Los correos del público

Los correos del público

Messi, el elegido

Todos esperaban que Messi se consagrara en este Mundial, tuvo la mesa puesta y nos defraudó, esperábamos un héroe que apareciera cuando más se le necesitaba, un mago que nos deleitara  apareciendo fuego de sus botines que terminara por elevarlo definitivamente al trono del Olimpo.

Lo único que vimos fue a un genio solitario en su montaña de hielo generando pequeños destellos de luz, ni siquiera el regalo, inmerecido, de un balón de oro, fue capaz de sacarlo de ostracismo, a veces los elegidos necesitan un tiempo en soledad para creer, el Olimpo futbolero seguirá gobernado por los dioses Pelé y Maradona hasta que el elegido decida tomar su papel de líder para el que fue destinado.

Javier Fuentes Pérez

 

Entre dos México te veas

Lo más curioso, si observamos a México con detenimiento, jamás sospechamos la complejidad de las actitudes tan contrarias que utilizamos para llegar al mismo sitio.

El hilo que separa al México bronco del México de leyes es muy delgado, imperceptible.

El más claro ejemplo es el Dr. Mireles de Michoacán. Octavio Paz decía: “El caudillo no pertenece a ninguna casta ni lo elige ningún colegio sacro o profano: es una presencia inesperada que brota en los momentos de crisis y confusión, rige sobre el filo de la ola de los acontecimientos y desaparece de una manera no menos súbita que la de su aparición. El caudillo gobierna de espaldas a la ley; él hace la ley”.

Ciertos rasgos reveladores de su conducta, me hacen más que dudar de su “investidura”.

Pero la necesidad de encontrar a un caudillo en estos tiempos tan difíciles, tan salvajemente violentos, tan corruptos, nos hace también a nosotros perder un poco o un mucho la razón y no poder asimilar que estamos parados frente a frente con el muerto.

Regresando a Paz: “Unos y otros olvidamos que la ciencia no tiene por objeto juzgar sino comprender”.

El error no comenzó con Mireles ni con La Tuta, tampoco con El Chapo o Caro Quintero, mucho menos con Peña. El error comenzó varios siglos atrás. Tantos que ni contando los días, meses o años, alcanzamos a ver el origen de tanta corrupción.

Entre tanto, seguiremos viendo cómo aparecen y desaparecen súbitamente tanto caudillo loco y cuerdo, cuerdo y loco, o loco que parece cuerdo. Sea por Dios, con estos bueyes nos tocó arar.

Federico González Alfaro

 

El día que me avergoncé de ser judío

Hoy nos hemos unido a los fuegos de la Inquisición. Quemamos personas vivas de una fe diferente a la nuestra y dijimos que es nuestro Dios que lo requiere. Hoy nos unimos a las hordas de los cosacos, con odio asesino y salvaje, sin ver al otro, sólo viendo que somos diferentes. Hoy nos unimos a los asesinos nazis, matando a un niño brutalmente por su raza y etnicidad.

Hoy dejamos de ser el Pueblo Elegido, porque para esto no fuimos elegidos. Tal vez necesitemos otros dos mil años de exilio para recordar quiénes deberíamos ser. Hoy perdimos cualquier superioridad moral que queríamos creer que teníamos. Somos exactamente como ellos. También somos asesinos. Todos nosotros. Los que lo prendieron en llamas, los que gritaron “muerte a los árabes”, los que declararon que la Torá nos pide matar y asesinar y vengarnos. Aquellos que vieron todo esto y no hicieron nada, aquellos que mañana aún no harán nada.

Especialmente aquellos que tratan de encontrar paz para sus consciencias en las comparaciones: “Ah, pero nosotros no celebramos asesinatos”, “nosotros no enseñamos a odiar en nuestras escuelas”, “nosotros no consideramos a los terroristas, héroes”. Pero no es sobre ellos, Altísimo, ¡es sobre nosotros! Es sobre perdernos a nosotros mismos, sobre nuestro fracaso como nación. Evidentemente hemos fallado.

En el futuro, cuando estudien las leyendas sobre la destrucción de nuestra sociedad, de nuestro Estado, ellos leerán: “Por el asesinato, la quema, el salvaje homicidio de Muhammad Abu Jdeir, nuestro templo fue destruido, nuestra tierra fue desolada y fuimos exiliados entre las naciones”.

Nunca la paz se vio más lejana. Nunca estuve tan avergonzado de ser israelí. Nunca estuve tan avergonzado de ser judío. Coincido totalmente con esta emotiva reflexión del rabino Mijael Even David escrita en el diariojudio.com.

Jonathan González Espinoza

 

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