Tercer Grado

En defensa del voto

El desencanto social y el descrédito de los partidos y los políticos han traído el tema del abstencionismo al centro del debate. Entre las cosas que se dicen sobre una elección poco concurrida es que el gran beneficiario sería irónicamente el gobierno y su partido. Lo dicen analistas y también la oposición.

El lugar común de que la abstención beneficia al PRI se basa en el supuesto de que este partido cuenta con una poderosa maquinaria electoral para movilizar clientelas y ganar elecciones. Una elección poco concurrida sería una competencia entre las maquinarias de los partidos, terreno donde el PRI tiene la ventaja.

Una revisión de los datos de las elecciones intermedias más recientes muestra que con el paso del tiempo dejó de ser cierto que la abstención le beneficia al PRI. Si bien en 1991 y 1997 al PRI efectivamente le fue mejor en los distritos con menor participación, en 2003 esta relación se desvaneció y en 2009 incluso parece haberse invertido. Al PRI ya no le va mejor cuando los ciudadanos no votan.

El análisis de estos datos sugiere que la maquinaria electoral del PRI, si existe, no tiene la capacidad de entregar el voto. Por eso el famoso “voto verde” del PRI nunca llega. También por eso ha habido alternancia en el poder. Incluso quizá por ello el resultado del PRI en las elecciones sistemáticamente está por debajo de lo registrado en las encuestas. Ni las estructuras corporativas ni las políticas clientelares le garantizan un buen resultado al PRI.

Con todas sus imperfecciones, la legislación y las instituciones electorales le han cerrado espacios al voto comprado, coaccionado, no libre con el que operan las maquinarias de los partidos. Los candados legales y la organización de los procesos electorales no son infalibles, pero hacen que el voto libre de los ciudadanos sea el que defina los resultados.

Nadie ignora que todavía faltan temas por resolver para evitar ventajas indebidas de algún partido. El financiamiento de los partidos y los gastos de campaña son dos de las asignaturas pendientes. Pero tampoco puede ignorarse el gran logro de la transición a la democracia: en México el voto cuenta y se cuenta.

Esta es la razón más poderosa para sí votar. Una razón a la que paradójicamente se llega aún por el camino del debate sobre el no voto.