Tercer Grado

Una campaña en la que nadie está libre de pecado

Las encuestas más recientes indican que el PRI, en alianza con el PVEM, podría lograr una mayoría legislativa. Todavía falta un mes para las elecciones y el PRI tiende a perder terreno a lo largo de las campañas. Aún así, el actual estado de preferencias contrasta con una opinión pública que no es favorable para un gobierno surgido de esa misma alianza electoral.

La aprobación presidencial está unos 15 puntos porcentuales por debajo de los niveles que mantuvo hasta el otoño del año pasado. La opinión de los encuestados sobre los atributos específicos del Presidente y sobre los indicadores de gestión gubernamental presenta un retroceso similar.

El apoyo al PRI también ha caído algo pero se mantiene dentro del rango histórico de 30 a 35 por ciento. Una parte de la explicación de esta resistencia está en el núcleo “duro” del PRI, que es mayor al del resto de los partidos.

Pero todo es una cuestión de alternativas. Las lealtades partidistas cambian, aún las más firmemente arraigadas; cambian cuando hay desencanto con un partido siempre que hay opciones a las que puedan desplazarse. En México el desencanto es con todos los partidos. Ninguno de los tres grandes partidos escapa el descrédito producido por escándalos de alto impacto.

Entre los nuevos partidos solo Morena puede convertirse en una alternativa a los partidos grandes. Pero por ahora Morena está alimentándose principalmente de los electores de un PRD en crisis. Una de las grandes batallas de esta elección es precisamente la que se está dando entre estos dos partidos para consolidarse como la tercera fuerza electoral.

La pugna por el primer lugar se está dando entre el PRI y el PAN. La campaña negativa del PAN estuvo orientada a recordar las razones del enfado con el gobierno. La respuesta del PRI fue una copia simplona de los spots del PAN rescatando los escándalos de este partido. Irónicamente, el PAN perdió puntos mientras su campaña negativa estuvo al aire.

En el terreno del escándalo ninguno de los tres partidos puede arrojar la primera piedra. Quizá por ello, el PAN está cambiando de estrategia a una de contrastes en políticas públicas. Habrá que ver si este cambio logra darle al PAN el impulso que no ha tenido. Sin ese impulso, es probable que el PRI mantenga cómodamente su posición en las encuestas.