Punto de Equilibrio

Al vértice

Numerosos son los temas que un día como hoy se podrían abordar, máxime tras la veloz y variada dinámica de los cambios que hoy se están viviendo en el mundo y en nuestra propia localidad en diversos órdenes. Pero es precisamente, por esta diversidad, por esta dinámica vertiginosa y por los altos grados de especialización de nuestro conocimiento y vida, que hoy quiero detenerme e invitarte a reflexionar sobre la importancia del retorno a la unidad, a la universalidad, la integridad e integralidad de nuestra sociedad, la familia y la persona, como el fundamento de nuestro conocimiento y desarrollo.
Mucho se ha hablado de la infinidad de tonos y claro obscuros entre el blanco y el negro, de la policromía entre el infrarrojo y el ultravioleta, entre  la luz y la obscuridad, entre la guerra y la paz. Esta tendencia a la clasificación y a la taxonomía o diferenciación de nuestro mundo sin embargo, nos ha ido conduciendo a una polarización y a la pulverización de todo, a la vacuedad, a la diversificación de nuestro saberes y vida, ya de por di especializados. En donde, más allá de La Babel pluricultural, la de todo el conocimiento y la comunicación de nuestro lenguaje y culturas,  también nos estamos convirtiendo en los actores de una gran ruptura focalizada en lo diferencial o controversial de nuestros saberes y no en lo coincidente, universal o en la transversalidad, haciéndonos, diletar, subsistir o vivir estancados en universos separados y al parecer inaccesibles, pero ello, es un error.
 Al vértice de nuestras realidades, justo en las fronteras existentes entre el arte, la ciencia, la tecnología, la experiencia y la sabiduría, entre lo exacto, lo prudencial, lo intuitivo y lo social, lo racional, lo espiritual, lo lúdico y lo emocional, justo ahí, es en donde el progreso y sus oportunidades se encuentran. Al punto, hace unos días, por ejemplo, platicaba con un sobrino dedicado a la música, específicamente al percusionismo y me compartía la emoción de haber descubierto no solo en la música, sino en la profundización de sus componentes físicos, en el sonido, en la melodía, la tonalidad y el tiempo, elementos terapéuticos que, como una farmacopea química, podían ser empleados exitosamente no solo para el restablecimiento de diversos problemas de salud y de pronto nos encontramos platicando del acomodo que poseen todo los seres existentes, de la diversidad contenida en su forma por principios ondulares emanados del sonido. De como una vibración acústica en determinados hertz, producía una forma geométrica totalmente distinta sobre un material químicamente idéntico, al existir una variación en otro tono, de como una misma materia podía guardar formas tan diversas a la de una estrella, una rosa, un ave o un humano, en la teoría física de las supercuerdas o en el encuentro con respuestas muy simples para un mundo complejo. Si aprendemos a correlacionar estos saberes coincidiríamos en la importancia y la necesidad de profundizar y explorar las soluciones aparentemente complejas de nuestra diversidad en lo coincidente, en el retorno a los principios, no en los antagonismos que han marcado a nuestra era. Estamos al inicio de una nueva era, la del retorno a aquel espacio de ciencia ficción conocida como twilight zone, el vértice o esa  dimensión desconocida o más ignorada, pues es justo el punto en donde hoy el ocio es negocio y las oportunidades pueden crecer sin confrontación, en donde pueden encontrarse la paz, la equidad, la justicia y el arte, la ciencia, la tecnología juntas,  justo el punto en donde se nuestro propia humanidad se construye. Hoy se habla de la importancia de las empresas culturales y la ruptura de fronteras. Es tiempo de retornar al hombre universal y de sentarnos a trabajar en lo coincidente, en el vértice, ya, y como bien dicen, el buen juez por su casa empieza.


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