Punto de Equilibrio

La marcha de la sal

En un día como hoy, pero de 1930, Mohandas Karamchand Gandhi, Mahatma Gandhi o El Alma Grande, inició con una de las más importantes y significativas movilizaciones pacíficas que llevó a la India a conseguir su Independencia de Inglaterra 15 años más tarde. A esta marcha se le conoce como La Marcha de La Sal y hoy, deseo hacer una serie de reflexiones en torno a ella no sólo por su onomástico sino por las implicaciones que un acto puede traer consigo cuando éste resulta ser una variable significativa para las estructuras económicas, políticas, sociales o ideológicas de una sociedad, al punto en que, cuando uno toca uno de estos vectores o estas variables, como lo señala Thomas Kuhn en su obra La Estructura de las Revoluciones Científicas, todo el estatus Quo, vuelve a cero.
Lo pienso sentado en una mesa en un restaurante del DF, en donde, como parte de un plan de salud para disminuir hipertensión, sobrepeso y otras alteraciones físicas, las autoridades de salud de la capital instruyeron el año pasado a los restaurantes retirar de las mesas o a la vista todos los saleros.  
La sal, me refiero al cloruro de sodio, es importantísima para nuestra vida y la de todo ser viviente, sin ella no hay vida, no hay conductividad eléctrica, no funcionamos, no se incorporan otras sales y otros minerales que hoy, en una actitud de “preocupación” pretende controlarse como un problema de salud pública con implicaciones que habría que revalorar desde otras aristas y que quizás, podrían no estar asociadas directamente con la solución que con honestidad se pretende aportar o que estuvieran correlacionadas con un sinnúmero de industrias e intereses diversos bajo un mismo género temático, pero implicando más de lo que podría observarse.
La sal, históricamente ha movido los ecosistemas, al mundo y a las economías. En su tiempo los Británicos fueron un emporio en su producción, control y manejo, controlando su producción, imponiendo altas tasas contributorias, prohibiendo a los originales de sus colonias tener control y acceso a su producción y comercio y ello lo sabía muy bien Gandhi, al punto de cuestionar este factor como uno de los ejes fundamentales de la conducción y fortaleza de un imperio.
Hoy, pienso en la sal y, aunque su precio y acceso es distinto al de antaño, sus procesos, adelantos, contribuciones y los intereses atados a la misma históricamente siguen siendo muy relevantes. No hay que perder de vista a la sal y a todas las sales, sus rumbos, actores, industrias, cuestionamientos y oportunidades, pues alguien, o algunos, hoy continuamos pensando en ella como un eje toral del desarrollo y a vista telescópica, más allá de la formación social en la virtud de la mesura y el autocontrol, podría ser que alguien este marchando en pos de ella y uno, como dicen los chavos “ni cuenta”.


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