Los correos del público

Los correos del público

Médicos

El de médicos es el gremio más unido de todas las profesiones, y no es para menos; al poner en práctica sus conocimientos se coloca casi en el mismo estatus que la mayoría de los humanos otorga a los dioses: decidir sobre la vida y la muerte. No es que el médico disponga quién vive o quién muere, sino que un error en la práctica médica quebranta o termina con la vida, así como un acierto la prolonga.

Las decisiones médicas no son fáciles, sin embargo, hay un lado oscuro que lo padecen pacientes de hospitales particulares y públicos. En el primer caso es el cobro de intervenciones que no se realizan, medicamentos que no se suministran e insumos que no se requieren, es decir, se cobra hasta por la risa, sin que nadie la haya escuchado. En el segundo caso, muchos descuidos y negligencias médicas terminan de manera trágica, y al paciente o a sus familiares, peor sí son ignorantes y pobres, se les engaña, se les amenaza si no aceptan el dictamen médico, y en el más humanitario de los casos se les perdona la cuota de recuperación, y hasta se les gestionan servicios funerarios o de rehabilitación.

Si se hiciera una compulsa de las actas de defunción expedidas en todos los hospitales con necropsias realizadas por peritos independientes, habría suficientes sorpresas como para poner en duda el juramento de Hipócrates. Juramento de Hipócritas.

¿Cuántos médicos prescriben medicamentos porque reciben de los laboratorios que los fabrican dinero en efectivo, el pago de seminarios y cursos, vacaciones a cualquier parte del mundo y regalos en especie? ¿Son los medicamentos que profesionalmente deberían recetar?

Desde los hospitales, ¿cuántos médicos canalizan pacientes a laboratorios, sanatorios y consultorios de su propiedad, o en los que son socios o es de un amigo?

¿Los medicamentos que prescriben son para sanar o para desencadenar padecimientos colaterales?

En obvio de espacio, relataré una experiencia personal. Todo comenzó con una pequeña molestia en la rodilla izquierda, la que nunca me impidió caminar. Después de dos meses de batallar con el leve dolor decidí acudir a la Clínica 14, en la que me tomaron placas, me hicieron pruebas y me diagnosticaron correctamente: desgaste natural de cartílago en rodilla izquierda. Sin embargo, la medicación fue criminal: diclofenaco. Antes de retirarme pregunté al traumatólogo que me atendió: ¿por cuánto tiempo?, su respuesta fue: hasta que el malestar desaparezca. No obstante, el malestar jamás iba a desaparecer, porque el medicamento no sirve para restaurar tejido dañado, en todo caso, lo que iba a ocurrir era que el consumo prolongado de diclofenaco me mandara al panteón y en el más benigno de los casos regresara al hospital con otro padecimiento más que podría ser intestinal, cerebral, visual, estomacal y hasta de disfunción eréctil, entre otros.

Por fortuna me topé accidentalmente con un amigo dedicado a la medicina alternativa y él me sugirió que tomara grenetina, sí, de ese polvo amarillo pálido para elaborar gelatinas y gomitas, y con ello resolví el problema.

¿Por qué? Porque la grenetina se obtiene de la piel y hueso de cerdo y res, y el tejido de éstos está formado de colágeno, éste a su vez tiene la virtud de regenerar tejido óseo y cartilaginoso.

Muchos médicos conocen las propiedades de la grenentina, pero callan, porque los laboratorios que fabrican antiinflamatorios no esteroides perderían millones, y ellos sus comisiones.

Para muestra no basta un botón, reto a médicos e investigadores a que se den una vuelta cualquier sábado por la mañana a la Casa del Migrante (Independencia 606), y pregunten al azar a los ancianos que allí se reúnen: ¿quién tomó grenetina, cómo y qué problema de salud le resolvió?

Los médicos tienen todo el derecho de defender su profesión e intereses, pero la otra mitad de la historia es: ¿y los pacientes qué?

Gustavo Monterrubio Alfaro

 

El grito del estadio

Todo grito de guerra o deportivo (sustituto moderno de guerra) que se establece en la cultura popular tiene una base en el subconsciente colectivo, es verdad que la palabra “Puto” tiene muchos significados según su contexto, unos ofensivos, otros no tanto, pero en el contexto de un partido de futbol, sicológicamente este grito significa el deseo profundo del público de que el portero sea goleado, dejando entrar todo lo que le llega a su portería, una metáfora muy acorde al grito de “putoooooo”.

El grito puede ser altisonante, incluso ofensivo para algunos grupos, pero definitivamente no lleva una intención homófoba, es más un deseo de que tu equipo anote, ahora que si tanto asusta a las buenas conciencias de FIFA y ofende a ciertos grupos sociales, propongo cambiarlo por una palabra parecida, al fin que ya sabemos lo que realmente queremos decir, por ejemplo “burrooooo”, “plutoooooo”, “bultoooooo”, o en su defecto cada que nuestro equipo este en posición de ataque gritar “fuuuuuaaaa”, que también tiene sostén colectivo, de hecho, cuando se puso de moda, mucha gente lo gritó en el estadio, pero no terminó de generalizarse.

Vicente Ureña Fuentes

 

Endiosados

Un médico amigo comento una gran verdad: “La prensa y los medios en México se extralimitan en vanagloriar o denostar el desempeño de los jugadores de futbol en sus equipos y especialmente a nivel de selección”.

El tema viene a colación por el endiosamiento que se proyecta de Guillermo Ochoa, excelente  portero de la selección mexicana por su actuación en el juego del martes pasado contra Brasil, a quien solo falta santificarlo y considerarlo una deidad más del firmamento mitológico mexicano.

Honor a quien honor merece, pero el eco es exagerado. Se trató de un simple empate -aunque haya sido contra el local Brasil, selección distante años luz de su potencial en el pasado-con una brillante actuación del portero, pero nada más.

Por el bien del futbol mexicano y de sus jugadores no los endiosen ni los satanicen , ubíquenlos
en su justa dimensión y sobre todo dejar de utilizar  el deporte como cortina de humo y distractor social.

Francisco Benavides Beyer

 

Problemas

El recién inaugurado puente inferior de López Mateos y Ramón Corona, aparte de tardado en su construcción, 5 meses y 19 días, mala calidad en sus materiales.

El pasado 20 de junio, de las luminarias baratas de LED que instalaron, ya varias estaban apagadas, clásico, que al cabo nadie reclama y le dejan el paquete al municipio de Tlajomulco de Zúñiga. Y todavía no está terminado el “Bienestar”. Ahí se las dejo de tarea.

Alejandro Hernández Durán

 

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