Punto de Equilibrio

Acción para la paz y la justicia

Recién hemos conmemorado a nuestra bandera, a los ideales de nuestra identidad que fincan la fundación de nuestra nación en los pilares firmes de la libertad e independencia , de nuestros valores y de la unidad de nuestra república. Cuando alguno de estos fundamentos falta, nuestra nación corre riesgo y el cuidado de este patrimonio gigantesco, conformado a lo largo de varias generaciones ha sido confiado a nuestro cuidado. Hoy, tomo este referente inspirador, pensando en el marco de capacidades que como comunidad, región y país debemos construir para que más allá de toda estrategia de seguridad, podamos reconstruir componentes esenciales de nuestro tejido social. Pienso en los enormes esfuerzos que nuestros ancestros tuvieron que realizar para restaurar la paz y la concordia tras el encono violento de la independencia o nuestra revolución que dejó a  una sociedad lacerada por sus propios hermanos, más allá de los intereses que los llevaron a la violencia. Me vinieron a la mente procesos y experiencias análogas de otras naciones a lo largo de la historia humana y momentos que fueron útiles no solo a procesos de amnistía sino de sanación. Entre éstos recuerdo el afortunado y casual encuentro con una de estas experiencias y el haber platicado hace muchos años con una persona que participó en tiempos de Corazón Aquino en el derrocamiento de F. Marcos en Filipinas a quien le pregunté ¿Cómo había sido posible superar la violencia y transitar hacia la paz y la justicia? ¿Qué opciones y recursos encontraron para salvar la impunidad y lograr el cambio de fondo desde la acción ciudadana? Y me comentó. “Personalmente recuerdo un momento en que la violencia llevo a matarnos con lo que teníamos a la  mano y de pronto, tras un enfrentamiento vi mis manos, mis brazos, toda mi persona bañada con la sangre de quienes consideraba mis adversarios y a quienes acababa de dañar con un puñal y entonces, en medio de aquel hedor ferroso, de tanto dolor me prometí que ya no lo haría más, pero lo hice pensando o bajo la convicción de que el error más grande de esta espiral de violencia, era la desesperanza personal de creer que todo el mal que había hecho, era tan terrible e irreparable que, no habiendo perdón para mí, en realidad no importaba seguir matando, secuestrando, saqueando y me di cuenta de que esa idea, era precisamente el lastre de odio que jamás permitiría detenerme, hasta que entendí que todo ello era falso, que al mal sí se puede adicionar más violencia y más maldad pero que el perdón, el retorno a la paz eran posibles, que estábamos siendo reos de nosotros mismos, ni siquiera de quienes nos llevaban a enfrentarnos, el control estaba en cada uno y siempre habría la oportunidad de cambiar pensando en que nada de esto era lo que yo deseaba para mis hijos y que por ellos, nadie merecía más que la paz.”.”Este pensamiento se convirtió en una visión compartida, investigamos las historias de paz, restauración y justicia existentes, construimos modelos para aproximarnos a la injusticia y darle a nuestros adversarios empezando por nosotros mismos, la oportunidad de cambiar, constituimos AKKAPKA ( Aksyon pa ra kapayappan at katarungan ) un movimiento colectivo eficiente,  una “Acción para la paz y la justicia” organizada para restaurar la paz con y desde la sociedad. Todo este conocimiento, como tantas otras experiencias y recursos están son disponibles, la seguridad, la paz, la justicia nuestro desarrollo están a nuestro alcance y juntos, localmente podemos lograrlo, lo más importante es creer que nada es irremediable, que el error y la culpa son lastres que pueden y deben rectificarse, que lo mejor está por venir, pero es un mensaje que debemos hacer llegar a quienes par hoy es incierto o parece imposible. Un camino cierto que está a nuestro alcance, tan cercano como los colores de nuestra bandera ondeando en lo alto para recordarnos que nuestro país y los mexicanos somos grandes.


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