Tercer Grado

La desigualdad y la elección de 2018

La desigualdad es uno de los grandes problemas que enfrenta el país y será uno de los temas de la elección del 2018. Aunque, según las encuestas, otros son los problemas que figuran con más fuerza en las percepciones, los datos duros y una revisión a detalle del sentir de la gente sobre la desigualdad muestran su gravedad y la resonancia que puede llegar a tener en las campañas. Es un agravio que provoca gran indignación y mucho enojo.

Las mediciones sobre los ingresos de las familias en México (ENIGH) registran niveles de desigualdad intolerables para una sociedad que aspira a ser moderna. Estamos, como lo ha documentado Gerardo Esquivel (2015), dentro del 25 por ciento de las economías más desiguales en el mundo.

Esta es una realidad que la gente siente y rechaza. Según una encuesta telefónica de Consulta Mitofsky (octubre de 2015), 93 por ciento de los encuestados señala que en México predomina la desigualdad. Ocho de cada diez dicen que la forma en la que están distribuidos el ingreso y la riqueza les provoca descontento. El enojo es mayor entre las personas de 30 a 50 años, quienes llevan mucho tiempo padeciendo la desigualdad.

Este sentimiento impacta en las preferencias sobre la política pública. Por ejemplo, ocho de cada diez encuestados piensan que el gobierno debería distribuir el ingreso imponiendo mayores impuestos a quien más tiene. Además, 60 por ciento dice preferir un gobierno que distribuya el ingreso y la riqueza frente a uno que promueva el crecimiento aunque las diferencias persistan.

El enojo tiene repercusiones políticas. Ahí están los movimientos, partidos y candidatos de indignación en muchos países: Podemos en España, Syriza en Grecia y hasta Trump y Sanders en Estados Unidos, entre otros. Todos ellos movidos por el malestar de la gente. En cada caso, por razones y con formas de expresión distintas, pero enojo al fin.

El enojo y el hartazgo en México con la clase política son evidentes. Las percepciones sobre la situación económica y la corrupción están en la base de ese rechazo. La desigualdad aún no se manifiesta con la misma fuerza, pero el enojo que genera le da un enorme potencial para la movilización política. Con razón es un tema que, insertado en la contienda electoral, tiene todo para ser uno de los factores que definan las preferencias electorales.