Paralaje

Partidos pequeños y coaliciones


Uno de los temas fundamentales de la representación política tiene que ver con el pluralismo. Para los partidos mayores es deseable que la oferta se limite a tres opciones. Por su parte, los partidos pequeños o alternativos asumen que las reglas no deberían dificultar su existencia. Lo cierto es que la contradicción es evidente: de un lado se considera que hay muchos partidos y, de otro, que hay una crisis de representación; es decir, que más de la mitad de los ciudadanos no participa ni siente afinidad con organización política alguna.

Los partidos son esenciales para la democracia representativa. Los regímenes bipartidistas son la excepción y la pluralidad representa el presente y el futuro de las democracias. El reto es conseguir que las opciones partidarias existentes, pocas o muchas, sean auténticamente representativas y útiles a los ciudadanos. Debe precisarse que en la reforma política fundacional se establecieron normas y procedimientos para facilitar el registro de nuevos partidos o de partidos preexistentes que no habían sido formalizados como fue el caso del Partido Comunista Mexicano o del Movimiento Nacional Sinarquista. La idea vigente hasta hoy plantea someter a los partidos a la prueba de los votos, en aquellos años, las autoridades concedían registro con al menos 1.5% de los votos.

Desde entonces han sido muchos los partidos que han desfilado por la pasarela política de  México; la mayoría ha desaparecido y algunos han resuelto fusionarse. El umbral para mantener registro se ha ido modificando; después de haber pasado a 2% de los votos, en la reforma reciente llegó a 3%. ¿Es elevado o es bajo el requisito? Depende del propósito del indicador. Si es para que los partidos puedan actuar y, eventualmente, participar en elecciones, la cuota es excesiva, pero si de lo que se trata es de arribar a la representación proporcional, 3% de los votos estaría por debajo del estándar internacional.

El tema es que los partidos no son simples agrupaciones de ciudadanos en torno a un fin o propósito. En México, la denominación de partido político es exclusiva de las organizaciones que cumplen con ciertos procedimientos que las leyes locales o federales determinan, según el caso. Además, desde la reforma de origen, legalizar un partido conlleva cuatro derechos: actuar políticamente, participar en las elecciones, recibir prerrogativas financieras y mediáticas, y acceder a la representación política.

Un partido puede representar un poder político, pero también, para descrédito de la política, podría constituir un lucrativo negocio. Las prerrogativas que les corresponden han servido a la democracia, aunque también han generado efectos indeseables: partidos que convierten su existencia, no un proyecto político, sino en un medio de influencia política para conseguir objetivos menores y beneficiarse de las significativas ventajas económicas y mediáticas que el Estado les confiere. Así, el proyecto político que el partido dice asumir, sirve de pretexto para otros propósitos. Estos partidos-ficción han desacreditado al pluralismo y son la razón del rechazo de muchos a la integración de nuevos partidos, incluso de que se hable de la conveniencia de desaparecer algunos de los existentes.

De siempre, los partidos pequeños enfrentan a los grandes. La elevación del umbral para mantener el registro ha sido uno de los intentos para disminuirlos, al igual que la virtual desaparición de las coaliciones. A partir de la reforma de 2007, en la boleta ya no existe el emblema único de los partidos coaligados, sino el de cada uno de los partidos asociados para que el cómputo electoral se realice sobre la base de los votos que cada partido aporta. También se ha estrechado la puerta a la creación de partidos; ahora es un derecho exclusivo de las agrupaciones políticas nacionales registradas en el INE, no de los ciudadanos, y es un proceso que solo puede tener lugar cada seis años.

Bajo las nuevas reglas, coaligarse es todo un reto para un partido pequeño. Al PT y Movimiento Ciudadano les ha ido estupendamente en las elecciones presidenciales o cuando López Obrador ha hecho campaña a su favor a cambio de postular candidatos afines al proyecto del tabasqueño. El PVEM ha sido muy eficaz en la negociación, primero con el PAN, en la elección presidencial de 2000 y, después y hasta hoy día, con el PRI. Nueva Alianza se ha caracterizado por su pragmatismo en elecciones locales. Su fuerza se vuelve significativa cuando articula a su favor al gremio de los trabajadores de la educación.

La diferencia que llevó al PAN a abandonar la mesa de discusión en la Cámara de Diputados surgió a raíz de la propuesta del PRD y del PRI para establecer en la ley que el voto múltiple en la boleta no solo cuente para el candidato común, sino también para acumularle porcentaje de votación a los partidos y así apoyarlos para cubrir el requisito de  sobrevivencia de 3%. El PAN, consecuente con su rechazo histórico a los partidos pequeños, se opuso enérgicamente y asumió la propuesta como un compromiso incumplido.

Es claro que el objetivo del PAN es evitar la proliferación de partidos. La aceptación del PRD y del PRI de elevar la vara para mantener el registro fue inconveniente para sí mismos, toda vez que, a diferencia de ellos, el PAN difícilmente realizará alianza con partidos pequeños.

Para el PRI es fundamental que los partidos pequeños sobrevivan. En la integración de las cámaras federales y los congresos locales difícilmente un partido, por sí mismo, logra mayoría absoluta. La gobernabilidad requiere pluralidad y un gobierno puede construirse con un partido mayor y varios pequeños. El PAN se equivoca al no mirarse a futuro y al no tener claridad del elevado costo político de quedar políticamente aislado en los congresos. Esta postura contrasta con la inclinación del PAN de hacer alianza electoral con el PRD, un partido que no solo tiene una agenda distinta, sino contraria a sus principios, a su doctrina y a sus programas de acción.

Si el INE convalida el registro de las tres fuerzas políticas que cumplieron con la etapa preliminar del proceso de nuevo registro, en los comicios de 2015 los electores tendrán 10 opciones de partidos. Sin embargo, estas alternativas solo sobrevivirán si consiguen, cada una por su cuenta, 3% de la votación total. Como ha sido la constante desde 1977, de los votos, con o sin coalición, dependerá la suerte, la integración y la esencia misma del sistema de partidos en México.