Los correos del público

Los correos del público

Mail

acentos.gdl@milenio.com

Fax

3668-3105

Carta

Calzada del Águila 81-Z, Colonia Moderna CP 44190, Guadalajara, Jal.

• • •

Aclaración

He leído con sumo interés el artículo: “Guadalajara, la ciudad que ninguneó a Octavio Paz”, escrito por el Señor Agustín del Castillo, visible a hojas 6 y 7 del periódico MILENIO JALISCO que se publicó el día de hoy.

Como no estoy de acuerdo con lo expresado en algunos segmentos del artículo, quiero hacer algunas aclaraciones en obsequio a la realidad de los hechos, ya que en parte a mí me tocó vivirlo; señalando al efecto lo siguiente:

Primero. Es verdad que el proyecto de restaurar el ex- Templo de Santo Tomás nace como un propósito de aprovecharlo para biblioteca entregándosela a la Universidad de Guadalajara, a petición del Licenciado Raúl Padilla López, rector de ésta casa de estudios presentada ante mí como Gobernador del Estado.

Segundo. La solicitud en cuestión fue elevada al Señor Presidente Carlos Salinas de Gortari, señalando la importancia de que la restauración del inmueble pudiera realizarse de inmediato a fin de que la obra estuviese concluida en el mes de julio de 1991 a fin de que fuese inaugurada con motivo de la Primera Cumbre Iberoamericana.

Tercero. El Primer Mandatario de la Nación estuvo de acuerdo con la petición elevada ante él y propuso que el costo de la restauración fuese dividido a partes iguales entre el Gobierno Federal y el del Estado, comprometiéndose además a asumir el costo del equipamiento de la biblioteca, lo que correría a cargo del Ejecutivo de la República.

Cuarto. Cuando el inmueble estuvo restaurado, el Señor Presidente me comentó la conveniencia de que la Biblioteca llevase  el nombre del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz; deseo que puse en conocimiento del Rector de la Universidad por cuanto que su aceptación era necesaria, ya que el bien inmueble en cuestión había pasado a pertenecer por disposición Federal a la Universidad de Guadalajara. Con esta situación estuvo de acuerdo el Licenciado Raúl Padilla López no sin que previamente se haya valorado por él la pertinencia de atender la propuesta Presidencial. 

Quinto. Es dable decir que el Presidente Salinas actuó con generosidad para la Universidad,  ya que además de que su gobierno hubo aceptado aportar el cincuenta por ciento de las erogaciones concernientes a la obra de reconstrucción, determinó que con cargo a la Federación se dotase del mobiliario  y de todo el equipamiento necesario para que la biblioteca fuese como estoy seguro lo es, un motivo de orgullo que pudo mostrarse ante los mandatarios de todo Iberoamérica, el Gobernador de Puerto Rico y los más altos funcionarios de los Organismos Internacionales que fueron invitados a los actos de la Cumbre.

Licenciado Guillermo Cosío Vidaurri

• • •

Paz y sus ninguneadores

En la misma edición de este diario (MILENIO JALISCO, 1º de abril) en que su colaborador Jorge Souza dice que Octavio Paz no fue “ninguneado” por las instituciones culturales de Guadalajara, el escritor Fernando del Paso afirma lo contrario. Obviamente, uno de los dos se equivoca y ése no es Del Paso.

Oficialmente, Octavio Paz vino sólo en tres ocasiones a Guadalajara: en dos de ellas invitado por el gobierno de Jalisco (7 de febrero de 1959 y 9 de septiembre de 1987) y en otra por la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guadalajara (1 y 2 de noviembre de 1972). Sin invitación oficial, estuvo también en la capital de Jalisco en 1986, cuando el escritor trabajaba en México en la obra de Octavio Paz (libro y serie de televisión) y vino para hacer un recorrido por varios de los murales de José Clemente Orozco.

 Cuando a fines de noviembre de 1987 la UdeG echó a andar su Feria Internacional del Libro (FIL), a los organizadores no se les ocurrió invitar a Paz -quien apenas dos meses atrás había venido a participar en la entrega del Premio Jalisco a Juan Soriano- ni a la primera edición de la FIL ni a las tres siguientes. ¿Eso no es ninguneo? Los escritores invitados fueron otros (Juan José Arreola, Fernando Benítez, Carlos Fuentes, Edmundo Valadés, Augusto Roa Bastos...) y en torno a ellos transcurrió la feria durante sus primeros años.

Más aun, cuando se celebró la cuarta edición de la FIL (fines de noviembre y principios de diciembre de 1990) la más importante noticia literaria en México y en el mundo era la obtención de Octavio Paz del Premio Nobel de ese año (11 de octubre de 1990). Pero inusitadamente en la FIL no hubo ningún acto para celebrar o al menos referir tan trascendental reconocimiento. ¿Esto tampoco es ninguneo?

Para entonces, era más que obvio que los jeques de la UdeG, con el rector Raúl Padilla a la cabeza, habían tomado el partido Carlos Fuentes en el conflicto que éste tenía con Octavio Paz. Con ello la nomenklatura de la UdeG arrastró a la institución (una institución pública) a una querella que no le correspondía.

 Esta toma de partido fue tan evidente para el premio Nobel mexicano que un año después -cuando por disposición del presidente Carlos Salinas de Gortari se le impuso el nombre de “Octavio Paz” a la Biblioteca Iberoamericana, que fue entregada a la UdeG e inaugurada durante la I Cumbre Iberoamericana, con la presencia de todos los jefes de Estado reunidos en Guadalajara- Paz desairó la invitación para venir a la inauguración de “su” biblioteca y se limitó a enviar un texto de tres cuartillas que leyó Víctor Flores Olea, por entonces presidente del recién creado Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

 Por ello también Paz, cuya presencia se había vuelto políticamente mucho más apetecible a raíz del Premio Nobel, “bateó” las posteriores invitaciones de Raúl Padilla y asociados.

Por último, es casi seguro que Paz no tuviera una buena opinión de la tristemente célebre Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), y que tampoco le resultara muy atractivo venir -algo que el señor Souza calculadamente calla- como invitado de una universidad cuyo rector había sido formado por la FEG y luego se convirtiera en presidente de esa represora organización progobiernista, más gangsteril que estudiantil y no sólo durante el movimiento de 1968, sino años después de los trágicos acontecimientos que acabaron por marcar la historia moderna de nuestro país.

Si esta intervención de un espontáneo no se hubiera prolongado más de la cuenta, podría seguir enumerando otros casos de ninguneo como, por ejemplo, que ni Paz ni su obra han figurado en la Cátedra Julio Cortázar y ni siquiera un título suyo ha sido propuesto para leerse durante el Día Mundial del Libro, que la FIL organiza desde hace muchos años a un costado del Paraninfo de la UdeG.

Conclusión: Fernando del Paso está en lo cierto y Jorge Souza se equivoca.

Juan José Doñán