Paralaje

Lo que hay que observar de las campañas

LO QUE SE PERFILA AL inicio de las campañas de las 12 elecciones de gobernador es un electorado alienado del sistema político tradicional. Al menos un tercio está dispuesto a votar por opciones antisistémicas y la causa que lo mueve no es la propuesta o el candidato, sino un sentimiento de hartazgo

La capacidad de asombro no depende de la realidad sino de quien observa. Para quien asume que todo o casi todo lo sabe, es natural que nada sorprenda. No obstante, hay mucho que ver en lo que ocurrirá en el proceso electoral que culmina en junio.

Lo más relevante es verificar la profundidad del cambio que empezó a dibujarse en 2012 y que se corroboró en 2015: la irrupción de una nueva ciudadanía, crítica y proclive a una transformación radical del sistema político. Hoy, lo antisistémico es lo que genera credibilidad. Por las implicaciones, riesgos y alcances transformadores de este escenario, es preciso entender su dinámica y perspectiva hacia la elección general de 2018.

No se puede trivializar lo que acontece y que dejó al descubierto 2015: los tres grandes partidos históricos tuvieron una baja significativa en su nivel de votación. De manera concurrente dos expresiones de lo antisistémico irrumpieron con contundencia: Morena, que se impuso en la Ciudad de México y en otras plazas, y los candidatos independientes, especialmente Jaime Rodríguez en Nuevo León, entre otros.

No es un asunto menor lo ocurrido en la elección de gobernador en ese estado del norte: los dos partidos que habían dominado desde hace mucho tiempo la disputa electoral fueron marginados por un candidato que hizo de su campaña el rechazo a los partidos y sus gobiernos.

Lo que se perfila al inicio de las campañas de las 12 elecciones de gobernador es un electorado alienado del sistema político tradicional. Al menos un tercio está dispuesto a votar por opciones antisistémicas y la causa que lo mueve no es la propuesta o el candidato, sino un sentimiento de hartazgo y rechazo a lo que existe. Este tercio es un conglomerado que corre transversalmente por todos los estratos de la sociedad, un público cautivo para un discurso que no requiere mayor oferta de futuro, solo incentivarle su sentimiento de inconformidad. Ese grupo de indignados convierte en opciones a los candidatos independientes o de Morena.

Estas nuevas expresiones políticas significan que la contienda tiene lugar en términos diferentes, tan diferentes como nunca antes visto. Por una parte, al darse una mayor fragmentación de los sufragios, el candidato ganador puede prevalecer con un bajo porcentaje de votos; por otra parte, convalida la estrategia de coaliciones como vía para el triunfo. De hecho la elección pasada en Colima ofrece ya una buena perspectiva: el PRI por sí mismo no hubiera ganado la elección; el candidato del PAN, sin coalición y con la competencia de Movimiento Ciudadano como opción opositora, se alejó del triunfo después de una elección prácticamente empatada y, Movimiento Ciudadano, en este caso la expresión antisistémica, obtuvo más de 12 por ciento de los votos.

Esto también implica una mayor incertidumbre electoral. El PRI difícilmente podrá obtener nueve triunfos a pesar del encomiable trabajo de su dirigente nacional, a quien debe acreditársele el éxito en la elección extraordinaria de Colima. El reporte de GCE de las 12 elecciones de gobernador le da un triunfo claro al PRI en Hidalgo y Sinaloa al inicio de campañas; en los demás estados la elección se muestra competida, incluso en algunos adversa, como es el caso de Puebla.

El PRD debe ver con preocupación los números. En casi todas partes está siendo superado por Morena. Su esperanza de retener Oaxaca se aleja del horizonte. Ahí se está dando una contienda de cuatro, lo que propicia que uno de los candidatos de la izquierda, no el de Morena, podría declinar en favor de otro ya avanzada la campaña. La embestida de López Obrador contra el candidato del PAN-PRD en Veracruz, Miguel Ángel Yunes, puede significar, como lo muestra la encuesta de GCE del día de ayer, una merma, de 30%, en la intención de voto del candidato de la coalición. Lo que podría meter de lleno en la contienda al candidato de Morena si éste recibiera a los indecisos.

Existen dos casos de candidatos antisistémicos postulados por partidos marginales y que por ellos mismos son competitivos, aunque a distancia todavía muy lejos del triunfo: Benjamín Robles en Oaxaca y Melesio Cuen en Sinaloa. El efecto de su incursión es que afectan las posibilidades de triunfo de la coalición gobernante en ambos estados. Los candidatos postulados por la coalición encabezada por el PRI pueden ser los ganadores por su estructura territorial y horizontalidad del voto, en ambos casos.

Los candidatos independientes no tienen que ganar para convalidar su eficacia electoral; tampoco Morena. Se trata de obtener buenos resultados y ser creíbles como opción; un porcentaje de votación de 10% es de la mayor importancia. El candidato independiente con mayor competitividad es el de Chihuahua, José Luis Barraza; le siguen Juan Bueno Torio en Veracruz, Francisco Frías en Sinaloa y José Chavira en Tamaulipas.

Los candidatos de Morena que al inicio de campaña se muestran competitivos son David Monreal en Zacatecas, candidatura en litigio; Cuitláhuac García en Veracruz; Salomón Jara en Oaxaca; Abraham Quiroz en Puebla; Martha Palafox en Tlaxcala, y José Luis Pech en Quintana Roo.

El PAN pierde territorios importantes como es el caso de Sinaloa y la incursión del candidato independiente en Chihuahua le resta competitividad. Sin embargo, retendría Puebla y en Veracruz, Quintana Roo, Durango, Tamaulipas y Aguascalientes sus candidatos muestran fortaleza en la competencia. Como se advierte, los términos de la contienda se definen no solo por lo que haga el PAN o el PRI, sino por la incursión de los otros candidatos.

El cuadro de inicio es dinámico. Para eso son las campañas: modificar las coordenadas iniciales en las que se desarrolla la contienda. Los candidatos antisistémicos tienen fortaleza del entorno, pero también condiciones adversas en cuanto a las prerrogativas y el acceso a la publicidad y propaganda convencionales. Seguramente el perfil de inicio habrá de cambiar para la elección. De cualquier manera, lo que ahora ocurre es claramente diferente respecto al pasado, de manera tal que lo que habrá de observarse con detenimiento, después del desenlace, será el desempeño no solo de los candidatos antisistémicos, sino las nuevas expresiones del pluralismo, lo que alude a dos realidades vinculadas: el agotamiento del sistema de representación tradicional y la irrupción de una nueva ciudadanía.


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