Los correos del público

Los correos del público

Sueños de libertad

Dicen que a veces en la mente y en el corazón de los artistas las ideas e impresiones tardan mucho tiempo en florecer. La idea de la libertad hubo de esperar 52 años para materializarse en una estatua de 93 metros de altura en el puerto de Nueva York.

Una tarde, Fréderic-Auguste Bartholdi, descendiente de italianos establecidos en Francia, transitaba por las calles de París en 1834 cuando Napoleón Bonaparte derrocó a la Segunda República. Un grupo de republicanos había levantado una barricada y, al anochecer, una valerosa joven con una antorcha en la mano salvó la barrera mientras gritaba: “¡Adelante!” Los soldados bonapartistas abrieron fuego sobre ella. Desde entonces la bella desconocida, armada con una antorcha, se convirtió para Bartholdi en símbolo de libertad.

La primera impresión de su obra fue tatuada para siempre en su espíritu al presenciar la estremecedora escena de la joven que ofrendó su vida por un ideal. En el transcurso de su vida fue acumulando otras impresiones: su pasión por lo colosal nació en un viaje a Egipto, donde observaba fascinado las enormes estatuas del antiguo imperio, con la imperturbable majestad de las figuras de mármol cuyas miradas benévolas parecían desdeñar el presente para fijarse en el futuro infinito.

Concibió la idea de la Estatua de la Libertad en 1865, contagiado por el entusiasmo de su amigo Laboulaye, prominente liberal francés enamorado de la democracia, quien insistía que Francia debía ofrecer un homenaje espectacular a Estados Unidos en ocasión del primer centenario de su independencia. Bartholdi propuso un monumento a la libertad y ofreció su talento de escultor para realizarlo.

Antes de iniciar su obra partió hacia Estados Unidos para ver con sus propios ojos el modelo de democracia. Cuando el buque entraba al puerto de Nueva York en la tenue luz del alba, Bartholdi se sintió inspirado por la vista espectacular del puerto, e intuyó que ese era el lugar donde se erguiría la estatua: el lugar donde los hombres vieron por primera vez el Nuevo Mundo; ahí donde la libertad irradia su luz sobre ambos continentes.

Transcurrieron 52 años para que el sentimiento arrancado por la inmolación de la joven desconocida en las calles de París quedara plasmado en la majestuosa Estatua de la Libertad, símbolo mismo de Estados Unidos y de su ideal de nación.

El sueño de Bartholdi era persuadir a la humanidad de la excelencia del gobierno basado en la voluntad popular. Nunca imaginó que 100 años después la Unión Americana sería un imperio, y sus más ligeros movimientos estremecerían al mundo entero. Hoy ellos son el mundo. La contradicción norteamericana es ser imperio y ser democracia, a la vez. ¿Puede una sociedad vivir en libertad en un círculo de producción, consumo, y placer, sin atender los valores primordiales? La sociedad norteamericana fue fundada para que sus ciudadanos pudiesen realizar pacífica y libremente sus fines privados. Pero los grupos y los individuos, por su avaricia sin freno, han sustituido la dominación de los estados totalitarios de antaño por la de los irresponsables intereses particulares de la modernidad.

Hoy el mundo padece los males y los vicios de la libertad, no los de la tiranía. Aunque los intelectuales norteamericanos conservan la claridad racional y la pureza de corazón de los fundadores de la democracia, los políticos muchas veces no. ¿Por qué la democracia, fértil y creadora en la ciencia, la técnica y en las artes, es tan abrumadoramente mediocre en un buen número de sus políticos? Anestesiados por más de medio siglo de prosperidad y cegados por el culto al progreso desenfrenado, se empeñan en no ver la gran mancha de pobreza y contaminación que se extiende más allá de sus fronteras. La libertad, fundamento del origen de la nación, ahora los corrompe.

¿Hacia dónde vamos? El futuro no tiene rostro. Libertad sin responsabilidad es condenar a la extinción a la especie humana. Pero tal vez, en la mente y en el corazón de un artista ya ha nacido el rostro del Monumento de la Responsabilidad.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui

 

Eufemismo a la mexicana

En reciente entrevista radiofónica efectuada a un funcionario de alto nivel, por evadir utilizar la palabra pérdida -término **non grato para el efecto-, manifestó que Pemex tenía un “patrimonio negativo”, botón de muestra del diluvio de palabras y discursos artificiosos que día a día con intensidad nos endilgan y someten a los mexicanos, con la obvia intención de manipular a la sociedad.

La afirmación atribuida a Maquiavelo respecto a que cada pueblo tiene el gobierno que se merece,  es escalofriante, y la que establece que cada pueblo tiene el gobierno que se le parece, es estremecedora.

Francisco Benavides Beyer

 

Videojuego de la perinola

Los sindicatos cuando quieren auditarlos y pedirles cuentas exigen que se les respete su autonomía y alegan que ellos son libres de administrarse como ellos quieran, entonces no entiendo por qué todos los ciudadanos vamos a tener que pagar la deuda del sindicato de Pemex y el sindicato de electricistas.

El dinero del robo del siglo no es poca cosa, dos billones de pesos alcanzan para organizar 10 Mundiales como los de Brasil, por la décima parte del dinero del **Pemexproa, casi arman la revolución en Brasil, y acá que ni siquiera nos dejaron infraestructura, ni turismo y nadie protesta;  estos sindicatos, están como el juego de la pirinola. Cuando se trata de cobrar les toca, “toma todo” y cuando se trata de pagar, “todos ponen”.

Guillermo Jiménez López

 

Orgullo

El Ballet Folklórico de la Universidad de Guadalajara, institución con casi 60 años de representar al estado y al país en grandes foros internacionales, en los que ha cosechado numerosos premios, tiene una temporada en el Degollado.  Los jaliscienses debemos estar muy orgullosos de tener esta agrupación de calidad insuperable que está en uno de sus mejores momentos y debemos comprobarlo, si no lo hemos hecho, asistiendo a las escasas funciones que ofrece. Es el mejor regalo que cualquier visitante se puede llevar de la ciudad. El ballet ha hecho escuela, y muchos exintegrantes han fundado grupos en México y Estados Unidos. No nos confundamos si hemos visto otros grupos, el de la Universidad de Guadalajara es único, compruébenlo.

Agustín Ramírez Álvarez

 

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