Tercer Grado

La batalla que viene

Las elecciones del domingo 5 de junio merecen una lectura más profunda. Pese a la claridad aritmética de los resultados, el diagnóstico no es tan simple, al menos no tanto como para concluir que el PAN ya desplazó a Morena en la carrera hacia la Presidencia. Aun cuando a los panistas les funcionó enarbolar la bandera de la lucha contra la corrupción, Morena los aventaja en la competencia por el voto de la indignación ciudadana.

Las elecciones se dirimen sobre alternativas. En estados como Aguascalientes, Chihuahua, Durango o Tamaulipas, la izquierda jamás ha tenido una presencia importante. Ahí, el rechazo hacia los gobiernos en turno solo tuvo una vía de expresión: el PAN. En otros estados con mayor presencia histórica de la izquierda, como Oaxaca, Veracruz o Zacatecas, los resultados de Morena fueron muy buenos para un partido nuevo y le aseguran una base sólida para futuras elecciones.

Por otra parte, el desenlace electoral anuncia un choque sin precedente entre PRI y PAN. La colisión será política y judicial. Para cumplir sus promesas de campaña, el PAN deberá proceder penalmente cuando menos contra los gobernadores de Chihuahua y Veracruz.

Es previsible que el PRI responda igual. La amenaza de Javier Duarte en Veracruz, quien en un mensaje videograbado recordó los “gravísimos señalamientos” que pesan sobre sus atacantes, muestra que los priistas no se quedarán con los brazos cruzados. El caso del ex gobernador de Sonora Guillermo Padrés podría ser el as bajo la manga para un PRI ansioso por empatar el marcador en el ámbito judicial.

Si, como es previsible, PAN y PRI transitan por esta ruta, su batalla será despiadada y cobrará factura a ambos partidos. El ganador definitivo podría estar por ahora fuera del frente. En 2016 Morena empezó de cero en algunas plazas y en otras llevó a candidatos desconocidos o incluso malos. Sin embargo, el panorama pinta diferente de cara al 2018 con Andrés Manuel López Obrador como candidato y su probada capacidad para movilizar electores y sacudir al sistema. Mientras PRI y PAN planean destrozarse, López Obrador reserva energía y avanza a su ritmo.

Cierto, el PAN logró reposicionarse como una alternativa ante el PRI en las pasadas elecciones. Pero no va solo ni se ha despegado de Morena en la ruta hacia 2018. La verdadera competencia por el voto de una ciudadanía indignada por la corrupción todavía no comienza.