Paralaje

Construyendo porvenir

El trumpismo es una respuesta desesperada y disruptiva al surgimiento de los mercados emergentes, el apresurado impacto de la tecnología sobre las fuerzas naturales de la competencia en el mercado, el envejecimiento de la población y el flujo acelerado del comercio, el capital y las personas.

Sobra decir que para los países como para las personas, la adversidad y la incertidumbre son momentos de prueba que definen lo que en realidad somos. Hoy existen razones para preocuparse y también, en algunos casos, para el malestar. Estos tiempos son difíciles y el momentum parece magnificarse ahora que la sociedad tiene nuevas formas de interacción y de información gracias a la revolución digital; sin embargo, en perspectiva, son mucho menos adversos e inciertos. Qué bien que se eleve el estándar de exigencia de bienestar, pero eso no invalida la realidad de que en el largo devenir del país estamos frente a una singular oportunidad de mejorar.

La razón más reciente de intranquilidad es la incertidumbre que plantea la inesperada (para muchos) victoria del candidato Donald Trump, portador de una retórica hostil a México y a los mexicanos indocumentados en EUA. La amenaza es real y quizás también la voluntad del presidente electo, pero hacer realidad lo que parece serán las nuevas políticas públicas del gobierno estadunidense será sumamente complejo, costoso y contraproducente para el país vecino.

El mayor problema es el que venga no de los actos de gobierno de Trump, sino del miedo ante la incertidumbre. Por ello es inteligente la actitud de prudencia por parte de las autoridades mexicanas, que no de confianza. La relación bilateral habría de cambiar incluso en el supuesto triunfo de la señora Clinton. La sociedad estadunidense en varios planos, no en todos, se ha corrido hacia la derecha, particularmente en el tema del comercio y de las inversiones de empresas estadunidenses que trasladan sus líneas de producción hacia países donde la mano de obra es considerablemente más barata.

En el imaginario de muchos estadunidenses, México y los inmigrantes, legales o ilegales son la causa de sus problemas. No es del todo cierto y un estudio serio de la competitividad de la economía estadunidense revelaría la aportación positiva del componente laboral de los migrantes indocumentados, estimados en poco más de 11 millones de personas. Por su parte hay que destacar que para México la emigración es una pérdida de capital humano, ya que muchos de esos migrantes son portadores de atributos y valores muy positivos, sin excluir la llamada fuga de cerebros. No hay volumen de remesas que compense tal pérdida.

La retórica de campañas para ganar el poder no debe desestimarse, tampoco el perfil personal y profesional del presidente en ciernes, pero las políticas públicas se definen a partir de sus posibilidades. La perspectiva en materia de migración y en cuanto hace al comercio, que suscribe el próximo presidente de EU, va a contrapelo a la transformación actual. Incluso se puede señalar que la resistencia al cambio, así como los sectores sociales afectados por la transformación en curso son quienes lo llevaron al poder. El trumpismo es una respuesta desesperada y disruptiva a tres de las cuatro fuerzas del proceso también disruptivo de nuestros tiempos: el surgimiento de los mercados emergentes; el apresurado impacto de la tecnología sobre las fuerzas naturales de la competencia en el mercado; el envejecimiento de la población y el flujo acelerado del comercio, el capital y las personas. (No Ordinary Disruption: The Four Global Forces Breaking All the Trends. Dobbs, Manyika y Woetzel).

México pudo articularse positivamente al proceso de globalización como fórmula para trascender la inestabilidad económica y las severas crisis que lo acompañaban. Lo que pretende el próximo gobierno de EU es frenar el proceso de globalización con el intento de aplacar la primera y cuarta fuerza a la que alude el párrafo anterior: la presencia global de México como mercado emergente y el flujo creciente de comercio, capital y migración. El populismo que se invoca está acompañado de un voluntarismo que va contracorriente de la realidad económica y de las fuerzas del mercado.

Que sean irrealizables las pretensiones del trumpismo no significa que no genere problemas y riesgos importantes para ese país, sus vecinos y el mundo. EU es la economía más poderosa y también es el factor de equilibrio en la seguridad global. Un error puede disparar la precaria estabilidad en el Medio Oriente. Rusia es un factor a cuidar, como también Corea del Norte, Irán o Paquistán. La paz mundial no da para aventuras ni para la frivolidad.

México tiene fortalezas y la relación con el país vecino es de interdependencia. Hay margen de maniobra y los cambios no pasan por el voluntarismo o los desplantes nacionalistas, ni de México ni de EU. Es un momento singular de la relación y el país requiere de mayor cohesión y unidad. También atender con carácter preventivo medidas que, en el corto plazo, pueden resultar impopulares o negativas, en especial, la depreciación del peso y reducir el déficit fiscal.

Quizás el mayor reto de estos tiempos, tarea de todos, no solo de las autoridades, es abatir la impunidad y la corrupción. De ambas se generan muchos problemas que han comprometido la legitimidad del sistema de gobierno y desacreditado a las instituciones de la democracia. El desafío se vuelve más complejo por la precaria cultura de legalidad que recorre todo el tejido social. No podemos aspirar a ser un mejor país sino resolvemos este lastre que nos acerca más a países subdesarrollados que a economías modernas y sociedades democráticas.

Hay que destacar entre nuestras fortalezas a reivindicar, que México ha probado ser uno de los países más atractivos para la inversión. Es fundamental mantener las condiciones que le ratifiquen esta calidad. Las reformas estructurales son consecuentes con tal objetivo. Lo que se requiere ahora es mejorar sustantivamente la calidad de gobierno, las condiciones de competencia y la certeza jurídica.

Tengo la convicción que nuestro potencial es considerablemente mayor a nuestros problemas y retos. Mucho está en nuestras manos y lo más sensato y conveniente es con carácter, visión e inteligencia hacer de la adversidad oportunidad para mejorar.

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