Punto de Equilibrio

Retornemos al orden

Cuando uno ve el estado que guardan nuestra sociedad y sus instituciones, se percata de que en éstas existe un deterioro evidente. Algunas han dejado de cumplir con su propósito o han dejado de ocupar los lugares de relevancia que poseían originalmente en medio de un mundo pleno de cambios. Muchos de   éstos parecen tan  carentes de funcionalidad o propósito, que  podría pensarse que fueran meros e inexplicables accidentes caóticos, pero podría también concluirse que, lejos de serlo, son  deliberados estados de corrupción  que, con motivos ulteriores, pretenden lograr precisamente lo que se observa, un caos favorable a la operación y proliferación de todo aquello que hoy consideramos obscuro.
Y así, en el ámbito normativo encontramos una gran profusión o cantidad de leyes, complejas, ambiguas, inequitativas y faltas de claridad que favorecen la corrupción y la ineficiencia, estadios que a su vez conducen a la impunidad, la inseguridad e ingobernabilidad de algunas regiones.
Si aunado a lo anterior, existe un marco de desempleo, de desesperanza de falta de oportunidades en donde el delinquir resulta más rentable que el cumplir a cabalidad y hacerlo, es fácil, simple y no se corre riesgos de sanción o acción punitiva alguna, la sociedad producirá delincuentes. Si estos delincuentes se agrupan, se identifican y  perciben que sus acciones delictivas son un rasgo común, su comportamiento se convierte en un signo de identidad que, por consiguiente, como seres sociales  transitará a lo tribal a la conformación de pandillas. La permanencia y tolerancia de este estado llevará sin lugar a dudas a que “ los iguales” reconozcan en su hacer un modo de vida que poco a poco, irá perdiendo su carga moral y se convertirá en un objeto de asociación con propósitos compartidos, propósitos que a la postre pueden profesionalizarse, institucionalizarse y convertirse en el centro de un sistema económico, inmoral, pero funcional y así llegaríamos al estado en donde hoy, lamentablemente ya hemos llegado. En ocasiones, pareciera que cumplir con la ley, que esforzarse por hacer lo correcto fuera un esfuerzo estéril y sin sentido, pero no, no es así y hoy escribo estas líneas para alentar el que no desistamos nunca en ello. El retorno al orden, a un estado de libertad y responsabilidad, de paz, equidad y justicia es una tarea que se construye desde el hogar y la escuela. Son hábitos que deben ser inculcados y modelados en la convicción de que nuestra observancia y apego a lo que es correcto, nos enviste de una fuerza moral que nos da la posibilidad de exigir al otro que haga lo debido.
Jamás se podrán reclamar la paz, la libertad, la equidad y la justicia si no somos responsables y capaces de sujetarnos al marco de orden que queremos para todos, por ello, teniendo presente que el orden es el justo lugar que guardan los seres en atención a su fin, nos corresponde hoy, quizá como nunca antes, que a partir de una conducta intachable, formemos a nuestros hijos en la civilidad y el respeto a los valores y a la legalidad, que cuidemos que en su marco de relaciones y filiación se asocien a los mejores, que construyan su identidad y el poder de su asociación y sus alianzas con aquellos que cumplen y desechen, rechacen  o repelan naturalmente aquellos que no lo hagan. El empoderamiento del orden, es la mayor fortaleza que una sociedad tiene para enfrentar su destino unida, de una pieza, sin violencia, sin enfrentamientos mayúsculos, sino con la corrección y modulación puntual e inmediata y curiosamente esta fortaleza es un capital del que no estamos echando mano.
Una sociedad que observa, vive y reconoce el orden es una sociedad fuerte y en ella no germinan la obscuridad ni el mal. Retornemos al orden, trabajemos desde la casa,  la escuela y en cada empresa o  estructura de trabajo en la modelación de sociedad y de ciudadanos que queremos, ello será la base para fortalecer nuestras estructuras educativas y la creación de nuevos emprendimientos, pero comencemos con el pie derecho.



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