Los correos del público

Los correos del público

Estrategia

Luego de la enésima masacre, surgen voces que señalan la necesidad de modificar la estrategia implantada en Michoacán, lo que es una necedad, porque el resultado era previsible por la estrategia que el gobierno federal impuso en las estribaciones del territorio de Tata Vasco; que por lo demás es tan antigua como la lucha por el poder.

De eso se trataba cuando se uniformó y legalizó a conspicuos miembros y tropa de Los Templarios, Familia Michoacana, Viagras, Nuevas Generaciones, Golfos, etc., ahora sólo los ciegos y los necios se negarán a ver la funesta realidad. Estos fueron habilitados para realizar el trabajo sucio, esto es, neutralizar y eliminar a los ciudadanos honrados que hartos de la inseguridad decidieron trocar azadones por fusiles, para proteger su vida, patrimonio y familia.

Y el drama de lo acontecido en La Ruana queda a la perfección en el script gubernamental de los  rurales: un conflicto personal entre Hipólito y El Americano. De inmediato vino a mi mente la versión de José Guadalupe de Anda sobre la Cristiada: no fue una lanzada del clero para preservar fueros, privilegios y riquezas, sino broncudos rancheros que se dividieron entre legiones de Cristo Rey y apostatas, que pusieron fin a acaloradas disputas ideológicas desenfundando pavorosas pistolas, y así inició la Cristiada. Las marionetas convertidas en culpables, y los instigadores y beneficiaros en árbitros y benefactores.

El precio que ha pagado Hipólito Mora con cárcel y el asesinato de su hijo, y el injusto encarcelamiento de Manuel Mireles, es lo que les espera a los que confíen en el gobierno, por la simple razón de que el gobierno defiende sus intereses –que son contrarios a los del pueblo llano- y los de los grupos afines y aliados, y entre éstos se cuentan las bandas del crimen organizado, con las que comparte valores, beneficios, intereses y estrategias. Porque el mimetismo entre ambos ha borrado la difusa línea entre unos y otros criminales; la única diferencia entre ambos es que los gobernantes gozan de fuero e inmunidad, y los criminales los adquieren de ellos.

Gustavo Monterrubio Alfaro

 

¿Queremos cambiar?

Hablar de cambio es hablar del anhelo más profundo de todo mexicano. Erradicar actitudes nocivas, malos hábitos, vicios, ideologías reductivas, y abrir nuestra mente para reorganizar profunda e inteligentemente la educación, los centros de trabajo, las costumbres, las creencias.

No se trata de violencia, agresividad, plantones, pancartas. El nacimiento de una nueva cultura se da con la progresiva ampliación de la consciencia de un pueblo cuyo objetivo es crear las condiciones para asegurar la justicia social.  Se requiere en el sistema de pensamiento una revolución pacífica, tenaz, comprometida, esperanzada, que germine en los hogares, las aulas, las organizaciones, las instituciones.

La crisis mundial se agrava, el desequilibrio social es enorme: millones de pobres tanto en países ricos como en vías de desarrollo sufren las condiciones de una economía enferma que busca solución. La ley suprema, reguladora de las relaciones entre empresa y trabajo, no considera dentro de la ecuación el bienestar de los obreros y el cuidado al medio ambiente; mientras riquezas exorbitantes se acumulan en manos de unos cuantos, las clases trabajadoras se encuentran en condiciones cada vez más inhumanas y además, perseguidas por la sombra del espectro del desempleo. Esto conduce a muchas familias a un proceso de desintegración que repercute en el rompimiento del tejido social.

Los sociólogos indican que no debe extrañarnos el hecho de las manifestaciones y la  violencia en las principales capitales del mundo: se rigen por la ley del más fuerte, y el capital tiene el poder. Esto provoca el espíritu de protesta y rebeldía; las teorías extremistas y terroristas se han propagado hasta el último rincón del planeta.

La libertad, o libre albedrío, es el regalo por excelencia de Dios al hombre; es lo que verdaderamente lo hace humano, pero es también la fuente de todo mal. La libertad le da el poder de escoger aquello que promueve la vida, pero también le permite optar por aquello que la destruye. ¿Por qué no se han respetado los límites? ¿Por qué tantos pobres en tierras ricas en leche y miel? ¿Por qué tantos depredadores? Miles se matan unos a otros en guerras interminables, cada vez más cruentas y horrorosas y aún lo hacen en los períodos de paz relativa; un abuso constante de la propia vida y de la de los demás. ¿Cómo puede ser posible todo esto? Todo esto sí ha sido posible: los últimos acontecimientos lo demuestran.

Cuando una nación padece las consecuencias de errores acumulados en su administración y en su política sus habitantes ponen toda su esperanza en un cambio.  Pero un cambio exige gran coraje y determinación en aquellos que desean llevarlo a cabo y, aunque son muchas las personas que desean el cambio tanto en el mundo exterior como en su mundo interno, no están dispuestas a soportar los grandes sacrificios que deben precederlo.

Si observamos cómo efectúa la naturaleza el proceso de renovación, descubriremos que salir del camino errado exige energía, esfuerzo y penalidades. Los ríos en los climas muy fríos se congelan en invierno, y en la primavera el crujido del hielo que se derrite origina un estruendo de increíble intensidad.  Cuanto más extensa y prolongada sea la congelación, más estrepitoso será el deshielo.  Sin embargo, cuando terminan los crujidos en la época de rompimiento y violencia, el río se abre como dador y portador de vida. Es el momento de renovación, de vida nueva, de un nuevo comenzar.

La renovación requiere un cambio de actitud y de conducta de todo un pueblo: nuestro país no es pobre porque le falten riquezas naturales o cerebros, sino por la actitud de nosotros, los mexicanos. Cambiar de actitud no es cosa fácil. El cambio de un pueblo se inicia nutriendo la mente de sus habitantes con ideas, opiniones y datos que fomenten una estructura de pensamiento basada en la justicia social y el bien común.  Esta lluvia de ideas va penetrando lentamente hasta llegar a tocar las fibras más profundas del corazón humano.  Así nace la voluntad  de reconocer el propio valor y el valor de los demás; así es posible sostenerse en los propios pies junto a los otros. La visión mental de un futuro luminoso hace que nos sobrepongamos a los obstáculos de nuestra condición presente.

Se requiere una revolución pacífica, silenciosa, comprometida: una revolución en el sistema de pensamiento que se inicie en los hogares, en las aulas, organizaciones, instituciones.  Para llegar a ser una nación libre y productiva, México necesita un cambio planificado en todas sus estructuras, y eso sólo se puede lograr transformando conciencias y corazones.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui

 

Mail: acentos.gdl@milenio.com

Fax: 3668-3105

Tel: 3668-3100 ext.33121

Carta: Calzada del Águila 81-Z, Colonia Moderna CP 44190, Guadalajara, Jal.

Aquí las fotos: Envíe sus imágenes a internet.gdl@milenio.com