que respiramos, el agua que bebemos, el suelo donde cultivamos nuestra comida se está contaminando”. Denuncia los niveles que alcanza la exclusión social: “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no’ a una economía de exclusión e inequidad. Esa economía mata. No es noticia que muere de frío un anciano en situación de calle, y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad: el juego de la competitividad y la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al débil. Grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. El ser humano como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Descartar: no sólo la explotación y la opresión, sino algo nuevo, la exclusión de la sociedad en la que se vive, ya no abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera, excluido, ‘sobrante’”. La economía se mueve por el afán de tener más. Se descarta a los jóvenes cuando se limita la natalidad, y a los ancianos porque ya no sirven. Al descartar a los chicos y a los ancianos se descarta el futuro de un pueblo porque los chicos tiran hacia adelante, y los ancianos poseen sabiduría. La referencia del Papa a una cultura del descarte no solo pone de manifiesto la deshumanización que trae consigo, sino que pone sobre el tapete los estilos de vida que se nos proponen como modelos.

La basura que nuestro mundo recoge y oculta, siempre la transporta a otro lugar donde no se vea con la esperanza de que desaparezca. La producción de desechos es un mecanismo esencial de las sociedades modernas, generadoras de residuos que se amontonan en los márgenes de las ciudades. La basura se compone, también, de personas. Un político francés afirmó en un mitin electoral que “el problema del crecimiento incontrolado de la población en los países pobres podría ser resuelto rápidamente por el ‘Sr. Ébola’, solucionando de paso los problemas de Europa con la inmigración ilegal desde África”. La cultura del descarte 100% aplicada.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui