Los correos del público

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Vergara y la Santa Inquisición

Sin el afán de polemizar, respetuosamente me permito dar respuesta al correo de Mauricio Cerna Bustamante. En ningún momento en mi correo dije que la infamia cometida por Ricardo La Volpe se ocultara, por favor no ponga palabras en mi boca, yo me refería a que en mi opinión no debió Jorge Vergara dar a la prensa nacional esa noticia porque a esa fecha, sin sustento legal todavía, por las repercusiones que traerá a su señora esposa e hijas, ellas  no tenían por qué sufrir indirectamente las consecuencias del grave error cometido por La Volpe, la fama pública de las personas no se debe afectar y menos si no se cuenta antes con una resolución judicial, eso cae dentro del derecho como difamación o el libelo . Recuerde que aún el peor de los criminales tiene derecho  primero a ser sujeto de un juicio, de otra manera nuestra sociedad se convertirá en una selva. Con relación a su aseveración de que la podóloga “es una profesional de conducta intachable por todos los que están en la institución y por tanto con cien por ciento de credibilidad” yo no dudo ni un momento que lo sea, pero eso se debe acreditar y comprobar ante el Juez durante el juicio y no basta con opiniones de personas interesadas, cercanas de la parte acusadora. Por cierto, creo que usted sabe mucho más de lo que los medios han dado a conocer pues nadie hasta ahora había hablado como usted lo hace de que La Volpe reconoció su culpa ante el auxiliar Ortega, no apareció esa afirmación en ninguna parte y ni siquiera en las actuaciones ante el MP. En relación a las pruebas a que hace alusión Mauricio, discúlpeme pero en nuestro derecho penal y en nuestra Constitución las únicas pruebas que existen y son válidas durante el desarrollo de un juicio, son las testimoniales (testimonios dados por testigos presenciales de un acto delincuencial) y las documentales (pruebas documentadas que deben apegarse a los requisitos legales), ninguna de ellas se ha presentado a la fecha, las acusaciones verbales de una supuesta víctima son solo eso, versiones de una persona pero que están sujetas ineludiblemente a la aportación de pruebas. Lo siento, pero es necesario que sepa Mauricio que los videos a que usted alude,  legalmente en México no han sido aceptadas a la fecha como pruebas definitorias que resuelvan un juicio, y esto se debe como usted debe saber a que pueden ser fácilmente manipulables. Por último usted habla de que a los acosadores y abusadores sexuales  hay que exhibirlos, sacarlos a la luz, lo cual yo comparto con usted pero este no es el caso estimado Mauricio, si nos ponemos a leer jurisprudencias, textos y a consultar diccionarios en materia legal, el caso que nos ocupa no se tipifica como acoso ni  como abusador sexual sino como el Primer Fiscal del Estado, Lic. Juan Carlos Nájera ya lo dijo públicamente sólo constituyen faltas a la moral (que no son poca cosa) que con una fianza se resuelve en unos pocos días. Por lo que respecta a su afirmación de que “hay que creerles a las víctimas” yo aplaudo y apoyo esa moción, siempre y cuando se aporten primero las pruebas necesarias y se respete el estado de derecho y la certeza jurídica, de lo contrario podríamos caer de nuevo en lo que buena parte de la civilización sufrió durante  la Santa Inquisición donde una sola versión de algún sacerdote bastaba para martirizar y quemar a las víctimas.

Mientras, permitamos que el litigio continúe en los Tribunales competentes y dejemos las apreciaciones personales para el círculo de nuestras amistades.

Emiliano González Abud

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Palabras necesarias

Leí con interés la entrevista al Señor Francisco Martín Moreno. También he leído algunas de sus obras. Concuerdo con él en que si todos conociéramos y aplicáramos la palabra “justicia”, otro gallo nos cantara. No me extraña ni me espanta el odio que dice tener a la Iglesia católica. En sus novelas, que él ha escrito como novelas, presenta escenas donde hace afirmaciones gratuitas y no muy decorosas de diversos protagonistas de nuestra historia patria. Luego, sabiendo que son novelas creadas por él, afirma que lo escrito es cierto y lo toma como hecho histórico irrefutable. Tantos historiadores serios dedicados al tema y para él todos son plumas espurias pagadas por no sé quién para ocultar la verdad que sólo él conoce.  Agrede así la memoria de, por ejemplo, Francisco Orozco y Jiménez, José Garibi Rivera, Anacleto González Flores, y por lo que leí en la entrevista, ahora va por Sor Pascualina y por Pío XII.

Ya que está conociendo palabras y buscando aplicarlas para mejorar nuestra sociedad, le sugiero busque en un buen diccionario las palabras “calumnia” y calumniador”, que espero le ayuden a ampliar su léxico y le permitan con el tiempo ayudarnos a hacer una mejor sociedad. 

Francisco Javier Aceves Ávila

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Razas peligrosas

Un evento más por agresiones caninas: Un perro pitbull atacó gravemente a su propietario y a su hija de un año de edad. El dueño apuñaló al perro dejándolo mal herido.

Como sabemos se trata de una raza que por su potente musculatura y agresividad es de alta peligrosidad, por lo que su tenencia se convierte en un asunto de Salud Pública. Ha sido prohibido y/o sometido a estrictas regulaciones, en otros lugares por supuesto. El perro obviamente no tiene culpa, la responsabilidad es del propietario y aquí es válida la sabiduría popular que dice que “los peros se parecen a sus dueños”. Para nadie es un secreto que la tenencia de pitbulls suele estar asociada a propietarios agresivos. Obviamente que también hay propietarios responsables que educan a sus perros. En la ciudad, la popularidad de esta raza ha aumentado de manera importante. En el “Baratillo” tienen una cuadra para compra-venta y los domingos pasean en la vía RecreActiva sin bozal. Hacen falta acciones oficiales.

P.D. La tragedia del mercado Corona  debe hacer reflexionar a las autoridades municipales, entre otras cosas, sobre las consecuencias de tolerar el comercio informal. Los vendedores de la Plazoleta fueron informales, se les permitió instalarse, con el tiempo “atiborraron” la plaza, la afearon y crearon derechos.

Agustín Ramírez Álvarez