Paralaje

Las cifras de la desconfianza

La mitad de los jóvenes de entre 18 y 30 años considera que México está estancado y solo 1 de 10 piensa que está avanzando. El segmento que representa la mayor proporción respecto del retroceso del país es el conformado por las personas con instrucción superior.

La semana pasada señalaba en este espacio los efectos perniciosos de la desconfianza. El déficit de confianza no solo incumbe a quienes gobiernan, sino al conjunto del sistema, incluso en su dimensión económica y social. Un sector de opinión centra, y a ello se limita, el bajo acuerdo con el gobierno y la disminuida calificación presidencial, pero el problema es considerablemente más grave e involucra a las instituciones fundamentales de la democracia. El escepticismo actual implica por igual al gobernante, a sus opositores, a sus críticos y al conjunto institucional que los contiene.

Cierto es que las autoridades son las primeras obligadas a romper el ambiente de desconfianza. Será un proceso largo, pues resulta más difícil revertir una opinión negativa que construir, desde cero, una positiva. Se requiere persistencia,  demostraciones con hechos y una comunicación adecuada para apenas mitigar el ambiente de severa desconfianza hacia todas las instituciones públicas y privadas. Reitero, no solo es un asunto de quien gobierna, es, más que nada, una tarea de todos, especialmente, como lo señalé, de aquellos investidos con un influyente rol social por su prestigio o reputación en actividades cívicas, económicas, culturales y políticas. Hacer un ejercicio para reconocer a los más destacados es un primer paso para romper el círculo negativo de escepticismo y desesperanza.

Recientemente, GCE presentó ante los industriales del país, agrupados en la Canacintra, un informe sobre la confianza en 56 instituciones representativas, públicas y privadas, así como oficios y profesiones. La encuesta incluyó 6 mil entrevistas en las tres zonas metropolitanas del país (Valle de México, Guadalajara y Monterrey) y en el resto del país. Los resultados son muy preocupantes y confirman, como lo señalábamos la semana pasada, que el problema de la falta de confianza es mucho más grave y serio de lo que se advierte (http://www.gabinete.mx, App GCEMovil).

Los datos son reveladores en diversos sentidos. En la zona metropolitana de Monterrey la confianza es mayor, igual que las expectativas de un mejor porvenir; en el Valle de México la desconfianza es muy elevada; casi 4 de cada 10 personas encuestadas creen que la democracia del país va en retroceso. La mitad de los jóvenes de entre 18 y 30 años considera que el país está estancado y solo 1 de 10 piensa que está avanzando. El segmento que representa la mayor proporción respecto del retroceso del país es el conformado por las personas con instrucción superior; y es preciso destacar que la valoración negativa no solo implica a las instituciones públicas, también está presente en las privadas.

El problema más severo del círculo negativo de la desconfianza atañe a las instituciones electas por voto ciudadano. En el orden de mayor a menor confianza están los gobernadores, el Presidente de la República y los presidentes municipales, quienes se ubican en los sitios 27, 34 y 40, respectivamente; el Senado ocupa el lugar 44, la Cámara de Diputados el 47 y los diputados locales el inmediato siguiente (48). Esta crisis del sistema de representación se ratifica con la muy escasa confianza hacia los partidos políticos que solamente alcanzaron 2.8 por ciento.

En el listado de profesiones, oficios y ocupaciones, el valor más bajo de confianza lo registran los diputados, los senadores, los servidores públicos, la policía municipal, los jueces y los abogados. En contraste, bomberos, artesanos, enfermeros, agricultores, médicos, estudiantes, académicos, deportistas, militares e ingenieros ocupan los 10 primeros lugares entre las personas que infunden mayor confianza.

La familia es la institución social con el valor más elevado de confianza (72% refiere mucha confianza); le siguen las universidades públicas nacionales y los agricultores (38%), la Marina (36.8%), los médicos (34.6%), la Cruz Roja (33%), la Iglesia católica (31.9%), las universidades públicas estatales (29.9%) y el Ejército (27.2%).

La Suprema Corte de Justicia de la Nación no está en su mejor momento; se ubicó en el lugar 29, con solo 9.4% de personas que asumieron tenerle mucha confianza. De hecho, la PGR tiene mejor posición (25). La Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Profeco y el IMSS están ubicadas en los sitios 14, 15 y 16, respectivamente.

Un tema destacable es la confianza en las instituciones que son cruciales para procesar la competencia democrática por el poder. El INE está ubicado en el lugar 19 y solo 13.4% de los encuestados afirma tener mucha confianza en él, frente a 27.8% que refieren mucha desconfianza. En similar situación están los institutos electorales locales. Preocupante resulta el hecho de que la instancia jurisdiccional para dirimir diferencias, el Tribunal Electoral, esté en el lugar 39 con solo 7% de encuestados que dice tenerle mucha confianza y 24.8% que admite mucha desconfianza. Los datos revelan una deteriorada credibilidad y desentonan con la abrumadora publicidad en radio y televisión que busca mejorar la imagen de dichas instituciones. Esto se debe, en buena parte, al desgaste que le han provocado los mismos partidos, que, como señalamos, están en el sótano de la confianza hacia las instituciones.

Tampoco hay buenas noticias para las instituciones privadas ni para los medios de comunicación. Las pequeñas y medianas empresas registran aceptables niveles de confianza (lugar 18), poco menos que las grandes empresas nacionales (23) y muy debajo de las trasnacionales (35). En la lista de oficios y ocupaciones los empresarios consiguieron el lugar 16 entre 34. Los medios de comunicación están en el sitio 52 y en el orden por profesión, de una lista de 34 opciones, los periodistas y los líderes de opinión se ubicaron en los niveles 24 y 27, respectivamente. Los encuestadores tampoco alcanzaron números aceptables, al ubicarse un sitio abajo (18) de los conductores de los noticieros de radio.

El termómetro de la confianza presenta un cuadro complicado y muestra la pérdida progresiva de aprecio por las instituciones públicas y privadas en el país; la desconfianza alcanza incluso al vecino o al compañero de trabajo, lo que, sin duda, significa un deterioro del capital humano y de las bases que inciden en una mejor calidad de vida y, consecuentemente, de las relaciones sociales, económicas y políticas. Reitero, la confianza es un activo para el progreso y para el bienestar; por ello, la ruptura del círculo negativo que mina este activo social fundamental para superar la adversidad, ganar orgullo y reunir la fuerza social para progresar es objetivo imprescindible y urgente, pero es tarea de todos.

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