Punto de Equilibrio

Gobernanza

Pensar en el gobierno de una Nación o una población determinada, suele llevarnos a creer, que ello es una acción que compete y se limita sólo a las autoridades elegidas para encabezar sus instituciones y los poderes del Estado, pues tal es la noción primigenia de Juan Jacobo Rousseau en su Contrato Social, en donde se describe al gobierno como el resultado de un acuerdo o contrato, en donde la población cede toda su autoridad y todo su poder a sus representantes para el ejercicio de sus funciones y accede a someterse a su autoridad. Si bien,  este es el propósito de contar con autoridades que nos representen, el ejercicio del gobierno no recae sólo en éstas, pues ellas son servidoras y están sujetas a un mandato superior que debe de tenerse siempre presente por todos, para garantizar el adecuado servicio público y la eficiencia del ejercicio del poder y me refiero por supuesto al mandato de la sociedad que las ha elegido y a la cual deben rendirle cuentas. Mandato y fuente de la autoridad que suele perderse de vista con facilidad, por un lado, por las autoridades, que una vez electas se pueden perder ante los encantos del poder y creerse autónomas y soberanas y por el otro, por la propia sociedad que, tras el ejercicio de elegir a sus representantes, suele abdicar a su deber de estar atenta a la correcta ejecución del mandato o, acostumbrada a la visión del soberano tlatoani, ceder ante toda ocurrencia de quien “una vez trepado al más modesto de los ladrillos, pudiera llegar a marearse” y contagiarnos la distorsionada creencia de que los alcances y naturaleza de su poder son absolutos.
La gobernabilidad o la eficiencia  de la autoridad y el poder de una Nación Estado o incluso de cualquier institución, recae en dos componentes fundamentales, sus representantes y la sociedad o los representados. En tal sentido, junto al acto de gobierno, existe una acción coadyuvante, vigilante y exigente de la sociedad que, de acuerdo al marco normativo, formas e instituciones legítimas, puede y debe guiar y fortalecer la actuación de sus representantes en la acción de gobierno, exigiendo la rendición de cuentas claras, proponiendo iniciativas y políticas públicas y demandando el correcto ejercicio del poder; a éste ejercicio, se le llama gobernanza. Considerada por algunos como “metapolítica”, la gobernanza es una estructura institucional de acción política y herramienta de participación ciudadana que explora el potencial  creativo de todos los actores, y brinda a  los liderazgos sociales un camino cierto para superar obstáculos estructurales,  si se precisa, a cambiar las reglas del juego e inspirar a otros miembros e instituciones, para comprometerse en el esfuerzo de hacer avanzar a la sociedad hacia el camino correcto e incorporando nuevos y productivos caminos, a la ves de  institucionalizar  los valores normativos, motivar y proveer cohesión a  una sociedad y sus miembros.
En los últimos años, los desafíos y complejidad económica, tecnológica y social  del mundo y de nuestra nación, nos han puesto a prueba a todos. La desarticulación social, una crisis de valores, de civilidad y la corrupción han hecho evidentes los grandes vacíos e imperfecciones de nuestras instituciones, lo que nos ha llevado a recordar que no pueda emerger un Estado ni instituciones  fuertes en ausencia de una sociedad civil vigorosa. Es tiempo de la gobernancia y el camino, no consiste en descartar a nuestros representantes y asumir la ley y la justicia en mano propia, como la desesperación ha llevado a algunos a tomarse atribuciones que, si bien pueden en el corto plazo brindarles seguridad, a la larga son una trampa que vulnera la unidad, rompe nuestro contrato social y descalifica la autoridad de los  representantes elegidos por nosotros mismos. La gobernancia es como un exoesqueleto que, con la participación activa y el apoyo de la sociedad civil, debe acompañar, fortalecer y garantizar en la transparencia y la exigencia el adecuado ejercicio de gobierno. En nuestra región, han sido diversos y alentadores los ejercicios que desde diversas instituciones de nuestra sociedad, nos están invitando a sumar nuestro talento e iniciativa acompañando en lo específico el ejercicio de gobierno de nuestras autoridades legislativas, judiciales y administrativas. Es momento de sumarnos a este ejercicio exigente, transparente y de unidad.


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