Tercer Grado

La alternancia y el peso del voto

Millones de mexicanos acudieron a votar el domingo. El cómputo oficial aún no concluye. Habrá impugnaciones qué resolver. Pero los resultados preliminares ya arrojan datos para el análisis. De lo mucho que se desprende de esa información me quedo con el desenlace de la incertidumbre en alternancia. Este resultado acredita el poder del voto ciudadano y echa por tierra el mito de que los gobernadores ganan las elecciones.

Antes del domingo, solo Baja California Sur y Campeche parecían estar definidas a favor del PAN y del PRI, respectivamente. Ahí no hubo sorpresas. En los demás estados los ganadores fueron: el PAN en Querétaro; el PRI en Guerrero, San Luis Potosí, Sonora y (quizá) Colima; el PRD en Michoacán; y el independiente El Bronco en Nuevo León.

En cinco de estos nueve estados hubo alternancia. El PAN perdió Sonora; el PRI Michoacán, Nuevo León y Querétaro, y el PRD Guerrero. En Sonora y Nuevo León los escándalos de corrupción imputados a sus gobernadores fueron clave, como en Guerrero y Michoacán lo fueron la descomposición política y la complicidad de las autoridades locales con el crimen organizado. En todos estos estados el voto de castigo definió el resultado.

La primera alternancia en un gobierno estatal ocurrió en Baja California en 1989. Desde entonces se han dado 44 alternancias. En tres cuartas partes de las entidades del país han habido cambios del partido en el gobierno y en la mitad eso ha ocurrido en dos ocasiones. Más aun: cinco estados ya han tenido tres alternancias.

Las reformas electorales aprobadas desde 1996 han mejorado las condiciones de la competencia. A partir de 1997, la oposición ha ganado 37 por ciento de las elecciones para gobernador. Para poner este dato en perspectiva, en Estados Unidos, en el mismo período, los cambios de partido a nivel estatal se han dado solo en 30 por ciento de las ocasiones; los gobernadores que intentan la reelección pierden en menos de 20 por ciento de las veces.

Nuestro sistema electoral tiene todavía muchos pendientes y vicios. Pero no debemos desestimar el gran avance democrático. La alternancia muestra que en México nadie puede garantizar un triunfo por encima de la voluntad ciudadana. No lo pueden hacer los gobernadores y ahora, con el triunfo de un candidato independiente, ni siquiera los partidos.