Los correos del público

Los correos del público

De glorias y vergüenzas

¿Es ético concebir ex profeso un hijo para salvar a otro? El dilema –entre otros– tuvo que ser resuelto por los Hernández, padres de Alicia, de 17 años, víctima de leucemia aguda a quien era necesario trasplantar médula ósea para que sobreviviera.

Los Hernández concibieron con la esperanza de que el bebé fuera compatible genéticamente con Alicia: 25% de probabilidades. El padre se sometió a una operación para revertir la vasectomía efectuada hacía 16 años: 50% probabilidades de éxito. La madre, de 42 años, puso en riesgo su precaria salud por el embarazo tardío. Tomaron los riesgos, vencieron los obstáculos y nació una pequeña cuya médula ósea le dio a la hermana el regalo de la vida.

El caso de los Hernández hizo furor en el Centro Médico Nacional Ciudad de la Esperanza, en California. Si no hubiera sido compatible el feto, ¿lo habrían abortado para intentar de nuevo? ¿Es lícito traer a un bebé al mundo, no como fin en sí, sino como medio para servir de donante, sin su consentimiento? ¿No sería violar sus derechos al tratarlo como objeto, como repuesto biológico?

Los Hernández abrieron de par en par la puerta al universo de la bioética: la perspectiva de mil posibilidades de trasplantes en el mundo de la medicina. Hoy es posible trasplantar corazón, válvulas, pulmones, riñones, hígado, páncreas, articulaciones, mandíbulas, corneas, médula ósea, huesos, costillas, ligamentos, tendones, cartílago, piel, venas y más. Y aunque es muy esperanzador el panorama de salvar vidas mediante trasplantes, no puede negarse el lado terrible que éstos implican. Las características genéticas entre hermanos hacen posible un mayor número de trasplantes. Para los padres ¿cómo tomar una decisión cuando se trata de medir las necesidades de un hijo en detrimento de otro? Para los hijos ¿existe obligación moral de donar parte del hígado para salvar a un padre alcohólico?

Para los Hernández no implicó gran riesgo el extraer médula ósea de la cadera a la pequeña –bajo anestesia, con aguja hipodérmica– pero, en los casos en que se trata de un riñón, por ejemplo ¿cómo medir riesgo/beneficio? ¿Es ético exponer la salud de un hijo para salvar otro? ¿Pedirle que sacrifique un órgano para que su hermano viva? Y, más aún: ¿hacerlo a temprana edad sin su consentimiento?

La tecnología concerniente al trasplante de órganos humanos avanza con tal velocidad que ha rebasado en mucho la habilidad de la sociedad de explorar implicaciones morales. Hace 50 años, en su inicio, los trasplantes sólo se hacían con órganos sanos de personas fallecidas en accidentes o ataques al corazón. Hoy se toman de un ser humano vivo: parte de su cuerpo para salvar a otro.

La ciencia médica se cubre de gloria al salvar miles de vidas mediante trasplantes. Pero la verdad evangélica sigue vigente: junto a la espiga de trigo, crece la cizaña. Junto a los logros espectaculares de la ciencia, nace un mercado de órganos humanos, el cual llena de vergüenza a nuestra especie.

Es tanta la pobreza en algunas regiones del mundo que hay quienes venden parte de su cuerpo para sobrevivir. Venden órganos humanos en el mercado negro: riñones, córneas, pedazos de piel. Proliferan anuncios solicitando y vendiendo órganos: unos para sobrevivir, otros para no morir de hambre. Secuestros mil para robar partes del cuerpo humano.

¿Llegará a ser necesario prohibir el trasplante de órganos para evitar el tráfico más vergonzante de la humanidad? Dice el Evangelio que cuando el trigo y la cizaña crecen juntos, no hay que arrancar la cizaña, no sea que al hacerlo se arranque también el trigo. El prohibir el trasplante de órganos privaría a miles de seres humanos su supervivencia. Es preferible apelar a la consciencia para salvaguardar el milagro supremo del universo: la vida humana.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui

 

Pierde credibilidad

El Instituto Federal del Acceso a la Información (IFAI) perdió toda credibilidad como organismo autónomo y se convirtió en otro palero mas del gobierno de Peña Nieto, pues ni siquiera se atrevió a presentar una acción de inconstitucionalidad por los artículos violatorios de la privacidad en la nueva ley de telecomunicaciones.

Es increíble que tácitamente den el visto bueno a los artículos 189 y 190 de la nueva  ley de Telecomunicaciones que permite espiar  a todos los ciudadanos y obliga a dar la geolocalizacion de cualquier persona a las empresas de telecomunicaciones, incluso hacienda si lo requiere pedirá geo-localizar un teléfono sin que medie una orden judicial,  cada vez nos acercamos mas al estado totalitario, lo que en los países de primer mundo se defiende hasta con la vida, acá lo permitimos y los que deberían defender al ciudadano son paleros de gobierno.

José de Jesús López Contreras 

 

Contaminación y castigos

El grupo México, del empresario Germán Larrea, fue responsable de la tragedia de la mina Pasta de Conchos en 2006 donde murieron 65 mineros. Ahora también son responsables de envenenar con ácido sulfúrico los ríos Bacanuchi y Sonora con residuos vertidos de la mina Buenavista del Cobre, donde se vieron afectados siete municipios, afectando a 89 escuelas y 5,000 alumnos  que no pueden asistir a clases como protección.

No sabemos el castigo que recibieron por lo de Pasta de Conchos, pero no los afectó ni tantito porque hoy siguen haciendo de las suyas, tampoco hoy reciben un castigo ejemplar, solamente una multita de 40 millones, para una empresa que tiene ventas de 9 mil millones de dólares al año, un castigo de risa que los invita a seguir contaminando, cómo van a  tomar medidas de seguridad si les sale 100 veces más barato pagar la multa.

Esto debe servir como un llamado de atención para los diputados y las leyes complementarias, multas y castigos que van a implementar para la ley energética, para tener herramientas que permitan aplicar mano dura a las empresas que contaminen o rompan la ley. Por cierto que Grupo México es una de las empresas que ya se apuntó para hacer negocio con el petróleo, así que mucho cuidado.

Horacio Martín Romero

 

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