Los correos del público

Los correos del público

Sobre las columnas de Sara Pozos

El presente diario tiene entre sus articulistas a Sara Pozos Bravo, columnista que publica los sábados. La señorita Pozos no oculta su filiación hacia la iglesia La Luz del Mundo, y aprovecha su espacio para hacer apología de su secta, así como para atacar a la enemiga favorita de La Luz del Mundo, la Iglesia Católica. Ataca sistemáticamente, y claro, siguiendo la línea que le mandan de más arriba. La razón de sus ataques suele ser los crímenes que algunos miembros del clero católico han cometido. No pienso aquí defender a los que de hecho sí han cometido terribles crímenes contra la niñez, ya sea por acción u omisión, pues merecen que el peso de la justicia caiga sobre ellos y paguen por las horribles acciones que han cometido. Pero básteme decir que los culpables son la menor parte de los sacerdotes, un porcentaje pequeño de los cientos de miles de sacerdotes que hay en el mundo.

Sin embargo, la iglesia La Luz del Mundo, su fundador, Samuel Joaquín Flores, y su actual líder, Joaquín Aarón, no están exentos de acusaciones, críticas y escándalos.

Para comenzar, pesan sobre Samuel Joaquín acusaciones de violación de menores. Varios ex-miembros de La Luz del Mundo, tanto hombres como mujeres, acusaron al líder de abusos sexuales cuando eran menores de edad, y de manera repetida. Uno de los ex miembros que denunció a Samuel Flores, Moisés Padilla, fue después secuestrado y asesinado a puñaladas, presumiblemente para hacerlo callar de una vez por todas. Esto fue documentado por varios investigadores y periodistas.

También podríamos hablar del caso del Rancho Silver Wolf, un rancho-zoológico propiedad del líder de La Luz del Mundo, con un valor de 1,7 millones de dólares. El mencionado zoológico cuenta con especies exóticas de animales, y no se encuentra abierto al público.

Y no olvidemos los clarísimos nexos de la secta aaronita con el PRI. Samuel Joaquín ha negociado votos para el PRI a cambio de favores y privilegios, y han sabido acomodar a elementos luzmundinos en puestos de administraciones priistas, para desde ahí ejercer presión e influencias, recibir espacios publicitarios y desacreditar a los investigadores que han expuesto a La Luz del Mundo. Todo de lo que acusan al catolicismo y más.

Asimismo, la iglesia luzmundina tiene prácticas propias de una secta: Desde la cúpula les dictan a los fieles cómo vestir, qué música escuchar, les prohíben ir al cine o al teatro, les dicen cómo hablar de su iglesia con otras personas; tienen clases de adoctrinamiento todos los días, separados hombres y mujeres por edad y estado civil, y es de manera obligatoria. En fin, organizan casi por completo la vida pública y privada de sus miembros, a veces por medio de amenazas veladas o manipulación; así lo reportan muchos ex miembros. Además, es bien sabido el culto a la personalidad que practican hacia el líder, quien recibe de sus fieles una fuerte veneración rayana en la idolatría, pues le cantan loores, le exaltan, e incluso le atribuyen la profecía de Isaías 9:6, llamándolo Dios Fuerte.

Por otra parte, causa revuelo el caso del hijo fuera del matrimonio que el fundador de La Luz del Mundo procreó con una mujer, entonces menor de edad, y que luego reconoció como hijo suyo. El hijo, tras la muerte de Eusebio Joaquín, huyó y se escondió, sintiéndose amenazado por La Luz del Mundo y su medio hermano, ahora líder de la iglesia.

Estos son sólo algunos de los escándalos con los que carga la secta; hay más aún, pero si mencionara todo, mi carta se alargaría demasiado. Bastan estos botones de muestra, en 88 años de historia de su iglesia. Ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio.

Ignacio Ruiz de Velasco


Jugamos como nunca perdimos como siempre

Terminó para México el campeonato Mundial de futbol Brasil 2014. Y nos volvimos a quedar en octavos de final. No pudimos llegar a cuartos de final o al soñado “quinto partido”. Y nos consolamos diciendo “jugamos como nunca pero perdimos como siempre”, y le echamos la culpa al árbitro, como todos los que pierden. Los que ganan nunca se la echan, ¿verdad? Y buscamos mil excusas: Que Televisa, que TV Azteca, que la Federación Mexicana de Futbol, que hay que cambiar a sus directivos, que los muchos jugadores extranjeros, etc. Y luego vienen mil promesas y planes para mejorar para el siguiente campeonato.

La realidad es que, si mal no recuerdo, al terminar nuestra participación en Sudáfrica 2010, el entonces técnico de la selección mexicana, Javier Aguirre, El Vasco, dijo que la realidad es que el nivel del futbol mexicano es del lugar 10 al 15 mundial. Esta vez, en Brasil 2014, nos quedamos en el lugar 10, mejor que antes, pero no pasamos al siguiente nivel.

¿Cómo es posible que naciones como Uruguay o Costa Rica, con menos habitantes que la Zona Metropolitana de Guadalajara, puedan encontrar más jugadores nacionales de nivel de selección, y formar selecciones de mejor nivel que la de México, que nosotros que somos más de 110 millones de habitantes? No hay que olvidar que si no hubiera sido porque Panamá le empató a Estados Unidos en los partidos de eliminatorias, México no hubiera podido asistir al Mundial de Brasil. Pudimos ir gracias a ese resultado ajeno.

Pero la culpa mayor del mal nivel del futbol mexicano es de la afición. Como consumidores, si un producto no nos satisface por ser de mala calidad, no lo compramos o no lo volvemos a comprar, y si es posible hasta reclamamos al vendedor o a la autoridad para que se nos devuelva nuestro dinero o se nos sustituya el producto por uno de buena calidad.

En el futbol, como aficionados, no hacemos eso. Nos dan producto de mala calidad, pero seguimos asistiendo a los estadios, seguimos comprando productos de los patrocinadores al precio que estos quieran, etc., etc., y todavía decimos “hay que estar con el equipo, en las buenas y en las malas”.

Pues mientras a los dueños de los equipos, a los patrocinadores, a las televisoras, a la federación de futbol, a los mismos jugadores, les siga llegando el dinero gracias a los fieles y resignados aficionados, aunque el producto que nos entreguen, el espectáculo, sea mediocre, nuestro nivel de futbol nunca va a mejorar, ¿para qué?

A los dueños de los equipos, a la federación, a los patrocinadores, no les interesa el aficionado. Les interesa el dinero del aficionado. Les interesa el negocio. Y mientras el aficionado siga haciéndoles el “caldo gordo” a todos ellos con la compra sus malos productos, con la asistencia a los estadios, o viéndolos por televisión, no se van a preocupar por mejorarlos.

En manos del aficionado, en el dinero del aficionado, y en la exigencia real del aficionado, está mucho, si no es que todo, para lograr que el futbol mexicano pase a un mejor nivel que el que ha tenido hasta ahora.

Cuando los aficionados dejen de gastar su dinero en un futbol mediocre, entonces sí van a venir los obligados cambios en las directivas, en las estructuras, en los sistemas y luego entonces vendrán los buenos resultados. Sólo los equipos y patrocinadores verdaderamente buenos van a sobrevivir y los que no lo son, o se mejoran, o desaparecerán.

Enrique Acevedo A.


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