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¿Dónde están?

¿Dónde están ahora aquellos que quemaban camiones en las áreas  metropolitanas de Guadalajara y Monterrey en el sexenio de Calderón? ¿Dónde están los ejecutados, desmembrados, decapitados y colgados en lo más alto de un puente en las principales ciudades con su respectiva manta? ¿Dónde están las fotos de portada a ocho columnas y a todo color que nos enseñaban los diarios en el anterior sexenio? ¿Dónde están los grandes capos, las tremendas organizaciones delictivas, los z40, los del golfo, los zetas, los Jalisco, los de Sinaloa etc.? ¿Dónde quedó la cuenta de muertes del narcotráfico? Decenas de preguntas que no tienen una respuesta lógica. Lo cierto es que desde que llegó el PRI a la presidencia desapareció todo esto, lo que hace pensar que miembros distinguidos de este partido eran los organizadores de todo esto, ellos eran la mano negra detrás de todo, porque no hay otra teoría más o menos coherente que pudiese explicar todo este cambio tan repentino.

Luis Óscar Partida López

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De toros y derechos humanos

 A propósito de los manifestantes que hicieron acto de presencia afuera de las instalaciones de la Plaza de Toros Nuevo Progreso y del Ayuntamiento de Guadalajara, haciendo uso del Derecho a la Libre Manifestación de las Ideas, consagrado en nuestra Carta Magna en su Artículo 1º, quisiera también expresarme haciendo uso de este derecho de no discriminación, que no por accidente es el primero de nuestra Constitución: El pasado domingo 17 de noviembre, afuera de la plaza habían, megáfono en mano ¿30, 40 personas? Dentro de la misma habíamos 10,000 almas congregadas y con ellos, el gobernador, el secretario de Educación Pública y al menos un diputado, en ejercicio de los Derechos que la Carta Magna nos confiere a todos, como mexicanos. Nos encontrábamos reunidos por que la fiesta de los toros es inherente a la forma de ser de esas miles de personas. Los toros forman parte de la cultura de esas personas y por ende, la corrida es un hecho cultural, quizá no entendible para todos. Y digo hecho cultural, si consideramos una fuente de absoluta confianza y reconocida por el estado mexicano: La UNESCO. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial del 2003, define que el Patrimonio Cultural Inmaterial de las naciones son “Los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes, que las comunidades, los grupos y los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.”Así mismo, define cuáles son los elementos que debe cumplir el PCI para serlo, y son: “Tradiciones y expresiones orales, incluido el idioma como vehículo del patrimonio cultural inmaterial; artes del espectáculo; usos sociales, rituales y actos festivos; conocimientos y usos relacionados con la naturaleza y el universo; técnicas artesanales tradicionales.”Por tanto, la tauromaquia es cultura y es mexicana, porque la mexicanidad no es otra cosa que una mezcla cultural de los pueblos prehispánicos y de España, tan mexicana como la charrería o la Plaza de Armas, por tanto, los que digan que los toros no son una tradición mexicana, están mintiendo o viven en el error, en el primero de los casos para tergiversar, confundir, atender a intereses personales o partidistas, etc.; en el segundo, por ignorancia profunda de la historia de nuestra Nación. Es decir, la cultura se asimila y forma parte de nuestro ser mexicano, aunque no nos demos ni cuenta. Es por tanto el derecho humano inalienable, consagrado en el artículo 4º de la Constitución, sobre el derecho a la cultura y la obligación de las autoridades para promoverla y preservarla; protege nuestro derecho a ver toros de manera pacífica y ordenada… Y también los derechos del gobernador, del secretario, y de la diputada. Y las autoridades, al apoyar con escasos recursos a la Academia Taurina, Lejos de obrar mal, cumplen con este imperativo constitucional aludido. El cierre de la Academia Taurina, o de la Nuevo Progreso, es una violación a mis garantías constitucionales, a mis derechos humanos. Apelo al respeto de los anti taurinos, a la civilidad y a su educación. Porque en un estado donde se comienza perdiendo el civismo, se acaba perdiendo todo lo demás. Si existe un gramo de respeto al marco legal y las instituciones, debemos manifestarnos, sí, pero tolerar aquello que no nos guste o no comprendamos. La manifestación de una idea se torna violenta y falsaria cuando está plagada de calumnias, falacias e injurias: ni el gobernador, ni Ayón ni los otros 10 mil reunidos, somos criminales, torturadores, asesinos, violentos, inhumanos ni bárbaros, y nuestros hijos no deben escucharlo de boca de unos manifestantes reunidos so pretexto de su derecho constitucional. La libertad termina donde comienza la de los demás.

Andrés Moreno