Paralaje

Crisis en Venezuela

Además de la rampante inseguridad, el problema de fondo es la mala economía, cuyo origen va más allá del gobierno populista de Hugo Chávez, quien tomó el poder en 1999 y murió hace un año. El control del tipo de cambio poco ayuda y ya se dio la falta de insumos básicos como el azúcar y el papel higiénico.

“Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”. Antonio Machado

La crisis en Venezuela ha abierto paso a la protesta. La ausencia de cauces institucionales para la expresión de inconformidad ha trasladado a las calles el rechazo social a la situación con un activo impulso de la red, en un escenario semejante a la crisis que, en Egipto, llevó a Mubarak a la salida del poder. El presidente Nicolás Maduro conspira contra sí mismo al adoptar el estricto código de la cerrazón autoritaria: encarcela opositores, censura medios de comunicación, reprime con violencia a manifestantes, utiliza retórica beligerante y mentirosa, e imprime un férreo control en la Asamblea Legislativa y contra los partidos opositores.

Además de la rampante inseguridad, el problema de fondo es la mala economía, cuyo origen va más allá del gobierno populista de Hugo Chávez, quien tomó el poder en 1999 y murió hace un año. No obstante la retórica antinorteamericana, con Estados Unidos se realiza la mayor proporción de la exportación del petróleo y de las importaciones de bienes en general. A pesar de las dificultades, Venezuela ha hecho del petróleo un recurso diplomático para ganar el favor de algunos países. También ha sido una de las naciones que más importan armamento, según el prestigiado Stockholm Peace Research Institute. El control del tipo de cambio poco ayuda y la inflación es galopante, al igual que la falta de insumos básicos como el azúcar y el papel higiénico. El disgusto popular es inevitable.

Ante la inconformidad callejera, un error mayúsculo del presidente Nicolás Maduro fue ordenar la aprehensión de uno de los principales líderes de la oposición, Leopoldo López. Maduro midió mal; seguramente pensó que el joven político huiría del país o se ocultaría. En una acción bien pensada y valiente, con riesgos múltiples, López convocó a una marcha de protesta para entregarse a las autoridades, y así ocurrió.

La aprehensión de Leopoldo López ha tenido efectos desastrosos para el gobierno. El primero: un rechazo abrumador de la población. De conformidad con la encuesta telefónica de GCE (Gabinete de Comunicación Estratégica), levantada el pasado miércoles y difundida por Ciro Gómez Leyva en la radio matutina, dos terceras partes de los encuestados desaprueban la detención y, lo que es más revelador, 57 por ciento de ellos declara estar  muy en desacuerdo.

La unidad de la oposición ha sido el segundo efecto negativo para el represor; en los momentos cruciales ha imperado la unidad, como fue evidente en esta ocasión. Henrique Capriles ha repudiado públicamente el arresto y ha demandado la inmediata liberación de Leopoldo.

Por ahora, el apoyo popular al presidente Maduro va a la baja y registra números muy preocupantes, la magnitud del rechazo podría dar lugar a un golpe o autogolpe de Estado. De acuerdo con la encuesta de GCE, 58 por ciento de los venezolanos tiene mala opinión de su presidente, mientras que casi dos terceras partes hacen un juicio favorable de Leopoldo López. La calificación del trabajo realizado por Maduro es reprobatoria para 67.5 por ciento de los encuestados, y una proporción semejante opina que el presidente está perdiendo control de la situación.

Nicolás Maduro no ha correspondido ni a la prudencia ni al respeto que, en particular, ha mostrado el presidente Peña Nieto hacia el gobierno venezolano. En el incidente de la aeronave de matrícula mexicana, el pasado noviembre, el gobierno de aquel país, en voz de su propio presidente, reaccionó al margen de la práctica diplomática y con desapego a la verdad en su versión de los hechos. El jueves 13 de febrero, el ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, declaró que los causantes de los enfrentamientos durante las manifestaciones que cobraron la vida de tres personas fueron infiltrados que habían sido entrenados en México como parte de un plan llamado “Fiesta mexicana”. Por cierto, la encuesta de GCE, revela que solo 7 de 100 venezolanos dan crédito a esta versión.

En ocasión de la Cumbre de Norteamérica celebrada en Toluca, el presidente Obama se refirió a la situación en Venezuela, a raíz de la expulsión de tres diplomáticos norteamericanos por parte del presidente Maduro. Señaló que, en lugar de intentar desviar la atención hacia sus propios errores con falsas acusaciones contra diplomáticos extranjeros, el gobierno debería enfocarse en atender las legítimas inconformidades de los venezolanos.

La torpeza que muestran las autoridades del país sudamericano  en el manejo de la crisis hace pensar que la situación puede empeorar. La muerte de la joven Génesis Carmona, Miss Turismo, por disparo en la cabeza durante una manifestación, ha atizado el rechazo hacia el gobierno, a pesar de que éste ha inculpado a los propios manifestantes. El día de ayer le fueron revocadas credenciales a los corresponsales de CNN por atreverse a dar cobertura a las protestas estudiantiles en la vía pública. La gravedad de los hechos ha llevado a mandatarios de otros países y líderes políticos de la región a pronunciarse sobre los incidentes. Todavía la OEA no se pronuncia y no se entiende la razón de su silencio.

México no ha sido beligerante en su política exterior y aunque sería un error caer en la provocación y retórica pendenciera del presidente Maduro, tampoco puede permanecer callado ni indiferente ante la magnitud de la violencia, quizá a ello se deba que la cancillería mexicana manifestó que “con relación a los sucesos registrados recientemente en Venezuela, el Gobierno de México lamenta los hechos de violencia y reitera su convicción de que cualquier diferencia debe ser resuelta en el marco del diálogo, el respeto a las instituciones y el derecho internacional.” Habrá que tener presente que los mejores episodios de la diplomacia mexicana han estado vinculados a la atención y protección de perseguidos políticos, como sucedió en la guerra civil de España o durante el golpe contra Salvador Allende.

Por lo pronto, queda claro que la detención de Leopoldo López, ha agravado la crisis y dado una causa a la inconformidad adicional. Una gran mayoría, representada por 87 por ciento de los venezolanos, considera que la detención de Leopoldo López no habrá de terminar el conflicto, lo que refleja el firme convencimiento social de que, pese a la intención oficial, la represión no será la vía para resolver la crisis.

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