Los correos del público

Los correos del público

Crucifixión y triunfo

Para los que somos fieles católicos la crucifixión no es una derrota, es el triunfo de la vida sobre la muerte, del amor contra el odio, de la verdad contra la mentira, del bien sobre el mal, podemos pasar muchas penurias, pero al final sabemos quién triunfara. Cristo vino a enseñarnos y salvarnos con su amor, bondad, sabiduría, sacrificio y  resurrección.

La Semana Santa es el clímax de la obra de Jesús, recordarla es volver a vivir, Cristo es el protagonista de esa película donde nos identificamos y sufrimos su misma suerte, pero al final el bien sale  triunfante, siempre en congruencia con la doctrina del amor que Cristo vino a enseñarnos.

No me canso de re vivir cada año la pasión de Cristo, ir a la Judea en vivo en una de las múltiples representaciones que se hacen por la ciudad o fuera de allá, sirve para reflexionar, volver a tomar conciencia, tocar el piso, en un mundo materialista que predica todos los días y por todos los medios precisamente lo contrario de lo que vino a enseñar Jesús, es reconfortante volver a tener contacto con lo verdaderamente importante, lo que realmente nos hace felices, religarnos con Cristo y toda su obra.

Fabián Torres Hernández

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El Zapotillo

Señor gobernador he leído sobre la presa El Zapotillo en Temacapulín y no puedo dejar de pensar en otra presa de la cual ya casi no se habla y que costó 1,200 millones de dólares, La Yesca, que Calderón inauguró algunos días antes del fin de su mandato y que según se sabe carece de lo principal, el agua.

Ahora otra presa señor gobernador, ¿ha pensado en la construcción de bocas de tormentas? Esto costaría mucho menos que una presa y son tantos los millones de metros cúbicos de agua que se pierden en cada temporada de lluvias cada año que con ellos esta ciudad no debería tener problemas de agua. Sé que no lucen tanto unas bocas de tormenta a como una presa, pero créame, el pueblo se acordaría en mucho mejores términos de usted con ellas.

José Amar Galindo

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García Márquez

Nunca es bueno que un escritor muera, es un verdadero desastre, y en los  últimos años ha sido terrible para nuestro país: Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Rubén Bonifax Nuño, Carlos Monsiváis, Juan Gelman, Álvaro Mutis y ahora Gabriel García Márquez. Escritores que dominaron el siglo XX mexicano y claro otros.

No queda más que releer sus obras como un homenaje mínimo a su memoria. De don Gabriel García Márquez voy a iniciar con El coronel no tiene quien le escriba y Obra periodística y seguiré poco a poco con los demás libros. Un  abrazo cariñoso a su familia.

Humberto Barragán

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Sin cerebro

En el caso del señor Cuauhtémoc Gutiérrez, es un despropósito afirmar que la opinión pública es una hidra de mil cabezas y ningún cerebro. Aquí el problema es que el personaje de marras fue exhibido públicamente, igual que fue exhibido el góber precioso, para abreviar, igual que han sido exhibidos incontables personajes de la política de este país por la acumulación de fortuna absolutamente inexplicables, y no les ha pasado nada ni les pasará nada porque son protegidos del sistema. Que no se alarme el señor Gómez con la opinión pública, que no es más que eso, opinión pública. Da la impresión de que don Ciro, por quien guardo un profundo respeto, tiene tantas apariciones en los medios que ya no tiene tiempo de hacer periodismo y se ha convertido en un externador de juicios subjetivos y para juicios subjetivos, pues ahí están los de la opinión pública. Lo escribo sin dolo, si don Ciro fue tan conmovido por las lágrimas del personaje, porqué no asume su defensa. Lo que es una hidra de mil cabezas inútiles es el Sistema de Justicia en este país.

Por otro lado, en muchas secretarías de estado se ejercen las mismas prácticas que en las oficinas del PRI capitalino. Allá por los sesentas trabajé en las oficinas de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. En el edificio de la calle de Eugenia. Había una edecán en cada piso, faltaban cuando querían y llegaban a la hora que querían y su único temor era ser despedidas por no asistir a alguna de las fiestas de sus jefes, así de fácil y eso no es ningún secreto. De modo que si al góber precioso no le pasó absolutamente nada, pues a Cuauhtémoc menos.

Finalmente, imaginemos lo inconcebible: que la opinión pública, esa hidra de mil cabezas sin cerebro defendiera y hasta exonerará a alguien por sus puras lágrimas y por bajar de peso. No, pos si.

Ángel Alonso García

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