Los correos del público

Los correos del público

Respuesta

En respuesta a la carta enviada por el Dr. Julio del Valle Guillén. Realmente espero que no sea usted pediatra. Me asusta, me preocupa y me indigna si así lo es. No puedo imaginarlo en una corte de cualquier país, acusado de pedofilia, aduciendo en su defensa que no es el único pedófilo en el mundo. Que al cabo que hay muchos y de muchas otras profesiones, que es una condición humana (¿en verdad es usted acaso doctor? ¿en medicina? ¿en verdad es usted léido y escribidor?) y que están usando el tema como una especie de “cacería de brujas” en su contra. Y si bien me aterra que sea usted doctor y tenga un consultorio y haga revisiones de pacientes a diario, me aterraría muchísimo más que la justicia de ese país en donde hemos colocado el supuesto de que usted fuera acusado de pedofilia, cuando usted fuese acusado, decidiera cerrar su consultorio… sólo para abrirle otro en una colonia diferente, o una ciudad al otro lado de ese país para que pudiera abusar de más niños durante varios años más como lo había venido haciendo en su antiguo consultorio. Y que así pasara su vida, de ciudad en ciudad, abusando de niños nuevos, carne fresca, lejos de la sospecha de sus vecinos por ocultar su pasado y no permitirle, sino auspiciarle un consultorio nuevo cada vez que reincidiera.

La pedofilia es horrible. En cualquier ser humano. Deleznable. Y si es uno de los peores crímenes de nuestras sociedades, en lo particular me parece peor en profesiones que tienen a los niños puestos en bandeja de plata, a quienes sus padres se los llevan con absoluta confianza porque se supone que asumen una responsabilidad un poquito mayor respecto del cuidado de ellos: maestros, médicos, enfermeros y sí, sacerdotes o líderes religiosos en general. Y me parece peor en estos últimos porque hicieron votos, juramentos, se suponía que tenían un llamado, una vocación. Y rompen con toda la confianza, con ellos mismos y con quienes les rodean. Y pese a su investidura no asuman una responsabilidad con ellos, con sus superiores ni con su Dios.

Entendámosla como una enfermedad y si usted quiere, no satanicemos a los pedófilos. Entendámoslos. Pero no por ello lleguemos al ridículo de protegerlos. Hagamos algo al respecto, algo como lo que hace la justicia de cualquier país de a de veras, no el lugar en donde su mente divaga. Y quiero decir: Encerremos a los pedófilos por sus crímenes cometidos y dejemos de solaparlos. La iglesia católica solapa a estos criminales. Les ayuda a seguir violentando niños. Juan Pablo II  solapó a uno de los peores seres humanos que ha habido en este planeta. La razón era sencilla: el criminal le llevaba billetes de colores de todas las denominaciones y monedas por millones. Y lo nombró Santo Varón. De eso no hay duda. No es un ataque contra su iglesia. Hoy más que nunca se convierte en una exigencia para que haya justicia, que las víctimas sean resarcidas y dejen de existir más víctimas. Tal como hay casos abiertos de rabinos o pastores cristianos o abogados o ingenieros o doctores o albañiles. Ni más, pero por favor, ni menos.

Andrés Amado Zuno Sandoval

 

Desilusionante feria

Muy desilusionante resultó la programación del Ayuntamiento para conmemorar el 472 aniversario de la fundación de Guadalajara. No hubo un evento que valiera la pena, así que la buena música, el teatro, el ballet y la ópera brillaron por su ausencia. Pero eso sí, hubo lugar para ska, folclor y picones con chocolate. ¿Y así quieren que todo mundo nos tomemos foto y sonrientes digamos “Me encanta Guadalajara”? Esta programación  a la vista de quienes nos gusta la buena música y a los que nos observan desde afuera, es una realidad vergonzosa, ya que si esa es nuestra cultura, ¿qué será lo demás? La Orquesta Filarmónica se suma a las festividades con un programa popular y música de películas, así los grandes compositores y el arte verdadero se ausentan y a nadie parece importarle. Sé que muchas propuestas valiosas fueron rechazadas y solo me resta pensar que de nuevo las autoridades que ocupan los puestos de las áreas de cultura locales y del estado, son las erróneas, proclives a politizar todo y a mostrarse indolentes ante las inquietudes y ofrecimientos de los gestores expertos, los artistas y los ciudadanos sensibles, capaces de creer que nuestra triste realidad puede cambiar. Si el pretexto es que no hay recursos para eventos de calidad, que desaparezcan entonces esas coordinaciones y direcciones, de esa manera estaremos seguros de que no hay eventos porque no hay quien los haga, y no porque quienes deciden los proyectos y espectáculos carecen de cultura, educación y respeto por los ciudadanos que pagamos sus sueldos.

Karen Isabel Lara

 

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