Lecturas esenciales

Thomas Kuhn: "La estructura de las revoluciones científicas"

El filosofo estadunidense entendió que había que cuestionar el sentido purista de la verdad para entender más allá de su majestad la razón.

Thomas Kuhn (1922-1996) es uno de los más grandes provocadores del pensamiento de la segunda mitad del siglo pasado. Un rebelde de los disensos y un agente de los consensos. Kuhn representa el auge de una propuesta que marcó la segunda mitad del siglo XX y edificó las nuevas estructuras sobre el paradigma, la historia y la filosofía de la ciencia, ya que sus propuestas cambian las ideas de cómo se debería desarrollar el método científico.

Marc Zuckerberg, con el libro de Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, retoma su sexto reto de este año de lectura con esta imprescindible obra publicada en 1962 por Univesity of Chicago Press. Se trata de una reconstrucción total del mundo, de la ciencia y la cultura, para entender la revolución del pensamiento: desde la propia idea del ser de la ciencia hasta la tarea para estudiar y entender el desarrollo cotidiano del trabajo científico.

De tal suerte que la obra de Kuhn se convirtió en un clásico para todos los interesados en comprender el debate contemporáneo del acontecer científico y tecnológico. Kuhn, a diferencia de Penélope, si quiere terminar el tejido, teje de día el tramado para entender el pensamiento y en las noches vuelve a él para convalidarlo con sus pares; logra corroborar lo que piensa a partir de consensos en la llamadas comunidades científicas, que es en último caso la manera en que se crea el conocimiento empírico y teórico.

La obra del quizá más citado autor de los últimos 60 años da la sensación de ser un lienzo cómodo y práctico para quienes, preocupados por entender la historia de nuestra cultura como un todo, se pierden en frágiles caminos de propuestas individuales, mientras que para Kuhn la ciencia es el resultado de la combinación de la historia y la sociedad. El conocimiento es en suma una construcción social, incierta e histórica.

Para Kuhn es fundamental reconstruir la huella humana de cualquier trasformación del pensamiento científico. Por ello examina a partir de la naturaleza, el desarrollo de las grandes concepciones del mundo, pues asigna una gran trascendencia no solo a los resultados científicos, sino al comportamiento de quienes lo construyen.

De manera muy precisa al historiador y filósofo de la ciencia estadunidense le interesa mostrar cómo los científicos y sus comunidades fabrican, divulgan, esgrimen, emplean, admiten o impugnan las diversas teorías de las ciencias, de tal suerte que la orientación de toda la obra escrita de Thomas S. Kuhn parte un enfoque del hombre y de su historia.

La idea fundamental de Kuhn en su obra es la concepción del cambio paradigmático (paradigm shift). Para nuestro físico se trata de encontrar el acuerdo hacia un estudio riguroso, metódico y de gran alcance, de tal manera que se comprenda el continuo de la historia del pensamiento humano y de su principal expresión: la ciencia. Un cambio de paradigma es el tránsito social de un modo de pensar a otro. Una revolución que como tal es regida por agentes de cambio, en este caso, los científicos.

Uno de los mejores ejemplos de paradigma lo constituye la imprenta, ya que el uso de los libros y de una lengua nacional trajo consigo el inevitable cambio de la cultura, primero de un pueblo y más tarde del mundo entero, con un efecto directo sobre la revolución científica. La invención de Gutenberg en 1440 permitió que los libros estuvieran más disponibles y con formatos accesibles y baratos, lo que posibilitó que miles de personas tuvieran mayor acceso a la cultura y con ello las tradiciones comenzaran a cambiar, rompiendo la hegemonía del conocimiento de la Iglesia. Con ello se comprueba que a mayor libertad, el pensamiento expande su conciencia y eso es lo que constituye el paradigma.

Otro paradigma es la representación del mundo donde los modelos desarrollados por Ptolomeo y Copérnico muestran no solo un lenguaje, sino hasta los principales valores vitales y estéticos que construyen las sociedades científicas a partir de verdades parciales para modificar una manera de pensar y existir. Kunh invade las apasionantes contrariedades de los científicos; viendo de “otro modo lo mismo”. Así el epistemólogo de la ciencia encuentra efectivamente en la actividad de los científicos el movimiento del paradigma. Como he mencionado en otras ocasiones uno de los ejemplos contemporáneos que representan al paradigma kuhniano es lo que ocurre en el espacio de la comunicación, por ejemplo a partir del uso del internet, las redes sociales y la edificación de la aldea global. Así se desarrollan cambios sustanciales en la comunicación, conexión de personas y el fortalecimiento de los negocios. En todo esto el manejo de la información se vuelve el eje de estas variables. El cambio es inevitable y es la única verdad constante.

Una fascinante aportación de Kuhn es el romper el mito sobre la “verdad total” de la ciencia y esa añeja religiosidad al método científico, pues expone de una manera brillante cómo eso que llamamos ciencia no es otra cosa que una serie de enunciados y propuestas concensuadas entre la misma comunidad científica (como cualquier otro lenguaje) y que más que la inmovilidad de las proposiciones, el conocimiento científico se vitaliza ante el movimiento. Kuhn da muestra de que la ciencia no es un movimiento acabado, sino una permanente sinfonía inconclusa.

Para la biología de nuestros días la evolución no es una marcha hacia el progreso, hacia una meta. Es más bien un proceso en el que los organismos van hallando nuevas respuestas para ajustarse a las nuevas situaciones que se les presentan. De acuerdo con ello, esto se concreta en el proceso de especialización. En la historia de la ciencia, según Kuhn, sucede algo análogo. Los científicos y sus comunidades son capaces de solucionar los nuevos problemas que van surgiendo, y el modo de hacerlo, en este caso, es la especialización. El árbol evolutivo de la historia de la vida se ramifica en nuevas especies y el de la historia de la ciencia en nuevos enfoques de investigación.

La influencia de las propuestas teóricas y filosóficas de Kuhn han sido notoriamente trascendentes en el ambiente de las ciencias sociales. En economía, en psicología, en sociología se pregunta comúnmente: “¿cuál paradigma teórico es vigente y cuál está opuesto a otro?” Es posible que una de las razones de la vigencia de la propuesta de Kuhn sea la permanente discusión en ciencia sobre sus propios fundamentos. La prueba para un clásico es vulgarizarse, hacerse de todos, trascender la autoría para convertirse en un proyecto diario de la comunidad; Kuhn con su obra se muda de las torres de marfil al lugar común, al espacio que impone la regla y promueve la permanente discusión de cómo deliberar entorno al pensamiento científico y social. Podemos decir que para Kuhn vivimos en una crisis persistente de la ciencia.

Thomas Kuhn es el padre de la generación del paradigma, la que entendió que había que cuestionar el sentido purista de la verdad y la objetividad, para entender que más allá de su majestad la razón, nacida en la Ilustración (s. XVIII) existe el permanente movimiento de las ideas que son las que hacen valioso al conocimiento y su actuar. La estructura de las revoluciones científicas da cuenta de que el estudio del conocimiento se da en la suma permanente de las ideas y no en la generación de tesis absolutistas. Por ello, la apuesta al paradigma evita la precariedad en la que habitan quienes creen en los “paradogmas”.