Los correos del público

Los correos del público

Indignación

La capacidad de tolerancia, paciencia e indiferencia que los mexicanos han mostrado por años a la violencia llegó al límite de la indignación. No es un crimen más, es la manera tan ruin como atacaron a los 43 estudiantes en Guerrero. La sociedad se sintió agraviada, la vergüenza, el dolor ante el silencio de las autoridades, despertó la consciencia. El crimen organizado y el desorganizado se han apoderado de nuestro país. No solo este caso nos indigna, nadie está exento; no hay persona que no conozca un caso cercano que comparta el dolor por la pérdida de familiares desaparecidos y secuestrados, es inaudita la frustración, la impotencia ante la indiferencia de las autoridades del poder político e institucional, no han sido capaces de quitarle el poder a la delincuencia. Cada administración se cree con el derecho de rehacer a nuestro país, pero no vemos resultados que nos permitan sentirnos seguros, la convivencia armónica y pacífica, la economía y la seguridad están severamente afectadas y no vemos acciones inteligentes para salir del atolladero. De qué sirve la Gendarmería, sin limpiar la corrupción de los reclusorios, de los ministerios públicos, del poder judicial. Es una vergüenza la mala fama que ha ganado nuestro país, hasta el águila está desaparecida, parece que vamos a la deriva. Las inversiones internacionales están suspendidas. Mientras tanto, diputados, regidores, el secretario de Gobierno y funcionarios de cualquier partido, ya están en sus precampañas, les urge amarrar su siguiente cargo. Promocionándose en la televisión, espectaculares, revistas, en las paradas de camiones, regalando despensas, no les interesa el bien común, la ciudadanía tiene claro que solo llegan a servirse, no a servir. Tenemos un país maravilloso manchado por la violencia y la inseguridad, ya no podemos permitir que se nos deshaga en las manos.

Rosa Chávez Cárdenas

 

Profeco

Durante muchos años se ha creído muchas veces que el actuar de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) no siempre era el más destacable y ejemplar, sin embargo, a pesar de todos los errores o inactividad que hubiera podido cometer durante mucho tiempo, se debe destacar que desde hace cierto tiempo ha estado utilizando todas las herramientas jurídicas para proteger al consumidor.

En días recientes, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió en favor de la Profeco al confirmar la invalidez de diversas cláusulas de los contratos de adhesión que celebra la mayor compañía de televisión satelital en el país -filial de Televisa-, con los consumidores. No obstante que muchos consideran que los contratos de adhesión son completamente legales, ha sido también de cultura general el que estos siempre se celebran de manera inequitativa y abusiva.

De entre las cláusulas invalidadas sobresaltan: la imposibilidad del consumidor a negarse a autorizar a la compañía el usar sus datos con fines mercadológicos, cláusulas que tienen derechos y beneficios solo en favor de la compañía incluso cuando ella misma incumpla el contrato además de que el consumidor esté sometido forzosamente al plazo señalado y que la compañía cuando lo desee pueda darlo por terminado. La Profeco tiene pendientes otras dos resoluciones con otras compañías que ofrecen este tipo de servicios por establecer cláusulas abusivas y es de esperarse que la SCJN resuelva sobre el mismo margen.

Con este tipo de resoluciones quizá el panorama tan desolador que tiene el mercado de las telecomunicaciones pueda irse limpiando de los abusos que había anteriormente hacia los consumidores. Así también, aunado a la polémica reforma en telecomunicaciones -que aun sigue generando dudas-, estas resoluciones sobresalen por redirigir dicho sector a la justicia y legalidad. Los derechos del consumidor parecen estarse concretando, por primera vez, a partir del actuar de la Profeco y pudieran merecer una portada en algún medio internacional (en coprotagonismo con la SCJN) que diga algo así como: “Saving Mexico”.

Joseph Irwing Olid Aranda

 

Este es nuestro tiempo

Un hombre encontró en su cuarto a una encolerizada avispa que zumbaba al golpearse contra un cristal. El insecto insistía en traspasar el vidrio sin percatarse de que la ventana por la que había entrado estaba abierta. El hombre trató de espantarla hacia la ventana pero la avispa se violentaba más. Finalmente el hombre tomó una gruesa jerga de lana y casi la asfixia al atraparla para darle una libertad forzada antes de que terminara por estrellarse en el cristal o lo picara. Los mexicanos somos como la avispa del cuento. Hemos optado por encerrarnos en prisiones de pesimismo y falta de fe. Nos preocupamos con exceso de nuestras carencias. Lamentamos la falta de oportunidades pero cerramos nuestros ojos y oídos a toda posibilidad. Tememos arriesgar, y luego nos quejamos de que “no hay inversiones”. Deseamos más, pero rehusamos hacer más. Queremos proyectos nuevos, pero nos asimos con ambas manos a cualquier vestigio de seguridad que creemos encontrar. Soñamos con un trabajo mejor, pero no nos preparamos para él. Acusamos de todos nuestros males al gobierno, al jefe, a las circunstancias, pero nunca admitimos nuestra propia apatía. Como la avispa, nos damos una y otra vez en la cabeza pero no volteamos a los lados en busca de opciones. Vienen los forasteros a nuestro suelo y, de inmediato, arrancan nopales y magueyes de raíz para iniciar en el extranjero una industria rentable mientras nosotros continuamos en lamento.

Somos tan libres como nuestra mente sea libre: las cercas y prisiones las hemos construido nosotros mismos. Dos chicas caminaban por el bosque. Hellen Keller, privada de la vista y de la audición, y su amiga, quien la conducía con desgano. Hellen entró en éxtasis al sentir la brisa juguetear con su cabello, aspirar el perfume de las flores. La amiga, en pleno uso de sus facultades, malhumorada, sólo advirtió las espinas de las flores, y el polvo que levantaban sus pisadas.

Hellen, sin ver y sin oír, utilizó a tal grado los demás sentidos y su imaginación, que se enamoró de la vida. No lloró por lo que no tenía sino que se glorió de lo que sí tenía y lo desarrolló. En su aislamiento encontró fortaleza y optimismo para vencer la adversidad.

El espíritu florece con los retos y dificultades. Hellen Keller aceptó de buen grado sus circunstancias: ir por el mundo sin ver y sin oír. Las aceptó y las convirtió en ventaja. No es tiempo de lamentaciones. Es tiempo de reconciliación y de compromiso personal. Después de todo, vivimos en México, nuestra Tierra Prometida, rica en leche y en miel. Pero hay que cultivarla. Estamos en crisis, sí.  Pero éste es nuestro mundo y éste es nuestro tiempo, y si nos ponemos de pie encontraremos la salida.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui

 

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