Punto de Equilibrio

El ciudadano Luis

En un día como hoy, pero con tres años de diferencia, dos acontecimientos en Francia habrían de marcar la historia del mundo como parte de una misma línea de hechos.El primero en 1790, fecha en la que La Asamblea Constituyente francesa, establece la estricta condición de igualdad de todos los hombres ante las penas marcadas por la ley, sin importar su posición social, estado o clase y se aprueba el uso de La Guillotina, como la herramienta de ejecución propuesta “para evitar el sufrimiento” de los condenados a muerte por decapitación. El segundo, tres años después en este mismo día pero de 1793, La Ejecución de Luis XVI, Rey de Francia y de Navarra, condenado a muerte por el delito de traición, tras un juicio desarrollado por la Convención Nacional (Cámara de Diputados) con 388 votos a favor y 334 en contra.  Amén de la interesante coincidencia de que en este día se llevaran a cabo estos acontecimientos bajo una misma línea de causalidad, en donde el  Rey que intentó ganar el aprecio de sus súbditos y decidiera ser llamado no Rey de los franceses sino de Francia y Navarra, como a su ascendente de sangre y título  corresponderían, el mismo, que signara la Constitución de una Sociedad que proclamaba libertad e igualdad; fallecería condenado  por los súbditos reticentes de lo que comenzaba a transformarse en una democracia y, como en una suerte de epitafio, al momento de su ejecución, se consignaría que: quien moriría en un día como hoy pero de 1793, no era un Rey, sino simplemente un ciudadano,  Luis Capeto.México, una vez más está en el proceso de elecciones federales, la renovación política, como en todos los ciclos que le han precedido, detonará “propuestas”, campañas y muchas promesas, en donde como un juego; los candidatos de todas las filiaciones partidistas buscarán ganarse como aquel Luis, las simpatías de su electores, pero al final, hoy con más contundencia que antes, su desempeño será evaluado por sus electores y/ o representados y, si sus actos no se ajustan a las necesidades reales, al mayor y mejor beneficio social, no al de las mayorías o las minorías, sino a los principios universales y a la solución de necesidades específicas de forma trascendente, el desafuero, los plebiscitos y los juicios sociales abiertos; estarán al orden del día para recordarles que no son reyes, sino servidores y que si su cabeza rodar requiere, lo hará como la de cualquier ciudadano. 


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