Los correos del público

Los correos del público

La violencia no es solución

Es verdad que los ciudadanos estamos hartos de nuestra clase política, cada día estamos peor, trabajamos más y alcanza para menos, nos aumentan los impuestos y pagos de servicios. Por si fuera poco, somos víctimas de la delincuencia y nuestras autoridades se corrompen, se vuelven millonarios de la noche a la mañana, y lo que es peor, ni siquiera cumplen con su deber, ni sus promesas claro que a cualquiera se enfurece, protesta y a veces hasta dan ganas de armar la revolución. Sin embargo, ya pensando fríamente creo que la violencia nunca será una buena solución para resolver los problemas, pues genera más problemas que los que resuelve, ni el estado, ni los ciudadanos inconformes debemos caer en la trampa de entrar en una espiral de violencia, las protestas deben ser pacíficas pero constantes para presionar a nuestros gobernantes, pero la solución  debe venir de  manos del gobierno y la medida más importante debe ser la de comenzar una guerra contra la impunidad y la corrupción del estado.

Fabián Torres Hernández

 

Mujica y el estado fallido

Desde fuera, México da la sensación de ser un estado fallido que está carcomido por la corrupción, dijo el presidente uruguayo José Mujica, pues le tengo noticias al mandatario uruguayo también de cerca nuestro país parece un estado corrupto y fallido, pues nadie  toma decisiones, ni da solución a problemas gravísimos surgidos en los últimos meses, todos originados por una terrible corrupción e impunidad que empieza desde el mismo gobierno. Dicen que las comparaciones son odiosas, mientras Peña Nieto vive en la casa blanca de Las Lomas manchada de corrupción, gana millones al año y compra aviones, Mujica es un humanista reconocido mundialmente, íntegro, vive en una casa pequeña, maneja su propio “vocho” 1987 y regala su sueldo a la beneficencia, ojalá tuviéramos un presidente como Mujica en México.

Julio del Valle Guillén

 

¿No a las alianzas?

Hace unas semanas el líder moral del Partido Movimiento Ciudadano, Enrique Alfaro, se pronunció en contra de las alianzas electorales, dejando en claro que no irían con el PAN en los próximos comicios de 2015. Sin embargo, el 10 de noviembre se vio otra cosa en la boda del presidente municipal de Puerto Vallarta, Ramón Demetrio Guerrero, el Mochilas, donde ambos integrantes se les vieron departiendo el PAN juntos. Del Movimiento Ciudadano estaban los dirigentes nacional y estatal, Dante Delgado y Hugo Luna respectivamente, así como Enrique Alfaro, su colaborador Enrique Ibarra. Por el lado del PAN estaban el ex gobernador de Jalisco, Emilio González; el regidor de Zapopan, Pepe Toño de la Torre; el ex candidato a la presidencia municipal de Guadalajara, Jorge Salinas, y el cuestionado líder Eduardo (con este último Alfaro mantuvo sociedad en el caso de Ocean View). Cabe destacar la presencia del perredista ex jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, donde se le vio muy cercano a la plana del Partido Movimiento Ciudadano. Si bien, Alfaro dice que su partido no hará alianzas con nadie, su acercamiento con los panistas puede reflejar una alianza “por debajo de la mesa” con lo que estaría mintiéndoles a sus militantes y a la población al salir en público y decir no a las alianzas y en lo privado juntarse con líderes panistas y de otro partido para hacer pactos en los oscurito.  

Carlos Torres, del Observatorio Político

 

A 50 años

El crecimiento de los servicios de salud durante la época del “milagro mexicano”, propició que el número de trabajadores de la salud aumentara. La consecuencia fue el deterioro de las condiciones de trabajo de los médicos, los bajos salarios, raquíticas prestaciones, extenuantes jornadas de trabajo que fundamentalmente recaían en “médicos becarios” (residentes e internos) que no eran considerados como trabajadores.

En  el otoño de 1964, 206 médicos residentes e internos del Hospital “20 de noviembre” de la Ciudad de México protestaron porque no recibirían su aguinaldo y simplemente todos fueron despedidos.  Por lo que inician un movimiento social, llamado románticamente la Revolución de las Batas Blancas, el cual se convirtió en nacional y llegó a movilizar a más de 20 mil médicos. La demanda principal de los becarios era la exigencia de mejores condiciones de trabajo, a pesar de ser tan mesurado, cuestionó una de los elementos base del régimen del PRI: el corporativismo. Fue un tipo nuevo de movimiento social en México, con el que empezó una nueva tradición de movilización de la clase media urbana.

Esta movilización duró 10 meses, hasta el 5 de septiembre de 1965, donde la asamblea decide levantar el paro, ya que el gobierno encabezado por Gustavo Díaz Ordaz nunca respondió de manera adecuada a su pliego petitorio y si por el contrario el 26 de agosto de 1965, los granaderos junto a personal militar tomaron las instalaciones del Hospital “20 de noviembre”: y más de 500 doctores fueron despedidos y 150 fueron amenazados por las autoridades del hospital, y los líderes encarcelados. En esa represión el régimen fue implacable, sin importar el que los inconformes fuesen profesionistas jóvenes, educados, urbanos y de clase media. El movimiento había terminado de manera formal, pero había insatisfacción en el interior de la burocracia estatal y de las clases medias mejor formadas del país, esto se demostraría posteriormente en 1968.

A  50 años después de esa lucha, hoy los médicos becarios siguen prácticamente igual, agobiados por un sistema hospitalario que basa su capacidad asistencial en la carga excesiva de trabajo a ellos, con horarios de trabajo inhumanos, “salario” raquítico, malos tratos, exceso de responsabilidades, áreas de descanso insalubres e insuficientes. Abandonados por las universidades, aun cuando son alumnos de ellas y dan el reconocimiento académico, pero los becarios sólo existen para el pago de inscripción. Todo ello explicado en parte por estar inmersos en un modelo económico globalizado de corte neoliberal donde la política social queda subordinada a la política macroeconómica y  bajo una lógica de racionalizar los insumos, de “hacer más con menos”, lo que ha implicado una asignación limitada de recursos económicos, materiales y humanos, a todo el sistema de salud.

Un estado que trata de garantizar la cobertura universal de salud debiera voltear a ver la condición laboral de los médicos becarios y no seguir vulnerando constantemente sus derechos.

Jaime Arias Amaral

 

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