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FOMENTO A LA LECTURA, VIDA DE CALIDAD

Hace un año que publiqué sobre la necesidad de ir más allá de la simple lectura para tener un Estado lector. El mayor problema que tenemos en México es la falta de accesibilidad de la población al mercado cultural, el alto porcentaje de analfabetismo funcional, y la necesidad de contar con una sociedad civil y de la iniciativa privada que impulsen el fomento a la lectura.

Con independencia de que cada vez existen menos personas que no saben leer o escribir, aún se tiene que hacer frente al analfabetismo funcional, es decir, aquel fenómeno por el cual existe una gran cantidad de personas en nuestro país que con independencia que hayan superado el analfabetismo, no entiendan ni comprendan lo que leen. De acuerdo a los últimos datos de la UNESCO, más de 33 millones de personas en nuestro país son analfabetas funcionales, gran parte de nuestra población, sobre todos los sectores más vulnerables, carece de las capacidades racionales para tener un desarrollo humano adecuado que les permita tener una vida digna.

El mercado cultural no ayuda demasiado, ya que por más libros que se puedan donar a las instituciones educativas, se tiene que hacer frente al hecho de que el costo de los mismos fuera de estas instituciones son demasiados altos para que se puedan sufragar para una familia de escasos recursos e inclusive a veces para la clase media. Si a esto le sumamos el costo de traslado o lo amargo que puede resultar el trámite burocrático para acceder de manera gratuita a lo mismo, resulta desalentador el panorama de la lectura para nuestro país.

La lectura es un asunto de todos, pero en especial de la sociedad civil, quien debe de ser un embajador de la lectura, porque promueve la unidad en las colonias, así como el fortalecimiento y diversificación de la cultura. Es la primera puerta y enlace con otros mundos en donde se aprende a vivir con otras perspectivas, y encontrar soluciones que enriquezcan nuestra vida diaria, y nos ayuden a vivir en paz. Es extraordinario cómo un café se puede transformar en la biblioteca de un barrio y a su vez ser enlace con otras expresiones culturales y artísticas como es la poesía, la música, y pronto vemos cómo lo que era una colonia apática y aburrida ahora es una comunidad unida y llena de vida con grupos de lectura, de ayuda y sentido de solidaridad.

La FIL además de ser un gran evento cultural, creo que es un recordatorio constante y una meta a la cual debemos de aspirar como sociedad para empezar a abrir nuestra mente para transformarnos como embajadores de la lectura, que bien la iniciativa privada puede ver como una oportunidad para crear mercados y consumidores inteligentes para mejorar nuestro desarrollo humano y nuestra calidad de vida.

Lic. Germán Cardona Müller


ORQUESTA FILARMÓNICA DE JALISCO

 Tuve la oportunidad de asistir a todos los conciertos de la última temporada de la Orquesta Filarmónica de Jalisco que concluyó en días recientes. Quiero dar mis opiniones sobre esta oportunidad ciertamente grata en general. Los conciertos que más me gustaron fueron el primero y el último: Marco Parisotto dirigiendo con mucha pericia y sentimiento Rachmaninov y Bruckner (con un solista muy bueno: Peter Jablonski al piano) y Guido Guida que tuvo a su cargo el programa más difícil  en Wagner y Brucker y que supo, cercano a la perfección, extraer toda la fuerza y belleza de las monumentales obras seleccionadas.

El Joven Ballet de Jalisco es ya una compañía sólida, con excelentes bailarines, sin embargo, el programa que escogieron fue aburrido y al intercalar partes grabadas, hicieron un espectáculo “casi” profesional. El asunto mejoró en el programa “Tierra de Temporal” con un agradable trabajo de Josué Valderrama al combinar danza contemporánea y neoclásica, con poesía, canciones finas, coros y música mexicana de los grandes Moncayo y Galindo. Muy atractivo el Huapango que cerró el programa, pero lo mejor fue el bailarín solista Leonardo Blanco. La ópera La Traviata estuvo mucho mejor de lo que esperaba luego de ver dirigir a Vladimir Gómez en previas óperas en que su batuta fue lenta y sin vida.  En la ópera de Verdi estuvo bien a secas, pero lo peor fue el elenco de comprimarios y un tenor principal de voz lamentable. De la zarzuela resultaron las melodías gratas y bien dirigidas. Hasta allí. Espero que el año que entra siga la orquesta por tan buen camino en la elección de programas, artistas invitados, nuevas voces y batutas experimentadas. Nos deben más ballet, más ópera, más barroco y más música clásica contemporánea. ¿Donde están Mozart, Handel, Bach y Haydn?

Karen Isabel Lara