Tercer Grado

Las dos caras de los independientes

Las elecciones del año pasado quedaron marcadas por la irrupción de candidatos independientes. Aunque compitieron en condiciones desventajosas, lograron triunfos emblemáticos. Estas candidaturas se convirtieron en un instrumento para la expresión del descontento social contra los partidos. Pero, paradójicamente, también se están convirtiendo en una pieza fundamental en las estrategias de los partidos.

Los independientes se han vuelto centrales en los cálculos del PRI, el PAN y el PRD frente a López Obrador. La apuesta es obvia: fragmentar el voto antipartido que hoy acapara Morena. Todavía es difícil saber si ese cálculo resultará acertado. Pero es un hecho que los partidos así lo asumen y sus dirigentes lo dicen abiertamente. El propio López Obrador parece haber llegado a la misma conclusión cuando se pronuncia contra estos candidatos o descalifica a El Bronco por ser parte de “la mafia en el poder”.

Las elecciones para gobernador pondrán a prueba estos cálculos políticos. En varios estados ya se empiezan a asomar quienes aspiran a ser candidatos independientes. En el mapa hay de todo. Así, por ejemplo, en Sinaloa podría ir Manuel Clouthier, quien está acreditado como independiente a pesar de su pasado panista. En Chihuahua ya está apuntado José Luis Barraza, empresario cercano a El Bronco. En Veracruz irá Gerardo Buganza, dos veces secretario de gobierno de Duarte y panista de origen, a quien acusan de ser un instrumento del gobernador para fragmentar el voto del PAN en la próxima elección.

Al margen de las motivaciones de cada candidato independiente, el hecho es que su participación podrá perjudicar o beneficiar a los partidos. Por eso ahora importan no solo los casos en los que un independiente arrolle a todos los partidos, sino también aquellos en los que sus votos le den el triunfo a uno de ellos. Veracruz es el mejor ejemplo. Nadie espera que Buganza gane, pero podría quitarle suficientes votos al PAN para darle la victoria al PRI. Casos como este mostrarían la otra cara de los independientes: la de aliados de los partidos.

Desde ahora y hasta el 2018, los partidos estarán tratando de que ésta sea la cara que prevalezca y no la otra que tanto han temido: auténticas expresiones políticas de una sociedad harta de todos ellos por igual.