Paralaje

Tiempos de incertidumbre, tiempos de instituciones

Abrir la casa y mostrar la declaración patrimonial se vuelve argumento incontrovertible y debería ser práctica de quienes aspiran a ganar el voto y, por tanto, la confianza ciudadana.

La imagen más importante de la democracia, aquella a la que recurren las instituciones, es la del ciudadano responsable y preocupado por el bien público.

Alain Touraine

 

El país enfrenta retos que convocan a la unidad, sí, pero sobre todo, a la fuerza de las instituciones. Y esto ocurre en medio de un proceso electoral complejo, en el que los partidos, como es natural, disputan el poder a través del obligado ejercicio de distinguirse de sus competidores. Las diferencias políticas se exhiben como un recurso obligado para ganar el voto; también la oposición, como ocurre en todo lugar, acentúa la crítica al gobernante. Frente a esta circunstancia propia de la política, son las instituciones, por encima de las personas, las que deben cobrar relieve.

Las dificultades del frente económico, aunque con impacto negativo, son manejables. Por mucho, la economía nacional es más estable de lo que ha acontecido en episodios críticos anteriores. La depreciación del peso ante el dólar es un tema que preocupa porque sus consecuencias se van sintiendo poco a poco en la economía y en el bolsillo del ciudadano. Sin embargo, el fenómeno es global, como se advierte en la depreciación del dólar canadiense o del euro (en niveles superiores a la del peso). Además, el país hoy cuenta con instrumentos para hacer frente a la situación y evitar una corrida con efectos arrolladores.

Otra de las dificultades en materia económica se deriva de la baja de precios del petróleo. Su impacto en las finanzas públicas es insoslayable y afecta también las transferencias a estados y municipios. La cancelación o posposición de proyectos de infraestructura es uno de los efectos que seguramente habrán de extenderse a otros rubros del gasto y a otros periodos, al menos más allá del año en curso. Las circunstancias conducirán a la disminución del gasto corriente no solo por parte del gobierno, sino del conjunto del sector público. Lo fundamental es mantener el equilibrio en las finanzas y en la medida en que se logre tal objetivo, la estabilidad macroeconómica estará asegurada. Aquí cabe destacar la importancia que adquiere la inversión privada; las reformas emprendidas ofrecen mejores condiciones y es deseable que las autoridades actúen en consecuencia para hacer tangibles los resultados.

Uno de los grandes frentes de incertidumbre se ubica en el terreno de la inseguridad; un problema estructural asociado al déficit de legalidad y, especialmente, a la impunidad. Y es que un sistema penal incapaz de sancionar al delincuente afecta en su esencia la responsabilidad primaria del Estado. A pesar de los cambios institucionales y de los recursos emprendidos hay todavía mucho por hacer. No se ha abordado en su justa dimensión la necesidad de una policía de contacto eficaz; tampoco se ha definido cómo modernizar la procuración de justicia y el proceso penal. De igual forma, por la magnitud del problema, la política carcelaria requiere una transformación mayor. Sin embargo, la realidad también nos muestra que se ha revertido el crecimiento de los delitos de alto impacto, se ha creado una fiscalía autónoma lista para operar, se han modificado aspectos importantes del proceso penal y se han aprendido lecciones del pasado como el hecho de que no basta con descabezar cárteles; también hay que atacar a su estructura operativa y financiera.

Otro de los asuntos que lastiman a la sociedad y despiertan indignación y desesperanza se asocia a la opacidad en el desempeño de la vida pública. Los episodios son recurrentes en todos los niveles y en todos los partidos, pero hay dos procesos en curso cuyo significado es trascendental: el primero, a la vista de todos, es la creación del sistema nacional anticorrupción, lo que ocurre en un momento singular y de la mayor importancia. Debo señalar que así como se requiere reforzar la capacidad de las instituciones para sancionar el abuso o la venalidad, también deben establecerse las bases para evitarlos. La transparencia ayuda, mas no ha sido suficiente. Estimo que es fundamental modernizar los procesos administrativos mediante el uso de las nuevas herramientas tecnológicas. Hay que abatir la opacidad, la discrecionalidad y llevar al aparato gubernamental hacia su transformación.

Más que grandes inversiones, lo que hace falta para transformar la gestión gubernamental y la relación del gobierno con el ciudadano es talento, innovación, visión e información. Dar más espacio al servidor público que cumple y con ello, generar incentivos positivos sustentados en  estándares de desempeño que no pasen por el juicio del superior, sino por las estadísticas públicas y personalizadas a las que todos los servidores deben estar sujetos. Hoy las nuevas tecnologías facilitan el escrutinio.

El otro proceso, mucho más discreto pero no menos relevante, parte de aquellos, no pocos, que cumplen su responsabilidad con honestidad y lealtad. Hay casos de políticos y funcionarios que pueden acreditar una situación patrimonial acorde con los ingresos obtenidos. Lograr que esto adquiera relieve y se vuelva ejemplar para la promoción política o administrativa a través del escrutinio y juicio ciudadano favorecerá las condiciones para rescatar uno de los atributos más mermados en el imaginario popular respecto de la competencia electoral, la probidad. Abrir la casa y mostrar la declaración patrimonial, como lo hizo la candidata Ivonne Álvarez en Nuevo León, se vuelve argumento incontrovertible y debería ser práctica de quienes aspiran a ganar el voto y, por tanto, la confianza ciudadana.

Parte de los problemas referentes a la impunidad, a la corrupción y a la violencia están asociados con la economía informal. Su proporción es abrumadoramente ofensiva y daña en sus fundamentos las reglas justas del juego económico y político, además de abrir espacio para la extorsión de quienes ofrecen protección. Los informales, en su mayoría, sí pagan impuestos, solo que no lo hacen al Estado, y por sus dimensiones, su contribución pasa a formar parte de los medios de financiamiento de la venalidad y del crimen.

La convergencia de incertidumbre económica, problemas de inseguridad y ausencia de transparencia, así como sus efectos en la legitimidad de las autoridades y en la ineficacia del aparato administrativo, plantean un serio reto para las circunstancias vigentes y para el futuro del país. El tiempo transcurre y, mientras tanto, los partidos, sus representantes y aquellos que encabezan las autoridades vienen y van; los problemas se transforman y algunos se agravan, pero ante todo perdura el anhelo de los mexicanos por un mejor mañana. Las soluciones no surgirán por sí mismas, provendrán de una sociedad capaz de encarar sus desafíos y de convertir a las instituciones públicas y a sus gobernantes en medio para un mejor presente y un generoso porvenir.

http://twitter.com/liebano