Los correos del público

Los correos del público

Réplica enviada a MILENIO

El Sr. Emilio Pérez Ramos sigue con malabares verbales queriendo justificar sus afirmaciones infundadas, que aumentan mientras más escribe.

1.- El asunto central motivo de la discusión era su afirmación de que los antiguos mexicanos eran vegetarianos, y ya le debe haber quedado claro que no lo eran, que eran omnívoros.

2.- Ahora yéndose al polo opuesto, discute, que el carácter omnívoro del hombre es mucho más antiguo que los ca. 3 millones de años que indiqué.

Que los chimpancés coman ocasionalmente carne, le da la base “científica” para estimar y afirmar que otra especie: el hombre tuvo que ser omnívoro mucho tiempo antes, sin indicar fecha. Por lo que se ve, en base a este tipo de silogismos fundamenta su cultura. Para su conocimiento y aunque “le parezca un despropósito”, el último antepasado común de hombres y monos se ubica hace ca. 7 millones de años. Los Australopithecos que siguieron la línea humana eran herbívoros. Hace ca. 3 millones de años aparece el género Homo y las diferentes especies estudiadas ya eran omnívoros, los mas antiguos: H. rudolfensis (desde ca. 2.5 millones de años), H. habilis (desde 2.3 mill. años), por mencionar solo algunos.

3.- Dice que mi tabú no es reconocer la antropofagia. Como puede comprobar no me he referido a ella en mis cartas ni directa- ni indirectamente por varias razones. Para empezar estamos hablando de “Dieta”, y por esta se entiende el régimen alimenticio, lo que se come regularmente todos los días. Los sacrificios rituales efectuados en ciertas ceremonias y el consumo de pequeñas porciones, principalmente del corazón, no eran generalizados ni eran diario. En este sentido la carne humana no era parte de la dieta,  aunque no nos guste la comparación, era el equivalente a la hostia del catolicismo. Es otro tema.

4.- En el primer escrito dice textualmente “Entre nosotros, antes de la conquista teníamos una dieta vegetariana.” y en el segundo  dice que su afirmación “solo se refería al pueblo nahua…”. Utilizando su modo de razonar debería concluir que usted es nahua y se alimenta fundamentalmente de tortillas. ¿Me equivoco?

Agustín Ramírez Álvarez

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Dadme vuestra conciencia

Philip Staler, doctor en psicología egresado de Harvard, narra la historia de dos hombres pobres íntimos amigos, uno blanco y otro negro, que viajan juntos en busca de una nueva tierra de promisión de la que habían oído hablar. El cuento revela los efectos psicológicos y sociales que supone vivir en las sociedades del primer mundo. Los dos hombres pobres, uno blanco y el otro negro, encuentran en el camino un brujo que les dice: “Dadme vuestra conciencia y os haré ricos y así viajaréis elegante y cómodamente”.  La propuesta del brujo no le interesa al hombre negro, pero al blanco le parece bien. Tan pronto le da su conciencia, se encuentra hermosamente vestido, jineteando un fino caballo.  El hombre negro continúa a pie y no puede seguir su paso y esto enfurece al hombre blanco. Se burla de sus ropas viejas y cada vez que cae le azota con su fusta.  Ha perdido completamente el sentido de compasión.  Cuando el hombre negro amenaza con abandonarle, el blanco le ata al caballo y lo lleva arrastrando: tiene miedo de viajar solo. Entonces el hombre blanco pierde todo interés por el viaje, no disfruta de las cosas que le rodean, y su única satisfacción es compararse a sí mismo con el “amigo”, a quien trata como a un esclavo.  En cada pueblo se detiene para hacer ostentación de su riqueza y aumentarla, cosa que logra jugando dinero o estafando a los lugareños.

Un día se encuentra con uno igual que él: ambos pretenden hacer trampas en el juego y terminan de pleito.  De las palabras pasan a los puños, y luego a las armas.  En el tiroteo mueren ambos. El hombre negro logra recuperarse de las llagas sufridas en el camino, toma el caballo del blanco y prosigue su viaje. La diferencia entre el opresor y el oprimido es interna. No interesa a quién se oprima, atropelle o contamine con tal de ser los amos. Obama no proviene de una familia influyente o poderosa, sino que representa la condición típica estadounidense. Su carisma trasciende su herencia biológica y el color de la piel. El mensaje de Obama es poderoso para el mundo: “Yes we can”.  ¡Sí podemos!

Las naciones en desarrollo también pueden lograr la prosperidad, también pueden, a través de una democracia auténtica, obtener una vida digna. No es necesario sacrificar la conciencia. No es necesario vender el alma.

La Tierra Prometida siempre ha estado ante nosotros y es para todos. Aunque continuamos buscando el camino hacia las estrellas, éste no está oculto.  Serpentea con gracia entre los espacios y relaciones que existen entre las naciones, las personas y las cosas.  Ha estado ahí desde el principio de los tiempos, pero no ha sido fácil para los humanos reconocerlo.

Blanca Esthela Treviño de Jáuregui

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