Los correos del público

Los correos del público

Eficiencia y sensibilidad gubernamental

Leo en la prensa: Una señora se niega a juntar la nieve que a su pequeño hijo se le cayó ensuciando, supongo, uno de los inmaculados espacios del centro de la ciudad, por lo que la policía la reprende y, acto seguido, la lleva detenida en lo que parece, según la narración del periodista, una sobreactuada e innecesaria rigurosidad en la aplicación de ese curioso reglamento, o lo que sea, de “policía y buen gobierno”.

Por otro lado, se lee, dos empleados del Ayuntamiento de Tlajomulco, de nivel medio o bajo, – colijo al tener que usar un automóvil prestado –, cometen la imprudencia de dejarse ver usando vehículos oficiales en sus vacaciones. Ambos son cesados de sus cargos de manera fulminante.

Independientemente de que ambas prácticas serían inaceptables en una sociedad eficiente y justamente organizada bajo una gobernanza ejemplar, pero, y aquí entra la odiosa comparación, al leer algunos otros acaeceres que nos endilga la prensa a diario, entra la cuestión de por qué tan desmedido celo y tanto rigor en la aplicación de leyes y penas en actos ciudadanos de tan poca trascendencia o que pudieran arreglarse sin tanta alharaca. Aunque suene a candidez, ¿por qué no se aplica similar rigor ante casos realmente de lesa sociedad?

El auditor Godoy y personajes beneficiados realizan prácticas de manifiesta irregularidad administrativa y legal que conllevan la pérdida de ingentes recursos del erario en provecho personal. Funcionarios de diversa ralea y nivel usan recursos de, digamos, Pensiones del Estado; empréstitos de organismos internacionales, bancarios de presupuestos federales, y los orientan a inversiones de dudoso éxito pero de manifiesto beneficio personal (Chalatepec), a proyectos, si no descabellados, sí fuera de todo razonamiento social (presa de Arcediano, Autovía elevada); a preparativos e instalaciones de unos juegos deportivos cuyo fasto y dispendio van directamente proporcional al mal gusto y al beneficio, otra vez, personal de los funcionarios en turno. Dinero que debería haber ido a paliar las carencias de agua potable de una población marginada del derecho al servicio acaban en bolsillos del dependiente oficial del caso. Estudios, proyectos y obras son hechos sin ton ni son (léase, sin planeación) pero con publicidad propagandística de retórica hasta cursi para dizque solucionar un transporte colectivo que ni público es – por más que se empeñen en así catalogarlo –, y del cual se sabe en dónde está el problema y cuál la solución y largo etcétera. Ante tal caos y los mil y un más que nos endilga la prensa a diario, ¿por qué no se aplica la ley con similar rigurosidad que en los fútiles eventos citados?

Y ante todo esto, ¿tiene caso la creación y sostenimiento de comisiones, defensorías, observatorios, consejos y demás cosas “ciudadanas” ante un sistema de gobierno repelente a todo lo que huela a justicia social, a una real participación ciudadana efectiva en la toma de decisiones públicas? Con todo ello, ¿no se le está haciendo el juego al sistema y creando falsas expectativas a la población que, ingenua, continúa esperando que los que tienen secuestrado al país cumplan con la siempre atrasada promesa de que la justicia, no las simples leyes, impere en la consecución de mejores condiciones de vida para la población en general?

¿Alguien de algún tipo de gobierno o periodismo podría instruirme al respecto?

P.D. Hablando de nimiedades, ¿qué hace una patrulla las 24 horas del día resguardando una mansión de dimensiones y mal gusto descomunales en la calle club Valle Alto, en el fraccionamiento Atlas Country Club? ¿Reportero?

Silvia Preciado

 

Verdad

Como escribió William Shakespeare en su obra Hamlet: “Algo podrido huele en Dinamarca”.

Respecto al asunto del Club Guadalajara contra Ricardo La Volpe, algo no está muy transparente.  Y ni Ricardo La Volpe, ni Jorge Vergara ganarían un concurso de reinas de la simpatía. Pero el hecho de que Jorge Vergara saliera primero a decir que despidió a La Volpe por conducta impropia, sin haber esperado a que se llevara a cabo un juicio y saber finalmente si La Volpe es culpable o inocente, ya da mucho en qué pensar.

Si como dijo ya el Fiscal General de Jalisco, el señor Luis Carlos Nájera Gutiérrez de Velasco, el lugar donde presuntamente se efectuaron los hechos entre La Volpe y la podóloga, es un cuarto cerrado, sin cámaras y que sólo se vio (¿Quién las vio?) entrar a estas dos personas, entonces todo se reduciría a la palabra de la señorita contra la palabra de La Volpe. Y por tanto es muy necesario que se lleve a cabo el juicio antes de acusar quién es culpable y quién es inocente.

Entonces, ¿cómo Vergara habló ya con tanta seguridad acusando a La Volpe como culpable y que por eso fue despedido del club? Y además primero se dijo que La Volpe sería acusado de “conductas impropias”, luego de “acoso sexual”, y por último de “atentados al pudor”, ¿entonces?

Creo que lo correcto debería haber sido entablar la demanda bajo los cargos bien definidos y esperar el veredicto del juicio antes de hacer declaraciones a priori. Y en todo caso haber dicho que a La Volpe se le despidió porque no dio los resultados esperados.

Ahora, tal vez me voy a leer muy “mocho” pero finalmente la religión católica es la que profesamos más del 90 % de los mexicanos, y en ella tenemos un mandamiento que nos exige: “No levantarás falsos testimonios ni mentirás”. Y también sabemos que hay el pecado “de omisión”. 

Espero que tanto La Volpe
como la podóloga se conduzcan con la verdad en sus declaraciones, así como todos los que den su testimonio por ambas partes. Y que también los que hayan sido testigos de algo que pueda llevar al esclarecimiento de la verdad, no se vayan a quedar callados y se “hagan de la vista gorda”. Va de por medio el prestigio y la larga carrera de un futbolista como La Volpe, de una señorita como la podóloga, y de una institución como el Club Guadalajara y de sus dueños como Jorge Vergara.

Enrique Acevedo Ávila

 

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