Los correos del público

Los correos del público

¿Buenos o malos pensamientos?

¿Qué tiene que ver el cerebro con los sentimientos y las emociones? El Dr. Mario Alonso Puig, cirujano madrileño dice: “Lo que el corazón quiere sentir, la mente le dice cómo, por eso hay que entrenar la mente”.

Antes lo decían los iluminados y los sabios, hoy lo dice la ciencia: “Son nuestros pensamientos los que en gran medida crean continuamente nuestro mundo”. El cerebro es el lugar donde el pensamiento más avanzado inventa nuestro futuro.

Se ha probado que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de valorar alternativas y estrategias para solucionar problemas y tomar las mejores opciones. Es ahí, en la zona prefrontal del cerebro, donde tomamos las decisiones que definirán nuestro futuro. La zona prefrontal del cerebro está tremendamente influenciada por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Una persona ilusionada, comprometida y confía en sí misma, puede ir más allá de lo que cabría esperar de ella.

La ciencia estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad, y la fisiología del ser humano. La psico-neuro-inmuno-biología ha demostrado que el pensamiento y la palabra son una forma de energía vital, que tiene la capacidad de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos. ¿Cómo? Un minuto entreteniendo un pensamiento negativo, deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El estrés y la sensación de agobio permanente producen cambios sorprendentes en el cerebro y en la constelación hormonal: tienen la capacidad de lesionar hormonas de la memoria y del aprendizaje, además de afectar el intelecto, porque deja sin riego sanguíneo las zonas cerebrales más necesarias para tomar decisiones adecuadas. 

Un valioso recurso para combatir al enemigo interior (estrés y preocupación) es enfocar la atención a la respiración abdominal porque ésta tiene la capacidad de producir cambios en el cerebro, además de favorecer la secreción de hormonas (ej. serotonina y endorfina), mejorar los ritmos cerebrales, serenar nuestro estado mental, eliminar los pensamientos que nos alteran, los cuales provocan desánimo, ira y ansiedad.

Durante los períodos de crisis siempre encontraremos justificaciones para nuestra desesperanza, tristeza, mal humor: esa es una línea determinada de pensamiento. Pero cuando imaginamos cómo queremos vivir, aparece otra línea. “Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”.

La palabra es una forma de energía vital; tiene el poder de remodelar nuestra estructura cerebral. Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina, declaró: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Si moldeamos nuestras emociones, cambiaremos nuestras percepciones. Las palabras pueden activar núcleos del miedo, que transforman las hormonas y los procesos mentales. El miedo nos impide salir de la zona de confort; tendemos a la supuesta seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide avanzar, prosperar, realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona. Cuando nuestro cerebro da un significado a algo, nosotros lo vivimos como la absoluta realidad, sin ser conscientes de que sólo es nuestra interpretación de la realidad. Lo que nos decimos a nosotros mismos moldea nuestras emociones, y éstas alteran lo que observamos. Cuando se logra reducir las palabras negativas en nuestro interior, entramos en el silencio, que es curativo; cambiamos los hábitos de pensamiento y eso determinará nuestro futuro, como persona y como nación.

Los poetas dicen: “La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad de la persona que la mira”. Los iluminados cantan: “Jamás desesperes, aún estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante”. Las abuelas aconsejan: “Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza”. Los místicos aseguran: “Si quieres oír cantar tu alma, haz silencio alrededor”. Los científicos declaran: “Lo que el corazón quiere sentir, la mente le dice cómo. Por eso hay que entrenar la mente”.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui

 

Para gritar

Y sí, tantos años de vitorear al cura Hidalgo por fraguar la Independencia de México, pero hoy tenemos muchos motivos más  para gritar: “¡Viva México!” Aquí solo algunos:

¡Viva la reforma hacendaria! ¡Viva!, ¡Viva la reforma energética! ¡Viva!, ¡Viva la ley de telecomunicaciones! ¡Viva!, ¡Viva el ecocidio al río Sonora, al de Veracruz, laguna de Cajititlán y lago de Chapala! ¡Viva!, ¡Viva a la destrucción de  bosques y selvas! ¡Viva!, ¡Viva el Dragón Mart! ¡Viva!, ¡Viva la guerra contra el narcotráfico! ¡Viva!, ¡Viva a los 500 diputados que mantenemos! ¡Viva!, ¡Viva a la destrucción del patrimonio arquitectónico de nuestras ciudades! ¡Viva!, ¡Viva  la corrupción! ¡Viva!, ¡Viva los secuestradores! ¡Viva!, ¡Viva los viene-viene y limosneros! ¡Viva!, ¡Viva el comercio informal! ¡Viva!, ¡Viva nuestros sistemas de transporte público! ¡Viva!, ¡Viva la piratería! ¡Viva!, ¡Viva Carlos Slim y sus cuatreros! ¡Viva!, ¡Viva los 40 millones de mexicanos en pobreza extrema! ¡Viva!, ¡Viva nuestro sistema educativo! ¡Viva!, ¡Viva el IMSS con su servicio y sus pensiones! ¡Viva!, ¡Viva nuestros baches y banquetas! ¡Viva!, ¡Viva México! ¿Viva? Boicot  este 15 de septiembre.

Carlos Felipe Vázquez Díaz Santana

 

Inequidad

El pasado lunes en la columna de Carlos Marín sobre la inequidad entre los 300 líderes más influyentes de México encontré un buen motivo para las risas y la ironía, ya que el buen señor Carlos convirtió lo que sería una simple anécdota en una causa política donde incluso el presidente salió mal parado (cosa no extraña en todo lo relacionado al mandatario). Sin embargo el problema de la inequidad, indicaba el editor, “afecta la totalidad de las actividades públicas y privadas (incluidas la académica, la militar y desde luego la eclesiástica)”. Pero pareciera que olvidó o relegó el área de la comunicación y el periodismo en esta “vital” cruzada por la equidad de género, pues solo dando una rápida mirada a la publicación de ese día se encontró nada más y nada menos que de la totalidad de los columnistas (columnistas, considerado todo aquel cuya foto aparece arriba del espacio donde colabora) 20 eran hombres, apabullando a las mujeres cuya cuenta quedó en tres... sí, tres, o sea el 15 por ciento. Haciendo que su mismo periódico sea un centro de bullying contra la equidad de género casi peor que una cantina de pueblo en el siglo XIX. Ya lo decía mi abuela, qué fácil es ver la paja en el ojo ajeno.

José Rodolfo Pérez

 

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