Tercer Grado

Los independientes y el nuevo juego electoral en México

Los partidos aceptaron las candidaturas independientes con el ánimo de que nada cambiara. Quisieron parecer sensibles a una demanda social, pero sin arriesgar la partidocracia. Pero todo cambió. Los independientes se colaron por la pequeña rendija que les abrieron y obtuvieron éxitos notables en 2015. Su irrupción en la arena electoral provocó cambios mayúsculos. No solo transfirieron poder de los partidos a los ciudadanos, sino también de las dirigencias de los partidos hacia quienes aspiran a ser sus candidatos.

Las candidaturas independientes canalizaron el hartazgo de la sociedad con los partidos y la política de siempre. Gracias a ello, El Bronco arrolló en Nuevo León. Desde entonces, los partidos incorporan de manera destacada a los independientes en sus cálculos electorales. En un primer momento, trataron de cerrarles espacios en varios estados con reformas legales. Ahora, más bien están en la lógica de alentarlos para restarles votos a sus contendientes.

Los candidatos independientes también mostraron que se puede hacer campañas al margen de los partidos y sus prerrogativas. El mejor ejemplo es el de Pedro Kumamoto, quien, con poco dinero y menos acceso a los medios masivos de comunicación, logró un triunfo en Jalisco a partir del trabajo de voluntarios, el encuentro con sus electores y un hábil uso de las redes sociales y la internet. Frente a los privilegios de los partidos, el empoderamiento de los ciudadanos.

Al interior de los partidos se está dando otra transferencia de poder. El mejor ejemplo es el de Margarita Zavala. Sin peso en los órganos de dirección de su partido y en condiciones desfavorables para competir por la candidatura panista, Zavala ha coqueteado con la alternativa de competir por la vía independiente. Esta sola posibilidad equilibra un juego que de otra manera sería muy desventajoso para ella. Los dirigentes del PAN, que controlan el aparato y el padrón interno, saben que ignorarla implica el riesgo de perderla junto con muchos de los votos de su organización. Más poder para un militante y menos para los dirigentes del partido.

Así, sin quererlo, los partidos aprobaron reformas que lejos de ser cosméticas, desarticulan la partidocracia y hacen más interesantes las elecciones.