Los correos del público

Los correos del público

Competencia

Los clientes de la empresa Uber que usan la tecnología para cómodamente tomar un taxi lujoso y limpio que además reciben buen trato, cobro justo y pueden pagar con tarjeta seguramente se sentirán fascinados con este servicio y lo defienden a muerte, el problema es que solo ven su conveniencia.

También hay que ver el otro lado, los taxistas tradicionales tuvieron que pagar alrededor de 600 mil pesos por el permiso y las placas de un taxi para poder laborar tienen que pagar una mutualidad, pagan impuestos y están limitados a ciertas zonas, ellos no tienen la culpa, esos han sido los usos y costumbres por decenas de años.

La empresa Uber viene siendo algo así como un caso de dumping pero trasladado a los taxis, ya que importaron un modelo de negocio donde se ahorra los costos que las empresas locales, en este caso los taxis, sí tienen que pagar, creando una competencia desleal e injusta.

Creo que la solución es llegar a un término medio, creando una etapa de transición donde al principio el gobierno protege a los taxistas tradicionales, cobrando impuestos especiales  y limitando a las empresas tecnológicas para emparejar la cancha, pero solo por el tiempo necesario  para que los taxis tradicionales se adapten al nuevo esquema de negocios, que hagan su app, que modernicen sus autos y equipos, entonces sí liberar el mercado, haciendo que la competencia sea justa.

Guillermo Jiménez López

 

En defensa de la vida y la familia

Que corta se quedó la reseña de MILENIO de la marcha en la cual miles de jaliscienses (37 mil según algunos, 60 mil o más según otros) salimos libremente a la calle a defender los legítimos derechos de las familias y de los niños. Aclaro que escribo a título personal, porque no represento en modo alguno a los organizadores de la marcha, ya que no formo parte de ellos.

Dice Arturo Ramírez Gallo que la postura fue contra los derechos de los homosexuales. ¿A cuáles derechos se refiere? Porque nadie les niega –quien lo hiciera estaría mal de la cabeza- los derechos fundamentales que tenemos todos como personas: a la vida, al trabajo, a la educación, etc. Más aún: nadie les niega el derecho a vivir en pareja, a asumir responsabilidades y compromisos legales uno con el otro –o una con la otra- o a que a la pareja se le dé seguridad social, por ejemplo.

Lo que les niega –la naturaleza, no los demás- es la facultad de procrear como pareja. No se trata de un problema de defecto físico: es que por biología y anatomía nunca una relación sexual entre dos hombres o entre dos mujeres podrá ser fecunda. Nunca.

La homosexualidad es una libre elección: no es una situación genética ni algo que caiga del cielo. Si una persona adulta decide ser homosexual, adelante. Pero que acepte las consecuencias de su decisión, entre ellas la de no producir vida.

Y en cuanto a adoptar niños, tampoco es su derecho, porque no es aceptable que quieran promover su conducta entre personas –niñas y niños- que por su edad no están en capacidad de decidir aún sobre el estilo de vida que habrán de seguir cuando sean adultos. No vamos a ceder en la defensa de los derechos de la familia natural y de la niñez.

Ana Rosa Ramírez Espinoza