Paralaje

Tres nuevos partidos

Muchos estiman que ya hay suficientes institutos políticos y los estudios de opinión indican que aumenta la proporción de ciudadanos distantes de éstos. México vive una democracia electoral plena, pero las instituciones representativas, como órganos parlamentarios o partidos, no gozan de un buen aprecio ni de confianza pública.

El Instituto Nacional Electoral ha abierto la puerta a tres nuevas opciones políticas nacionales para los comicios de 2015. El Movimiento de Reconstrucción Nacional (Morena) y los partidos Encuentro Social (PES) y Frente Humanista (PH) se integrarán a los que tienen registro, junto a los otros siete que ya lo tenían. Además de estas incorporaciones, en los ejercicios del próximo año también habrá nuevas autoridades y reglas.

Muchos estiman que ya hay suficientes partidos políticos y los estudios de opinión indican que aumenta la proporción de ciudadanos distantes de éstos. México vive una democracia electoral plena, pero las instituciones representativas, como es el caso de los órganos parlamentarios o los partidos, no gozan de un buen aprecio ni de confianza pública. Estamos ante un problema de eficacia y no son pocos quienes se cuestionan ¿para qué sirven los partidos y los legisladores?

Los primeros, a pesar de su descrédito, son indispensables e insustituibles. Más aún, su fortalecimiento es requisito para superar muchos de los problemas que enfrentan las democracias. Aquí y en todas partes, los partidos han evolucionado; algunos de carácter histórico han desaparecido o se han transformado. Sí, el desencuentro entre las organizaciones políticas y la sociedad existe, pero, insisto, no es un problema de vigencia, sino de eficacia.

La reforma política fundacional de 1977 tuvo como objetivo el reconocimiento de partidos políticos preexistentes como el Comunista o la Unión Sinarquista, así como el de diversas fuerzas políticas vigentes. El tema central no era, como sucedería después, la confiabilidad de las elecciones, sino el derecho a competir por el voto y el acceso a la representación popular.

El diseño original para la integración de la Cámara de Diputados, acorde con la existencia de un partido dominante, consistía en distribuir 100 de los 400 diputados exclusivamente entre los partidos opositores, a través de una fórmula que favorecía a las minorías más limitadas. Un calculado ejercicio para propiciar la pluralidad que también contuvo el crecimiento de opositores mayores. Conforme la oposición ganó espacio, el partido mayor también se benefició de la representación proporcional. La Cámara de Diputados creció a 500 miembros y el Senado se abrió también a la pluralidad proporcional.

Han sido muchos los cambios en la regulación de los partidos. La tendencia reciente ha sido la de obstruir nuevos registros o dificultar la existencia de los partidos pequeños. Ahora, la creación oficial de partidos solo es posible cada seis años y el porcentaje para mantener registro se ha duplicado hasta alcanzar 3%. Los partidos cuentan con significativos beneficios económicos, políticos y mediáticos. Pese a las candidaturas independientes, seguirán siendo los actores más relevantes de los procesos electorales y de la organización parlamentaria.

El sistema partidista mexicano combina tres organizaciones fuertes (PAN, PRI y PRD) y una diversidad de partidos pequeños. En el pasado reciente el PVEM se ubicaría como la fuerza con mayor desempeño, seguido por Nueva Alianza. A Movimiento Ciudadano y al Partido del Trabajo su desempeño desigual les plantea un futuro incierto.

No hay manera de adivinar el desempeño de los tres nuevos partidos, aunque existe la expectativa razonada de que el partido Morena, creado bajo el auspicio y liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, cubrirá con facilidad el mínimo legal para alcanzar el registro, aproximadamente un millón de votos. Incluso, de repetirse lo sucedido en 2009 con el PT en Iztapalapa, podría superar la votación del PRD en varios lugares. Sin embargo, este último está más consolidado en estructura y organización y es muy probable que se mantenga como la fuerza política de la izquierda con más votos.

Los partidos Encuentro Social y Frente Humanista plantean una seria incógnita. Ciertamente, cumplieron los requisitos de membresía para obtener el registro del INE pero están obligados a constituirse como una propuesta diferenciada y atractiva para un segmento importante del electorado. El reto es doble: por una parte, tener claridad de propuesta, sin las pretensiones de un partido mayor pero lo suficientemente sólida para convencer y ganar el voto de una minoría suficiente; y, por la otra, hacer uso de los nuevos instrumentos de comunicación política para acreditarse en forma y fondo como una opción no solo diferente, sino mejor en el quehacer político. La comunicación digital y los géneros de comunicación directa son su ventaja si la utilizan adecuadamente y con una conducción en manos de profesionales.

El nuevo paradigma de la comunicación representa una extraordinaria oportunidad para los partidos nuevos, no solo en materia de imagen y vinculación, sino de democracia interna. Internet, las aplicaciones móviles, las redes sociales y el carácter horizontal e instantáneo que caracteriza a la comunicación digital ofrecen modalidades inéditas muy atractivas de organización y participación política. Los partidos históricos también las tienen al alcance, pero padecen inercias, resistencias e intereses ante la instrumentación eficaz de las nuevas tecnologías de información y comunicación política.

Tres partidos más con un umbral de 3% para mantener registro hacen prever un escenario muy fragmentado de la representación política. Esto significa que podrían ganarse gobiernos locales, municipales y distritos con porcentajes de votación muy bajos, aunque también es cierto que la constante será el perfil bipartidista en buena parte del territorio nacional.

Las implicaciones de una mayor pluralidad es que el partido con mayor fortaleza territorial, el PRI, en la elección de diputados podría ganar muchos distritos pero con bajo porcentaje de votos nacional, lo que significa que disminuiría su proporción de legisladores electos por lista. Por otra parte, dificultaría la conformación de una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, a grado tal que la aprobación del presupuesto, el instrumento más importante de política pública, demandaría del concurso de muchos partidos o de la asociación del PRI con otro partido mayor.

Tres nuevos partidos con un mínimo de votación de 3% también plantean un escenario previsible en el que es difícil que todos los partidos pequeños existentes mantengan registro. Desde hace tiempo, la competitividad electoral se apartó de grandes planteamientos programáticos o ideológicos, lo de ahora son los candidatos y las causas que hacen sentido en la vida cotidiana de las personas y las familias. Los comicios de 2015 serán trascendentes por muchas razones, especialmente porque habrán de ser definitorios sobre el sistema de partidos para al menos los próximos seis años.

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