Los correos del público

Los correos del público

El bueno, el malo y el feo

En este caso no hablaremos de Clint Eastwood (bueno), Lee Van Cliff (malo) y Eli Wallach (feo), nos referimos al pueblo, al narcotráfico y a la policía de Michoacán, pero antes de calificar a los buenos como buenos y a los malos como malos, recordemos que si algo caracteriza a las películas spaguetti western de Sergio Leone es que todos luchan por sus respectivos objetivos sin remordimiento alguno y harían lo que sea necesario por conseguirlos, por lo que realmente ninguno es totalmente bueno ni totalmente malo, aunque en el caso de Michoacán, a diferencia, los malos definitivamente son malos.

El bueno: El pueblo cansado de la impunidad de la policía y de la violencia extrema del narcotráfico, elegantemente llamados Los caballeros templarios, se ha levantado en armas proclamando una especie de justicia ciega anárquica “antitemplaria”, que si bien es cierto cumple la necesidad del pueblo de protección que la policía no tiene capacidad para brindar, va en contra de cualquier principio de República Democrática como la que tenemos y que paradójicamente el objetivo de estos es justamente la paz.

El malo: Los narcotraficantes de Michoacán cuyo seudónimo evoca algún tipo de novela de Dan Brown sobre masones que gobiernan al mundo, se caracteriza por una violencia extrema, sin ningún tipo de conciencia y matando a civiles e inocentes por igual, a diferencia de la vieja escuela de Sinaloa, su objetivo es la ambición económica y de poder, y para lograrlo hacen uso de sus más instintos primitivos de violencia.

El feo: La policía debería ser la salvaguarda de los primeros y la mano dura contra los segundos, su concepción fue esa desde hace cientos de años, pero los antiguos no contaban para su definición que algunos siglos después aparecería una secta delicuencial que estaría por encima de ellos, actualmente esta “policía” ha mostrado una serie de lagunas de inseguridad llamadas impunidad, misma que hace inoperante el desarrollo adecuado de la República Democrática tal cual los “buenos” con su autodefensa ilegal y los “malos” con su paraíso de autogobierno, el único objetivo de la policía es no ponerse en riesgo ellos mismos ante una lucha en donde ya no tienen cabida.

Las películas de Sergio Leone además de ser muy extensas, se caracterizan por tener finales en donde todos los protagonistas mueren menos uno, que es el que logra cumplir su objetivo, veremos en este caso quién es el victorioso, si el bueno, el malo o el feo.

Luis Guillermo Macías Zúñiga

 

Deshonestidad de diputados

En días recientes la mayoría de diputados del PRI y del PAN en el Congreso se descararon y anularon el reglamento que ellos mismos habían acordado para transparentar el uso de los 93 mil pesos que reciben para sus casas de enlace, cada uno de ellos. Se quitaron la máscara de plano para poder gastar ese dinero en lo que mejor les venga en gana, con la justificación, según el coordinador de la fracción parlamentaria del PRI, Rafael González Pimienta, de que el reglamento estaba de más porque ya existía una ley superior, la Ley de Contabilidad Pública y que estaban sujetos a la revisión de la Auditoría Superior del Estado, a cargo del contralor Alfonso Godoy Pelayo.

¿Cómo creerle que los diputados van a ser bien revisados por otro funcionario cuya reputación ha quedado en entredicho, ya que su actuación como contralor solo ha servido para ocultar las conductas deshonestas de los funcionarios acusados?  

Peor aún, el señor González Pimienta, según declaraciones publicadas en la prensa, argumenta a favor de la desaparición del reglamento que no es una medida de opacidad y que los incumplidos serán castigados; en días pasados había declarado que tratar lo de las casas de enlace era una pérdida de tiempo y que había cosas más importantes que atender.

Pues tiene razón el representante del PRI en que lo del reglamento no tiene que ver con la opacidad, yo diría que tiene que ver con la claridad de que a todas luces es una medida de deshonestidad, al dejar en libertad a los diputados de gastar el dinero en lo que mejor les reditúe para promover sus nombres y conseguir apoyos para posteriores cargos; que los que incumplan serán castigados, ¡por favor! si lo que mejor saben hacer los funcionarios del PRI, y que también han aprendido bien los del PAN, es a ser cómplices de las fechorías de sus compañeros garantizándoles impunidad (ahí está el caso de la regidora Ayón y del exgobernador Emilio González Márquez, quien gobernó por encima de la Ley en infinidad de casos). Tal vez por eso dice González Pimienta que es una pérdida de tiempo tratar el asunto de las casas de enlace, ya que no importan las irregularidades que se cometan, éstas siempre van a quedar impunes.

No cabe duda que nos falta mucho por hacer para transformar a nuestra sociedad, importante es despertar la conciencia ciudadana para que se organice el pueblo y le pueda pedir cuentas a sus gobernantes de manera efectiva, para que llegue el momento en que los intereses de los ciudadanos no sean la burla de los que gobiernan y que la dignidad de las personas sea un valor por encima de la corrupción y de la impunidad.

Roberto Gómez Lamas

 

¡Desvergonzados!

La vergüenza es el miedo a la deshonra y por antítesis la desvergüenza es el sentimiento de no tener temor a la deshonra. Cierto, la primera cuenta con la aprobación de los que no están contaminados de la ignomia pública, y la segunda siempre cuenta con la bajeza de los malos. Por supuesto que para que estas conductas se califiquen se requiere quien o quienes la personifiquen. En los diputados locales se materializan las dos conductas: la de la vergüenza en los que rechazaron la eliminación del reglamento para las casas de enlace; y la de la desvergüenza en los que votaron por su eliminación, siendo los más.

Estoy seguro que los de la conducta desvergonzada contradicen a sus propios partidos políticos en sus documentos básicos, y muy marcadamente los del PRI; su líder estatal, Hugo Contreras Zepeda, se ha pronunciado de manera progresista en esta cuestión de las casas enlace, al pedir su eliminación.

El “diputado” Pizano se erige en “el legislador de la iniciativa”, y los que completan los veinte la rubrican muy ufanos. Así el templo de la ley, en el poder de éstos, se convierte en el teatro de actores dispendiosos y frívolos. No así se incluyen a los que votaron en contrario. Este contexto legislativo desvirtúa el oficio político, al dar causa que la política es la materialización de la avaricia y fruición por el dinero del pueblo.

Estoy seguro que los que obraron de esta reprobable manera, no han leído los Sentimientos de la Nación, del presidente Morelos, tampoco las proclamas bolivarianas, ni esta de Martí: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros en sí que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Estos son los que se rebelan como fuerza terrible centra lo que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humanada. Esos hombres son sagrados: Bolívar de Venezuela, San Martín de Río de la Plata, Hidalgo de México”.

Y si me equivoco en esta premonición, esos “diputados” quedan como simples simuladores de los verdaderos hombres públicos.

Juan José Chávez Contreras

 

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