Los correos del público

Los correos del público

Apatzingán

Del 5 al 7 del mes en curso estuve en la República Independiente de Michoacán, logré llegar sin contratiempos a la antesala del horror, Apatzingán, esto lo digo porque por ahí cerca está Infiernillo, con su presa y pueblo. Se respira en la antesala de tierra caliente una calma chicha, quiero decir, aparente. Porque ahora que el gobierno uniformó y armó de rurales a las huestes templarias, éstas actúan con más impunidad de la que ya tenían, así que echen a volar su imaginación. Nomás comparen las fuerzas rurales del actual gobierno priista con las del porfiriato, y comprenderán por qué y para qué el gobierno federal revivió a la canalla rural de despreciable y criminal memoria.

La  violencia no cesa y tiende a incrementarse, no obstante el constante patrullar en las ciudades de milicos y policías federales, y las varias postas que se observan en las carreteras.

En los municipios en los que operan unidades de rurales, se debe a que han aceptado las condiciones del gobierno: los jefes deben poseer credenciales templarias y estar dispuestos a combatir a enemigos de templarios y gobierno, no proteger a la población civil, porque ésta sigue siendo víctima de secuestro, robo, extorsión y toda vileza posible en un país sin ley. No pocos miembros de los rurales son personas sin antecedentes violentos, a los que el desempleo ha obligado a incorporarse a ese paramilitarismo en ciernes, otros se resisten porque temen ser arrastrados a la vorágine de violencia y terror de los templarios, ampliamente conocida en la tierra de Lázaro Cárdenas.

Sólo me traje una duda de los parajes purépechas: ¿cuánto soportarán las infamias que se cometen contra ellos, y si tendrán los arrestos para convertirse en la chispa que incendie la pradera?

Gustavo Monterrubio Alfaro

 

Menos Vacaciones

Me pregunto: ¿Cuál es el objetivo de tener menos días de vacaciones en las escuelas? Según las estadísticas no ha mejorado la calidad educativa. Recuerdo cuando niña disfrutábamos los dos meses completitos de vacaciones, no había televisión y mucho menos Internet, ni juguetes chatarra hechos en China, en las carencias, despertábamos la creatividad, inventábamos el juego y hasta el juguete, con un hilo y una tapa de refresco hacíamos una zumba, con un papel un barquito para jugar en la lluvia. Regresábamos a la escuela en septiembre, con las pilas recargadas.

La calidad educativa necesita una reforma, pero no en teoría si no en la práctica, no de cantidad sino de calidad, los mejores promedios no han demostrado que se desenvuelven mejor en el sistema laboral. En el extremo de la exageración se encuentra Corea, el país ocupa el quinto lugar en el Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) en matemáticas y ciencias exactas, sin embargo se están dando cuenta que están produciendo “hombres-máquina”, memorizan conceptos, pero no están desarrollando la percepción y la creatividad, se convierten en robots del sistema hipercompetitivo que está dejando por resultado trastornos mentales como psicosis social. Es el país con más índices de suicidio relacionados con el estrés escolar, a muchos estudiantes el estudio les cuesta la vida. El sistema escolar produce robots para trabajar en la industria, no para la libre empresa, no descansan ni los fines de semana, obviamente, la felicidad no está en los objetivos, además carecen de habilidades como: hablar en público, son pasivos, sufren agotamiento y están resignados a una vida sin diversión y placer.

Me pregunto: ¿Ese sistema antipedagógico queremos para nuestros niños? Que algunas escuelas han tomado como modelo por las presiones internacionales. Deja más resultados académicos los niños felices que las medallas por excelencia académica. Repetir conceptos sin sentido sin enseñarlos a pensar hoy en día que están tan revolucionados con la tecnología, lo que consiguen es que se aburran y vayan arrastrando la cobija a la secundaria y a la prepa. Como dijo Paulo Freire: “Enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su producción o su construcción. Quien enseña aprende a enseñar y quien enseña aprende a aprender”, y  Margaret Young nos dejó otra recomendación que nos haría muy bien tomarla en cuenta: “Primero debes saber quién eres, luego amar lo que haces en orden de saber qué quieres”. Y como dijo un amigo: “El doctorado no te quita lo tarado”

Rosa Chávez Cárdenas

 

Cinismo

No cabe duda que los transportistas se burlan tanto de los usuarios como de las autoridades, lo digo porque el pasado 7 de agosto opté por no manejar el Centro de la ciudad y dejé mi automóvil abordando para tal fin el Tur número 706-06, y cuál va siendo mi sorpresa que venía equipado con asientos de plástico, sí lee usted bien, asientos de plástico, solo el asiento y el respaldo con pequeños cojines, eso sí, todos rayados y algunos rotos, como si los hubieran quitado a un camión de los de seis pesos para ponérselos a este, supuestamente de lujo, ¿hasta dónde piensan llegar estos tipejos? Recuerdo cuando salieron por primera vez, tenían aire acondicionado, asientos acojinados y hasta televisión, por supuesto que no permitían personas de pie y eran atentos, pero como todo pasa y nada queda, como dice la canción de Serrat, paulatinamente fueron quitando primero la televisión, después el aire acondicionado quedó a discreción del chofer en turno, empezaron a llevar gente de pie y creo que si las autoridades no lo impiden, al rato pareceremos como el famoso autobús de la familia Burro, y ahora hasta asientos de plástico. ¡Vaya que se quieren burlar de todos! Cuando se dio el aumento de 6 a 7 pesos, ellos cobraban 11 y se fueron a 12, al tomarse la medida de rebajar el peso a ellos no les afectó, por lo que siguieron en los 12 pesos.

Exhorto al secretario de Movilidad, Mauricio Gudiño, y al fiscal general de Vialidad, Francisco Poe, a poner orden y exigir que no empiecen con sus asientos de plásticos, también en estos supuestos camiones de lujo, y que la sociedad también exijamos, ya que observé que nadie decía nada y que en el camión no se veía letrero alguno que nos diera una disculpa por haber cambiado los asientos acolchonados a esos angostos (si los mandaron a reparar cuando menos avisen y no se metan como la humedad a darnos gato por liebre).

Ricardo Velázquez Haro

 

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