Punto de Equilibrio

Los que fuimos y los que habrán de ser

“Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerden” ( A. Saint Exupéry, El Principito ). Celebramos un día consagrado a los niños, a los de hoy, a los de siempre, a los de todos los tiempos, incluso, también a la de aquellos que como gigantes dormitan en el interior de nuestra alma, soñando en despertar de un largo letargo del que no hemos sido aún capaces de hacerles salir y de cuyo despertar depende todo aquello que consideramos que, como bueno y esperanzador, esté por venir. Pensar en un niño, es pensar en el patrimonio y la sustentabilidad de tu comunidad y la de tu planeta.
Una de las primeras responsabilidades de  un soberano,  consiste en asegurar y garantizar al sucesor. Incluso, más allá de esta responsabilidad reconocible  en el sistema monárquico, en la propia  naturaleza,   existe como parte de los instintos biológicos para la conservación de una especie, la sucesión es fundamental. En términos antropológicos o sociales, cuando uno observa a su célula elemental, la familia, encuentra que, como uno de sus propósitos esenciales, se encuentra  no sólo el alivio de todas las hambres - “famela”- “hambre”, La Sociedad del Hambre ( afectiva, alimenticia, económica de formación y desarrollo, de identidad, pertenencia, trascendencia, etc) sino la de garantizar tanto la sucesión y el remplazo de la base demográfica que sustenta a nuestra propia especie y sociedad, dotándola no solo de relevos biológicos que nos substituyen, sino con seres mejores que sus antecesores y con capacidad no solo de garantizar los mismos niveles de bienestar para la sociedad, el planeta y sus generaciones futuras.
Nuestra sociedad ha ido perdiendo la genialidad y el asombro, porque ha ido olvidando el sabor y la satisfacción que le representa, como diría A. Einstein, el deleite, el orgullo, la pasión y el logro infantil. Cuando uno se da la oportunidad de releer la magistral obra de “El Principito” y en este gozo reflexiona sobre la sabiduría que el Nobel A. S. Exúpery, nos obsequio en la voz y pensamiento de este extraordinario personaje, entiende mucho de los problemas que como sociedad hoy enfrentamos al haber olvidado a los niños y lo digo empezando por los nuestros, no solo por nuestros hijos o los más cercanos, sino incluso por aquel que es un diletante en nuestro propio interior. “Si yo ordenara a un General que se transformara en ave marina y el General no me obedeciese, la culpa no sería de General sino mía” “Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos”. “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por si mismas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones” ¿Saben por qué?, como diría el detective Sherlock Holmes: “La mediocridad  ignora lo que la supera,  se necesita talento para reconocer a un genio” y como sociedad hemos dejado de observarnos como niños.


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