Los correos del público

Los correos del público

Entrevista

Leí con interés la entrevista que Rosa Esther Juárez realizó a la directora del Instituto Cultural Cabañas (ICC), Olga Ramírez Campuzano (MILENIO JALISCO 09/06/2014, p. 28–29). Me parece importante subrayar los detalles bibliográficos de la versión impresa, que fue mi fuente, porque luego me di cuenta de que la versión electrónica es diferente: ésta no incluye, por ejemplo, la parte del texto que aparece en el encuadre subtitulado “El consejo curatorial, ¿cómo funciona?” Si ya de por sí es complicado seguir y monitorear todo lo que sale publicado en la prensa, aunque fuera sobre un solo tema –como puede ser la cultura, por ejemplo–, se vuelve tarea de Sísifo cuando existan versiones sustanciosamente distintas de las mismas notas en plataformas distintas de una misma fuente. No es la primera vez que encuentro este problema en MILENIO JALISCO. Por lo mismo, y en vista de que el periódico ya ni siquiera cuenta con una figura como la del “ombudsman del lector” a quien apelar para hacer recomendaciones encaminadas a corregir tales problemas, quisiera aprovechar este medio para sugerirles que sería importante equiparar las diferentes versiones, para evitar tanto confusiones de referencias como problemas al citar textualmente. Ahora bien, en cuanto al contenido de la entrevista, quisiera enfocarme principalmente en lo que salió en el encuadre arriba mencionado, es decir, la información sobre el consejo curatorial. Ahí se menciona que dicho consejo, además de la señora Ramírez Campuzano, incluye: Myriam Vachez (actual titular de la Secretaría de Cultura de Jalisco), Ricardo Duarte (actual titular de la Secretaría de Cultura de Guadalajara), Carlos Ashida (actual curador-en-jefe del ICC), José Noé Suro (promotor del arte contemporáneo), Iván Cordero (arquitecto y promotor de arte contemporáneo) y Roberto Hemuda (dueño de la galería Diérisis).

No se especifica si este listado de miembros está completo o si hay otros miembros que no se mencionaron. No se aclara quién(es) nombran ni cómo se eligen los miembros, tampoco cuándo cada miembro se ha incorporado al consejo (y si dicha incorporación ha sido en sustitución de algún miembro anterior) ni por cuánto tiempo se contempla su colaboración. Otro detalle ausente es si su servicio en el consejo es de carácter  voluntario o si reciben honorarios por ello. ¿Los miembros del consejo tendrán que atenerse a la ley y los reglamentos de servidores públicos (por ejemplo, en cuanto al código de ética) o estarían absueltos de tales requisitos? ¿Sus decisiones y las minutas de sus juntas colegiadas son de acceso público? Tales preguntas me parecen importantísimas, especialmente para evitar confusiones sobre los procedimientos de un consejo cuya existencia se supone debería de instaurar cierta medida de coherencia y confianza entre la comunidad cultural de Jalisco. Menciono lo anterior porque la información a medias se presta a confusiones; por ejemplo, hace un año, cuando recién fue nombrada la señora Ramírez Campuzano a la dirección del ICC, algunas notas periodísticas mencionaron otros miembros del consejo curatorial (por ejemplo, Carlos Wolstein González Rubio, presidente de la Oficina de Visitantes y Convenciones de Guadalajara, y Patrick Charpenel), omitiendo los nombres de Iván Cordero y Carlos Ashida. Otro tema interesante sería especificar quiénes son, exactamente, los llamados “voluntarios” que están ayudando a Carlos Ashida en su trabajo de curaduría en el ICC.

Tal vez MILENIO JALISCO podría volver sobre el tema, por medio de entrevistas e investigaciones futuras, para proveer al público una gama más completa de información, que promueve el seguimiento de temas de manera clara y fiable. Parece que el control de la calendarización de los espacios públicos para la exhibición del arte está cayendo cada vez más en manos de un puñado de personas que comparten ciertas inclinaciones estéticas, presuposiciones ideológicas y, a veces, hasta domicilios. Dichas personalidades ejercen un control hegemónico sobre el arte, lo cual utilizan para fines personalísimos. Según lo poco que se ha revelado –por el hermetismo intencional de los siempre discretos funcionarios–, los consejos curatoriales (tal y cómo existen) en los demás museos en Guadalajara suelen incluir algunas de las mismas personas, sus asociados, parientes o cónyuges. Por ejemplo, según fuentes confiables, en el Museo de Arte de Zapopan, Patrick Charpenel y José Noé Suro son dos de los miembros del consejo curatorial, y que en el Museo Raúl Anguiano, la esposa de Patrick Charpenel, Mariana Munguía Matute, forma parte del consejo, aunque no ha estado sesionando activamente. ¿Qué no deberíamos exigir saber sobre el Ex Convento del Carmen, el Museo Regional, el MUSA de la UdeG, el Museo de la Ciudad o el Museo de Periodismo y las Artes Gráficas?

Dale Kaplan

 

Violencia al peatón

Fui a Andares, cuando salí tenía que cruzar la calle que está entre el Peter Piper y las Krispy kreme. El tráfico estaba detenido así que crucé, cuando iba a la mitad, el carro de adelante comenzó a avanzar y a la señora de la camioneta plateada (con placas MGR2556) le era imposible esperar a que terminara de cruzar y con toda su “clase”, sus perlas y el iPhone con el que iba haciendo una llamada, decidió echarme el carro encima, volteé asustada y me gritó. Nos quejamos de la inseguridad, se nos olvida que la violencia la hacemos todos. Todos somos peatones.

Claudia López

 

Latidos silenciosos

Para celebrar el Día del Padre transcribo un fragmento de la carta que escribió a su hija Lieserl: “Cuando  propuse la Teoría de la Relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los prejuicios del mundo. Te pido aún así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación. Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor. Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas. El amor es luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se sirve y se muere. El amor es Dios, y Dios es amor. Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo. Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E=mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites. Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiese que en él habita, el amor es la única y la última respuesta. Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada. Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quintaesencia de la vida. Lamento no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta”. 

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui

 

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