Los correos del público

Los correos del público

Sobre transporte público

Marchas y diferentes tipos de acciones en contra de los permisionarios del transporte público urbano, etc. Y fácilmente van más de tres décadas en los que no se miran resultados e incluso al “flamante” ex diputado local Aubri, de la Comisión de vialidad no le vimos en su alarde alguna iniciativa en favor de los miles de usuarios del transporte público en la zona metropolitana, y así ha resultado que cada trienio los señores  legisladores no han demostrado un punto de acuerdo serio y contundente a favor de la ciudadanía. Recordemos que incluso algunos caciques sindicales también son dueños generacionales, es del conocimiento público que cuando un chofer de alguna línea de transporte público mediante algún incidente provocado o no; “los rematan” para cerciorarse de que el usuario haya fallecido, porque resulta que de esta manera para “ellos” lamentablemente salga más barato que el que esté vivo y/o mandarlo a algún hospital. Porque de hecho sus seguros y convenios maquiavélicos con sus mismos patrones así lo realizan ¿Dónde está alguna iniciativa de ley presentada por algún legislador (a) para modificar tal atrocidad? Por igual muy poco se ha visto una mejoría en la atención al usuario, ya que al subirse en la unidad apenas se está con el pie arriba y ya están dándole  en marcha y de la misma manera al bajarse, observando más dificultad en la gente de la tercera edad y en mujeres. Retomando el tema, los choferes que logran huir ante un accidente o que incluso son detenidos; los liberan rápidamente precisamente porque no hay una iniciativa de ley para anclar dicha situación y bien sabemos que dinero de por medio es bastante; y ¿dónde están los diferentes actores políticos como Alianza Ciudadana? que preside Enrique Alfaro, que también estén presentando una iniciativa para proyecto como propuesta ciudadana. Pero y como dicen los grandes filósofos nadie es dueño de la verdad absoluta y todos creemos tener la razón, pero sí es una realidad el que los representantes del pueblo que son  los legisladores, pueden dar un valioso aporte para tan noble causa.

Gerardo Curiel Díaz

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No es la clase, son los derechos

En 2009 se conmemoró el quincuagésimo aniversario de la aparición del Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, que ha sido punto de partida del feminismo actual.  El Vaticano lo catalogó como libro prohibido seguramente porque la autora pone en entredicho la moral judeocristiana. En la moral existencialista, comenta Teresa López Pardina,  (Ediciones Cátedra, Universitat de Valéncia, Instituto de la mujer) no ejercer la trascendencia es siempre una falta moral: si no me asumo como libertad, si no reconozco que mi propia forma de ser es existir abierto hacia el futuro que forzosamente ha de elegir lo que quiere ser, si no elijo ser algo, si no hago proyectos, entonces me rebajo ontológicamente y me equiparo a las cosas, seres en sí, pura inmanencia. Como conciencia el ser humano es lo que no es, es “referencia a”, es intencional; y como libertad “no es lo que es” porque esa nada que llevamos permanentemente es un proyecto de ser lo que no es, de hacerse otra cosa a través de lo que proyecta ser.

 La mala fe queda ejemplificada en el caso de una mujer virgen que elige perder su virginidad, pero que en el momento de ser penetrada piensa “todo menos mi cabeza”, niega la trascendencia de abrazo amoroso y se transforma en inmanencia corporal, pura relación cosificada. La inmanencia elegida es pura mala fe, autojustificación; pero la inmanencia infligida ya no es una falta del sujeto: es un mal que padece porque algo exterior a él le impide realizar su libertad (como la esclavitud, o la violencia y discriminación que se ejerce contra las mujeres desde el feminicidio, la violencia psico-corporal urbano rural, la doble jornada de trabajo, y las discriminaciones por cuanto  mujer, pobre, analfabeta o indígena).

Bajo el logo de la alianza obrero campesina observo la pancarta de la marcha  del Día Internacional de la Mujer el pasado ocho de marzo. No es acertado decir que la lucha por la igualdad de género es excluyente de la lucha de clases. Al contrario, la lucha de clases implica lucha por la igualdad de género pues desde que reproducción y sexualidad se hicieron excluyentes entre sí gracias a los anticonceptivos, el género femenino ha logrado incrementar la igualdad de oportunidades, condición sine qua non  para su participación ciudadana en todas la luchas por los derechos humanos; no solo de clase.

Emilio Pérez Ramos

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