Punto de Equilibrio

Los derechos del niño

Un día como hoy, del año de 1989, México formó parte de La Convención sobre los Derechos del Niño y firmó y adoptó la resolución 44/25, que entró en vigor el 2 de septiembre de 1990. Cuando uno lee su Preámbulo, la exposición de motivos que fundamentaron esta bellísima y adelantada declaración, todo parece estar claro:
“…Considerando que, de conformidad con los principios proclamados en la Carta de las Naciones Unidas, la libertad, la justicia y la paz en el mundo se basan en el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana,
Teniendo presente que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y el valor de la persona humana, y que han decidido promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,
Reconociendo que las Naciones Unidas han proclamado y acordado en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en los pactos internacionales de derechos humanos, que toda persona tiene todos los derechos y libertades enunciados en ellos, sin distinción alguna, por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición,
Recordando que en la Declaración Universal de Derechos Humanos las Naciones Unidas proclamaron que la infancia tiene derecho a cuidados y asistencia especiales,
Convencidos de que la familia, como grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños, debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad…”
“…Teniendo presente que la necesidad de proporcionar al niño una protección especial ha sido enunciada en la Declaración de Ginebra de 1924 sobre los Derechos del Niño y en la Declaración de los Derechos del Niño adoptada por la Asamblea General el 20 de noviembre de 1959, y reconocida en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (en particular, en los artículos 23 y 24), en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (en particular, en el artículo 10) y en los estatutos e instrumentos pertinentes de los organismos especializados y de las organizaciones internacionales que se interesan en el bienestar del niño,
Teniendo presente que, como se indica en la Declaración de los Derechos del Niño, “el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento”…”
Todo, excepto que en nuestro país algunas personas y legisladores  piensan que el niño no nacido no es niño, es solo un producto cuya identidad o calidad de humano se adquiere hasta el momento en que se le considera viable o nace y, mientras somos capaces de defender con todo el rigor de la ley a los que comercian con huevos de tortuga, convencidos de que de esta manera y sin dudar sobre el ser y finalidad del huevo protegido, se protegerá a una especie amenazada, el primer derecho de los niños, la defensa de su vida, pasa a segundo término arropado con eufemismos o “razones de salud pública” para negar el infanticidio.
La Revolución de 1910, de acuerdo a algunas estimaciones le costaron al país la pérdida de 1 millón de personas (el 10% de la población) y me parece insensato que, de acuerdo a investigaciones que quisiéramos creer serias de parte de La CONAPO, el Colegio de México y el Instituto Guttmacher (Datos sobre el aborto Inducido en México, 2008), anualmente mueran más de 800 mil niños en nuestro país.


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