Punto de Equilibrio

La miasma

Miasma, así se nombra a las emanaciones malolientes que se desprenden de los cuerpos enfermos, de las materias corruptas o de las aguas estancadas y a la que se atribuye la causa de epidemias e infecciones, sobre todo en los tiempos de las grandes pestes. Es 9 de julio y una cierta clase de miasma a casi cien años de lo ocurrido permanece aún flotando, como figuras  espectrales del norte de nuestra nación. Pues las remembranzas del pasado, más aún, cuando la verdad aún no se aclara, suelen atraer hedores de traiciones añejas, de la que parece ser una lucha histórica e irracional por la conservación del poder y en dónde  los intereses económicos, de personas y grupos,  suelen acompañar la violencia y llevar a preguntarnos si ésta es  una forma de vida asimilada como parte de nuestra cultura y si es la clase de relaciones que como sociedad deseamos.Es 9 de julio y en un día como hoy, pero de 1920, Francisco Villa abandonaría las armas tras ocurrir el asesinato de Venustiano Carranza. Cacicazgos, traiciones y crímenes turbios en donde aún flotan y se escuchan los nombres y apellidos de personajes de un pasado no muy distante que los señala en una extraña red de complicidades, que, como hilo de media se desatarían de norte a sur, “para asegurar” la estabilidad de nuestra nación en una extraña red de complicidad y una alianza convenida, que, diga lo que se diga, aún duele y se hace presente como parte de una herida abierta y es utilizada como parte del modo de conducirnos en pactos de sangre y heredades familiares. En curioso subibaja, los nombres de ayer se vuelven a escuchar, los ancestros de entonces se hacen presentes en las remembranzas de hoy y, en lo que parecieran ser títulos y posiciones de poder hereditario. “Los viejos trapos” se vuelven a sacar a la luz y aparecen cartas, telegramas, documentos extraviados, historias mantenidas en secreto, como alardes para recordarnos que aún hay secretos guardados como salvoconductos y garantías, pagos y títulos de aquí y de afuera; Así es la miasma, hiede e infecta, produce incomodidad y desagrado y para que acabe, hay que curar al enfermo, dejar circular el agua, pero eso, ¿A quién corresponde? ¿A quién favorece? El mundo rueda y el olfato se adapta, ¡guácala!, habrá que abrir la ventana. 


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