Los correos del público

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Alocución

"La religión es el suspiro de la criatura abrumada por la desdicha, el alma de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una época sin espíritu. Es el opio del pueblo", según Karl Marx, empero, Simone Weil replicó: "El marxismo es una religión, en el más impuro sentido de las palabras. Tiene en común con todas formas inferiores de la vida religiosa el hecho de haber sido continuamente utilizado, según expresión tan justa de Marx, como un opio del pueblo". Ambos epígrafes pueden leerse en el libro de Raymond Aron, El opio de los intelectuales que apareció en París en 1955 cuando la izquierda francesa no osaba deslindarse de Stalin a pesar de que a sottovoce se sabía de la existencia del Gulag. El Papa Francisco, en su alocución en la Catedral de México, refiriéndose a los fundamentalismos, nos recordó que estas formas "inferiores de vida religiosa" que se sustraen a las refutaciones lógicas escapan al orden de la verdad. Escapan a la verdad y a los hombres de las iglesias que representan, como fue el caso de Pio IX que en el Concilio Vaticano I en 1870 cuando se proclamó la Infalibilidad del Papa. Dijo Francisco que el Episcopado Mexicano tiene una forma inferior de vida religiosa ya que se han olvidado de la tradición mariana que es una tradición salvífica en favor de los indios y pobres de México. Previamente, frente al Presidente Peña Nieto y toda la clase política, católica o no, recordó lo que había dicho en el Vaticano: México libra hoy sus "pequeñas guerras" que en síntesis se concretan en desigualdades, corrupción e impunidades.

En 1794 fray Servando Teresa de Mier, nos dice David A. Brading en Mito y profecía en la historia de México, "predicó en la gran basílica del Tepeyac el sermón anual en honor de Nuestra Señora de Guadalupe". Empezó diciendo: ¿No es éste el pueblo escogido, la nación privilegiada y la tierna prole de María, señalada en todo el mundo con la insignia gloriosa de su especial protección? Pero después, fray Servando, a resultas del descubrimiento de la Piedra del Sol en la Plaza Mayor dijo que la imagen de la Virgen María había sido impresa milagrosamente en la capa por el apóstol santo Tomás, que había predicado el Evangelio en el Nuevo Mundo en la figura de Quetzalcóatl. A los dignatarios de la Iglesia y el Estado reunidos para escuchar un sermón en honor de la patrona de la Nueva España no les hizo gracia esa extraña amalgama de fantasía devota y fervor patriótico. Fray Servando fue sentenciado inmediatamente al exilio y confinamiento conventual en España.

Y así como el sincretismo de Tonantzin-Guadalupe hizo posible la primera manifestación de nuestra identidad en la morenita del Tepeyac, el Papa Francisco viene a poner al día el nuevo Evangelio inspirado en la teología de la liberación que el obispo de Chiapas, Samuel Ruiz, quiso para su grey.
Emilio Pérez Ramos

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